Durante 15 días permaneció atrapado en las profundidades de una cueva dentro de un cenote en el municipio de Uxpanapa, Veracruz, sin saber si era de día o de noche, sin comida y prácticamente en completa oscuridad.
Para Erasto Crisanto Valdez, un humilde pescador conocido en su comunidad por su afición a la pesca y a la aventura, el tiempo pareció detenerse. Hoy, desde una cama de hospital y mientras se recupera, Erasto cuenta una experiencia que describe como inexplicable y, sobre todo, como una segunda oportunidad de vida.
La pesca que terminó en una pesadilla
Todo comenzó como un día aparentemente normal. Erasto acudió a pescar y, después de lanzar su arpón contra un robalo, siguió al pez hacia el interior del agua, pero al intentar regresar descubrió que ya no encontraba la salida, nadó buscando una ruta de regreso, pero no la encontró, “ya no encontré la salida”, recuerda durante la entrevista que circula en el video en redes sociales.
En ese momento, dice, entró en shock. Después ocurrió algo que todavía no logra explicar: perdió la noción de lo que estaba sucediendo y terminó en un lugar que, según relata, no sabía que existía, era una cueva húmeda, de piedra y lodo, donde el agua penetraba cuando llovía y caía constantemente en forma de goteo, pero había algo que resultaría fundamental para mantenerlo con vida:
agua del manantial.
Quince días que parecieron tres
El interior de la cueva era completamente oscuro, la lámpara que llevaba consigo se calentó y terminó quemándose. Erasto cuenta que incluso produjo una chispa, algo que, asegura, nunca le había ocurrido antes con esa lámpara y sus baterías. A partir de entonces, quedó prácticamente a oscuras, no podía saber si afuera amanecía o anochecía, no había forma de medir el paso del tiempo “para mí esos quince días fueron tres días” pero en realidad, cayó en ese lugar el 23 de julio y lo localizaron y rescataron buzos el 7 de agosto de 2026.
La oscuridad absoluta y el sonido constante del agua hicieron que el tiempo perdiera sentido, no veía nada, solamente escuchaba correr el agua. Sin comida y sin posibilidad de ver, Erasto sobrevivió bebiendo agua del cenote, el hambre y la sed comenzaron a formar parte de una lucha diaria en un sitio donde no sabía cuánto tiempo tendría que permanecer, pero hubo algo que, según su propio relato nunca perdió: la fe.
Erasto asegura que durante esos días oró constantemente y pidió a Dios que lo ayudara. Incluso llegó a pensar que quizá los rescatistas no lograrían encontrarlo con vida; deseó que “aunque no fuera con vida” que alguien lo encontrara, recuerda al hablar de sus oraciones para que encontraran su cuerpo, aun así, mantuvo la esperanza de que alguien lo buscaría.
El sonido que cambió todo
Después de días de silencio, agua y oscuridad, Erasto escuchó algo diferente, primero fue un sonido parecido al burbujeo que producen los buzos al respirar, pero no pensó que fueran personas buscándolo. En aquella cueva, explica, también se escuchaba el movimiento natural del agua y el nacimiento del manantial, por eso, inicialmente creyó que aquel sonido era parte de lo que ya conocía hasta que escuchó una voz y después apareció una luz “¿hay alguien ahí?”, preguntó el buzo, Erasto respondió: ”sí, aquí estoy”, aquellas tres palabras marcaron el final de una espera que parecía interminable, “soy Erasto, el buzo volvió a preguntarle si era Erasto, “sí, soy yo”, respondió pero su cuerpo ya estaba debilitado. Los rescatistas le pidieron que se acercara, pero Erasto explicó que apenas podía moverse, no veía, estaba demasiado débil para caminar.
El primer buzo decidió que permaneciera quieto mientras regresaba por ayuda, después de aproximadamente media hora, regresaron con otro integrante del equipo, esta vez lograron acercarse directamente hasta él y llevarle un suero. La extracción duró apenas unos minutos pero para Erasto significaba recuperar la vida que durante días había parecido perdida.
El regreso a la luz
Cuando finalmente salió de la cueva, lo primero que volvió a encontrar fue algo que durante días había dejado de existir para él: la luz, pero la luz del sol no fue inmediatamente agradable, después de permanecer tanto tiempo en oscuridad absoluta, el reflejo del agua y la intensidad del sol le lastimaban los ojos. “Lo primero que vi fue la luz”, relata, incluso después del rescate, asegura que la claridad todavía le causa molestias. El Ayuntamiento de Uxpanapa especificó que el sitio se denomina San Francisco La Paz, Santa María Chimalapa, que ya se adentra en los límites con el estado vecino de Oaxaca.
Y afuera estaba su madre
Pero había algo más que la luz, estaba su familia, entre las personas que lo esperaban se encontraba su madre al verla, Erasto sintió alivio. Después de haber pasado días completamente aislado, sin saber si alguien lograría encontrarlo, volver a mirar el rostro de su madre significó para él recuperar la esperanza, “sentí algo bonito, algo, una esperanza de vivir”, cuenta, “esto es un milagro”.
Desde el hospital, Erasto no define lo ocurrido solamente como una experiencia de supervivencia, para él, fue un milagro. Considera que haber permanecido con vida después de aquella experiencia representa una segunda oportunidad, “no cualquiera tiene este milagro, no cualquiera tiene una segunda oportunidad de vivir”, afirma.
Antes de entrar al cenote era, según sus propias palabras, un pescador humilde, conocido por sus amigos y vecinos como “el pescador de la zona”, después de salir, dice que quiere compartir su experiencia y hablar con otras personas sobre la importancia de mantener la fe y no rendirse.
Una deuda imposible de pagar
Erasto también dedicó palabras de agradecimiento a quienes participaron en su búsqueda, agradeció a su familia, a quienes difundieron su caso en redes sociales, a las personas que rezaron por él y a quienes permanecieron pendientes de su desaparición, también reconoció el trabajo de los buzos y de las autoridades municipales de Uxpanapa que participaron en el operativo. Cuando fue rescatado, se difundió la noticia que fue un equipo de buzos alemanes quienes participaron cuando los esfuerzos locales ya casi se agotaban
Para él, fueron muchas las personas que mantuvieron viva la esperanza cuando él permanecía aislado bajo tierra, “le agradezco de corazón”, repite al referirse a quienes estuvieron pendientes de su caso.
Erasto salió de la oscuridad
La historia de Erasto Crisanto Valdez comenzó con una jornada de pesca que parecía rutinaria y terminó convirtiéndose en una lucha contra la oscuridad, el hambre, la sed y el paso del tiempo.
Durante días permaneció sin saber si alguien lo encontraría, no podía ver, no sabía qué hora era, no tenía comida, pero tenía agua y sobre todo, conservó la esperanza, hasta que un día, en medio del silencio de la cueva, escuchó un sonido, después, una voz, luego, una linterna y entonces pudo responder: “Sí, aquí estoy”.
Hoy Erasto está fuera de aquella cueva y en recuperación, ya no es solamente el pescador que entró a un cenote, es el hombre que salió de la oscuridad para contar que, para él, la vida le dio una segunda oportunidad.