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Sursum Corda

¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 22/11/2021

alcalorpolitico.com

Nos cuesta mucho reconocer a Dios en el crucificado; nos cuesta reconocer a Dios en la cruz. A veces incluso retamos a Dios; le ponemos como condición para creer en Él que nos muestre su poder, que cumpla nuestras fantasías, como aquellos que decían en el Calvario: “Si eres rey baja de la cruz y creeremos en ti”. Quisiéramos a un Dios más cómodo, más a nuestro alcance, más manejable, que se rinda a nuestros caprichos.

Algunos se hacen una imagen muy pobre de Dios. Se conforman con hablar con Dios solamente cuando tienen una necesidad. “Cuando me nace hago oración”, dirán otros. Pensamos que Dios es un acto psicológico, o un simple pensamiento. Como si nosotros fuéramos magos para llamar a Dios cuando queremos y desaparecerlo cuando nos estorba. Como si a Dios lo lleváramos en el bolsillo y lo tomáramos cuando algo nos urge. Muchos se sienten tranquilos porque por lo menos de vez en cuando se acuerdan de Dios, aunque vivan de tal manera que no parecen ser hijos suyos.

Algunos en su afán de buscar a Dios creen cualquier cosa, o ellos mismos ponen sus condiciones e inventan sus criterios para hablar con Dios, olvidando que Dios ya se reveló; Dios nos ha hablado y ha dejado sus huellas en la Biblia, en la vida de su Iglesia y especialmente en la cruz.



No basta con creer en Dios, mucho menos pensar que es suficiente con acordarse de Él de vez en cuando. Creer en Dios, amar a Dios va relacionado con el reino. Así lo anuncia y lo relaciona siempre Jesús. Si creemos en Dios es para comenzar a realizar ya desde ahora los valores del reino de Dios, por los que entregó su vida Nuestro Señor Jesucristo.

El reino de Dios es aquel espacio en que los hombres puedan y sepan vivir verdaderamente como hijos de Dios. El reino es justicia, libertad, amor, vida. El reino es sobre todo una Buena Noticia para los que no tienen habitualmente buenas noticias: los débiles, los pobres, los marginados, los enfermos y los pecadores.

Para vivir el reino no hace falta esperar un triunfo espectacular y poderoso de Dios, basta comprender y realizar el amor a los débiles y a los pequeños hasta la muerte. Por eso, el reino ya se está realizando en muchos hermanos que humilde y calladamente están construyendo el reino en sus familias y comunidades; en los hombres y mujeres que curan heridas, liberan oprimidos, sirven a los pobres, consuelan a los afligidos y dan la vida por la justicia. Es todo un reto, pero expresan su fe amando a Dios y sirviendo al reino.



Como cristianos estamos llamados a construir nuestra vida con los criterios de Cristo; no con los horóscopos, con la adivinación, con la brujería; no basando nuestra vida en el placer, en la ambición y en las cosas materiales. Proclamar a Jesús como nuestro rey significa ver la vida con los ojos de Jesús, aprender a tomar decisiones con los criterios de Cristo, tomar la decisión de acercarnos a los demás con el corazón del Señor.

Es difícil mantenernos en este estilo de vida sobre todo considerando la presión que ejercen los criterios de este mundo. Pero nos anima saber que hay tantos hombres y mujeres que creyeron en Cristo y nunca se sintieron defraudados. Nos anima saber cuántos hombres y mujeres se han esforzado por construir el reino entre nosotros y su memoria aún perdura. Nos anima saber que en México tantos hombres y mujeres entregaron su vida para servir a los demás y para anunciar a Cristo en medio de las persecuciones a la fe católica.

Hoy nosotros como todos esos hermanos, como el padre Miguel Agustín Pro, san Cristóbal Magallanes, el beato Ángel Darío Acosta, el niño José Sánchez del Río y como tantos otros también queremos exclamar con nuestra voz y nuestras acciones: ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!