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Sección: Estado de Veracruz

A los sacerdotes les falta misión social; foguearlos en la realidad, no sólo rezar

-En los seminarios han metido mucha liturgia y oración, pero hace falta transformar la realidad: padre Salomón Lemus

-Habla el párroco que por tres sostuvo la “Casa del migrante” en Río Blanco, defendiéndolos contra policía y Migración

-Pero la pobreza no se acaba sino que avanza y sus secuelas son: delincuencia, degeneración de la persona

Miryam Rodríguez Hernández Río Blanco, Ver. 20/02/2011

alcalorpolitico.com


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La falta de pasión en los jóvenes sacerdotes por los migrantes, así como no poner en práctica la enseñanza de su más alto ejemplo, Jesús, ha hecho que el trabajo en la pastoral por los hermanos centroamericanos, al menos en la zona centro, esté olvidada. A diario en la región conocida como la “Modelo” viajan en situaciones inhumanas cientos de migrantes en busca del sueño americano.

Sobre este tema, en entrevista con alcalorpolitico.com, el sacerdote Salomón Lemus, quien inició y concluyó el proyecto de la “Casa del migrante” en el municipio de Río Blanco hace algunos años, manifestó que la Iglesia en la región centro se ha quedado estática ante esta situación, que es necesario que se piense más en este sector de la población, incluso que los jóvenes que se forman en los seminarios tengan mayor pasión por actividades, como lo es el auxilio a migrantes.

“Les falta pasión por este trabajo. Desde el estudio metieron mucha liturgia y oración y falta la misión social, foguearlos por ahí, que vean la realidad y que piensen qué programas pueden ir haciendo para palear esta realidad y transformarla. La liturgia es buena, pero nada más rezar, pues nomás no”.

Añadió que: "cuando ya no funcionó más el sitio que tenían para atender a los centroamericanos el trabajo fuerte desapareció y en Córdoba también, pues los únicos que hacen un poco de labor son laicos, pero como Iglesia sobre todo como jerarquía, no se hace nada".

¿Le dejaron buen sabor de boca los tres años que estuvo abierta la “Casa del migrante”?

“Sí, para mí fue una satisfacción bien grande. Cuando está uno metido en esto; ahora digo: hice lo que pude, no me eché para atrás, bien o mal, pero me solidaricé”.

¿Se le quedó la espinita de que no hubiera hecho algo más?

"Sí; que se haya cerrado la casa y quitado el trabajo, porque se tiene que seguir haciendo algo".

¿Qué le inspiróa hacerlo?

"Me mandó Hipólito Reyes (Ahora Arzobispo de Xalapa)".

Pero ¿a usted le gustaba la labor?

"Claro, no sólo fue porque me enviaran, sino por convicción. Yo decía que la Iglesia debía atender a esta gente, pero se dio buen servicio, no sólo por cumplirle al obispo,también por convicción, porque nada más pienso en los nuestros que están en Estados Unidos".

¿Padre, pero qué experiencia le dejó?

"La miseria, la pobreza que no se acaba sino que avanza, porque los programas que hacen los gobiernos no trascienden, la pobreza sigue ganando terreno, con sus secuelas como: delincuencia, enfermedades, degeneración de la persona".

Por ello enfatizó que aquí es donde las autoridades eclesiásticas deberían entrar en acción, “la Iglesia tiene sus programas para eso, pero están muy deficientes”.

El presbítero recordó con nostalgia aquella gran tarea que en pasados años, alrededor de ocho, efectuó: “era para aquella gente que vienen en el tren y hacen la parada obligada en la colonia “Modelo”. Se esperaban un día o dos y les dábamos hospedaje. Teníamos ese albergue, le proporcionábamos agua para su aseo y les preparábamos su comidita”.

Padre ¿cuánto tiempo hizo con otras personas esto?

"Pues así, parejito de todos los días, tres años y otros más que ya habíamos empezando con ese servicio a nivel Iglesia. Por fortuna muchas de las diócesis cooperaban con alimento y otros con vigilancia, porque a veces eran muchos.

Recuerda y relata que el día en que tuvo la “Casa del migrante” y la parroquia donde él ministraba mayor número de centroamericanos fue cuando llegaron un promedio de setecientos, pero refiere que ni en aquella fecha les faltó comida para saciar el hambre de estos “hubo una vez que me llegaron muchos hasta setecientos, ahí los atendimos, y como luego se quedaban uno o dos días se nos juntaban varios”.

Dentro de las situaciones que vivió Lemus estuvieron: “ver que de la frontera a este lugar ya llevaban 15 días viajando en la máquina; venían enfermos, lastimados y luego el saber si iban a llegar les angustiaba mucho”.

Pero eso no fue todo sino que el sacerdote, al inicio de su encomienda, le tuvo que pelear los centroamericanos a Migración, “Migración jalaba a estos con la policía municipal y estatal. Al principio se metieron al atrio a agarrarlos ahí, pero los denunciamos y trascendió y aunque no les hicieron nada nos dejaron en paz. Con migración íbamos a reuniones, pero dejé de ir porque nos querían utilizar para entregárselos, pero no lo permitimos”.

Además fue testigo de un sinnúmero de accidentes donde el tren amputaba alguna extremidad, incluso él junto con la gente de la parroquia llevaban a los heridos al hospital regional de Río Blanco, pero también pudo ver casos de familias enteras con niños muy pequeños que viajaban juntos hacia el país vecino del norte; “mira, había gente tan joven que realmente daba tristeza. Recuerdo muchachitas muy jóvenes que también se arriesgaban a viajar en el tren, pero embarazadas”.

Pero la “Casa del migrante” ,que tenía a su cargo, sólo tuvo tres años de vida. Ésta fue cerrada hace aproximadamente cinco años. Él cuenta el motivo por el cual ya no funcionó más:

“El problema fue que de

un salvadoreño dijeron que había violado a una jovencita, pero eso no fue aquí, sino en el cerro, nada más que comentaron que el hombre se vino a refugiar en la casa que teníamos, lo sacaron y se armó la grande, porque después empezaron a decir que la muchachita andaba con los intestinos de fuera, pero eso no fue cierto. Y mira los que no querían el albergue, con eso nos obligaron a cerrarlo”.

Y al ver tantos problemas la Diócesis de Orizaba, cuyo Obispo en ese entonces era el ahora arzobispo Hipólito Reyes Larios, les dijo que tenían que cerrarla; con esto se acabó con una gran labor humanitaria.

Al poco tiempo que se terminó este proyecto, el padre Lemus dejó esa parroquia y pidió ser enviado a la del municipio de Huiloapan entre otras muchas cosas, porque su salud menguó. Pero estando en ese nuevo encargo tuvo conocimiento que en el templo que dirigió por muchos años, el nuevo clérigo colocó cartulinas con leyendas de rechazo al migrante.

“El colocar esas leyendas fue antihumano, anticristiano y, sobre todo, siendo un sacerdote hubiera usado otro método, más suave, pero eso no, imagínate qué imagen se dio de la Iglesia” con este sentir concluye su charla con este portal informativo.

Aquel representante de la Iglesia que colocó estos mensajes en contra de los extranjeros de Centroamérica ya no ministra ahí, ahora lo hace otro presbítero, quien por cierto se conoce no quiere asumir la responsabilidad de retomar lo hecho en su momento por Lemus.

Pero el tema de los migrantes, siendo tan amplio y complejo, atrajo la atención de las autoridades del ayuntamiento de Río Blanco; al respecto el alcalde Miguel Martínez Martínez dijo que se tiene en mente efectuar un programa junto con alguna asociación civil, todo en beneficio de los hermanos de paises vecinos a México.

“Es hacer una obra. Tenemos una franja que está entre el canal de agua y las vías, donde se pueda hacer un albergue y la gente que desee les den de comer o regalarles ropa o zapatos. La idea es poner una galerita. Es el “programa tres a uno migrantes”. La operatividad de este proyecto es que debe ser una asociación o agrupación de migrantes de Estados Unidos quienes envíen el recursos, ahora se está contactando a la gente de allá; estamos buscando, hay dos organizaciones, unos michoacanos y otros de San Luis Potosí”.

El munícipe coincidió en que la calle sur 20, colindante con la colonia Modelo, es un sitio donde se bajan de los vagones los indocumentados, ahí descansan y después siguen con su recorrido.

Días pasan y aquí, en Río Blanco, el flujo de migrantes es el mismo. Todos viajan con la misma mentalidad: ir en busca de un buen trabajo que les permita tener recursos económicos para que sus familias tengan una calidad de vida digna. En el camino se encuentran con personas que les hacen daño, pero aún conservan la esperanza de que también habrá gente como Salomón Lemus o como las conocidas Patronas de Amatlán, que hacen labor en favor de ellos, sólo por convicción, amor y pasión.