24 de enero de 2012
alcalorpolitico.com
Muchos países, descubrieron que la migración de visitantes con diversos fines, resulta conveniente para quienes los reciben a sabiendas de que, en cuanto satisfacen sus propósitos, regresan a sus lugares de origen con el ánimo rebosante y optimista.
La primera de las migraciones de que se tiene noticia, le llamaron el Éxodo y forma parte del Pentateuco que narra la forma y manera en que Moisés con ayuda de su hermano Aarón, se llevaron a varios miles de judíos de Egipto en busca de una tierra prometida. Esa parte es conocida como El Éxodo.
El decálogo mosaico entraña la primera legislación para un pueblo sin ley al que había que congregar políticamente y así se logró por su líder Moisés, que restableció el monoteísmo en nombre a Iahvé
Las migraciones religiosas son el antecedente del turismo jicamero que ahora padecemos.
En la edad media, la aparición de los templarios, que con el pretexto de proteger las peregrinaciones que intentaban visitar los lugares santos por donde supuestamente había deambulado Ieschuf bar Iossef; (Jesús), hicieron nacer el turismo religioso que aún no se acaba, lo siguen explotando en Chalma, la Basílica de Guadalupe, el Cristo negro de Otatitlán, Tlacotalpan con la Virgen de la Candelaria, Xalapa con Rafael Guizar y Valencia, Lourdes con su Virgen milagrosa, Cáceres Extremadura (España) con la otra versión de la Guadalupana aparecida trescientos años antes que la mexicana, y hasta el intento de Xicochimalco con el santo niño llorón, y no se mencione al Santo Chiquito de los Vientos, ni al Santo niño que Teje Hincado.
Pues resulta que las conflagraciones políticas como el franquismo en España, nos trajeron refugiados, unos buenos y otros malos pero todos con apetito, que Lázaro Cárdenas nos dejó de herencia per secula seculorum. O sea que también existe el turismo famélico.
Como olvidar a aquellos que dejaron su huella bien marcada como Manuel Pomares Monleón; literato excepcional, ganador de premios, fue gobernador de la provincia de Alicante y otros muchos méritos como literato.
Xalapa, la otrora pacifica y provinciana sufre ahora un turismo aguerrido y licencioso; llegado de Michoacán, Nuevo León, Tamaulipas, Guerrero y no se de dónde más, que vienen sentando sus reales sobre las costas del Golfo e invadiendo ciudades con el quebranto de la paz familiar y ciudadana.
El narco, la delincuencia organizada, los lavaderos de dinero, los monopolios comerciales, la Iglesia, los obispos, los carnavales, las elecciones y otras muchas de estas zarandajas, contribuyen a la explosión turística.
La guerra no es nuestra, esa lucha es eminentemente política para asentarse en un lugar en el que había la garantía de vivir tranquilamente. Porque el facineroso también tiene familia y quiere protegerla y Xalapa había sido el sitio ideal.
Ahora nadie tiene paz, empieza el terrorismo y la persecución gracias a la ineficacia de un gobierno que se propuso alborotar el enjambre, revolver el hormiguero sin los elementos inteligentes para controlar el resultado. Y pensar que aún falta un año de desatinos y tropezones.
Para donde huimos, pa’ donde cojo...rumbo. A estas alturas ya nadie sabe que escoger.