En fechas recientes alguien se acercó para preguntarnos: ¿Cómo investigar? Con el deseo de responder a la pregunta formulada, recordamos que, el 19 de septiembre de 2009, se nos invitó a presentar el siguiente libro: GAMBOA DE TREJO, Ana. (
2008)
¿Cómo investigar? Xalapa, Veracruz, México: Códice Servicios Editoriales.
Las aseveraciones hechas en aquella ocasión podrían ser útiles. Iniciamos afirmando que Ana Gamboa de Trejo es una persona que vive dedicada a la investigación, pero, en el libro que tuve el honor de presentar, se manifiesta que ella no vive para investigar, sino que investiga para vivir y vivir plenamente. Se trata de un libro que constituye una afirmación de la vida frente a la nada.
Sostuvimos que la autora no ahorró palabras para señalar lo antes dicho y lo manifestó con prístina claridad en el siguiente párrafo de su libro: “Pudiera pensarse que la vida de un investigador es sólo permanecer en un solo sitio, encerrado con libros o instrumentos. Precisamente, parte de la buena salud es tomarse espacios de distracción y relajamiento. Es decir, lograr salirse del tema de investigación que nos tiene atrapados. Leer, por ejemplo, una buena novela, ver una película que nos atraiga, salir al campo o la playa, sacar a pasear al cachorro, degustar una comida en compañía de la familia o el mejor amigo, asistir a una obra de teatro, acurrucarse en un sofá a leer un periódico o simplemente asomarse a una ventana de la casa y ver pasar la gente.” [pág. 126].
Consideramos que era necesaria una acotación para eludir malos entendidos y, por lo tanto, se hizo referencia a la obra: LEÓN PORTILLA, Miguel. (1979).
Filosofía Náhuatl. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 216. En cuya obra el autor presenta una hermosa y mística poesía del México prehispánico, cuyos versos son los siguientes: “Verdaderamente allá es el lugar donde se vive. / Me engaño si digo: tal vez todo / Está terminado en esta tierra / Y aquí acaban nuestras vidas. / No, antes bien, Dueño del universo, / que allá con los que habitan en tu casa / te entone yo cantos dentro del cielo. / ¡Mi corazón se alza, / allá la vista fijo, / junto a ti y a tu lado Dador de la vida.”
Ni duda cabe que esos versos cantan a otra coyuntura histórica. Los antiguos mexicanos ponían su confianza de la supervivencia en el
más-allá: “en el lugar donde de verdad se vive”.
El libro de Ana Gamboa no pone sus esperanzas en un lugar trascendente. Hay en esta obra algo implícito, algo que no se dice con toda claridad, pero que está allí, cuando la autora expresa la paradoja de que investigar requiere
disciplina y que la tarea investigadora es
placentera.
Aquí se solicitó que el auditorio escuchara lo escrito por Ana Gamboa: “Sin lugar a duda, el despliegue de energía y el esfuerzo de trabajo que debe realizar cualquier investigador, sea novel o experimentado, redunda en alcanzar los objetivos que se ha planteado...Pero todo lo planeado no tiene sentido cuando la carencia de disciplina del investigador hace que el problema de conocimiento carezca de interés, cuando han transcurrido meses y años desde que se hizo el esquema de trabajo...El placer de la investigación nos lleva a descubrir nuevos paradigmas, a hacer nuevos planteamientos sobre temas ya tratados, con la sana intención de contribuir a mejorar algún aspecto de la ciencia.” [págs. 157-159]
¡Una “disciplina-placentera” es una contradicción en sus términos! Conociendo a la autora, y guardando con ella una respetuosa amistad, quien esto escribe, está seguro que ella comprende la acción de investigar como una de las vías para alcanzar la felicidad en este mundo. El placer al que alude es de otra índole, se refiere a la satisfacción del “apetito del saber”, que expusiera el viejo Aristóteles. Además, se trata de una felicidad que ─con la relatividad que se quiera─ se realiza en la historia y no en un “más allá”, cuya existencia no se va a someter a discusión aquí y ahora.
Ciertamente, en esta ocasión Ana Gamboa intentó la faena más complicada para un educador que, expresada en términos platónicos, consiste en <<escribir sobre las almas>>. Ana calibró su discurso no de manera abstracta, en general, sino sobre casos particulares. En este escrito, dicho ahora en términos contemporáneos, la autora tuvo en cuenta las capacidades de aprendizaje de cada cual, el investigador profesional o aquél que solamente quiere hacer la tesis de licenciatura, maestría o doctorado.
Así, este día -se aseveró-, Ana Gamboa entrega a la comunidad académica un libro en el cual, con el estilo sencillo que caracteriza sus obras, formula una interrogante, ”¿Cómo investigar?”, a partir de la observación de tres hechos: primero, los estudiantes de la licenciatura e incluso del postgrado quieren, pero no saben cómo o no pueden investigar; segundo, es un placer intelectual saber cómo escriben los que escriben; y, tercero, la falta de salud es un obstáculo
salvable para la investigación.
Hacer una pregunta, plantear un problema,
poser une questión ─que dirían los franceses─, es un arte difícil. Ana Gamboa domina dicho arte con confianza y naturalidad. Sin embargo, en esta obra, la contestación de la autora no se hizo en prospectiva, sino que lo hace por el camino sinuoso de la reflexión sobre la labor indagadora.
No obstante, sería una simpleza observar los escritos de esta manera, pues en los tres que componen la obra se deja sentir la socióloga y la jurista en una sola persona, ya que Ana describe y prescribe casi simultáneamente. Ella se remonta a la cima de la investigación para con
mirada de águila contestar la interrogante:
¿Cómo investigar? La respuesta se compone de una triada de trabajos que se juzgan independientes y que se titulan: “Una buena relación Asesor-Tesista”, “Como escriben los que escriben” e “Investigadores sanos”.
En efecto, la peculiaridad sobresaliente del libro que hoy se tuvo el honor y la alegría de presentar, radica en que ─según conjetura quien les habla─ Ana lo escribió emulando de la visión del águila. Las cejas protuberantes del águila con su mirada aguda y profunda dio origen a la expresión “mirada de águila” que se dice de las personas que observan en forma acuciosa.
El águila posee doble párpado. El párpado exterior lo emplea siempre. El interior lo emplea cuando está volando en dirección al sol y cuando está alimentando a los aguiluchos. Así al darle los alimentos pico a pico, los picos de estos no harán daño a sus ojos. Ella cuida muy bien su visión, ya que depende de ella para subsistir. El águila ve lo que otras aves no ven. Podría decirse que su visión es telescópica.
Ana Gamboa tiene muy claro que investigar es hacer diligencias para descubrir una cosa o realizar actividades intelectuales o experimentales de modo sistemático con el propósito de aumentar los conocimientos sobre una determinada materia. Pero, sobre todo comprende cabalmente el manejo de
la contingencia, el dominio sobre el tiempo y el espacio, que constituyen herramientas fundamentales del oficio de ser hombre o mujer, pero especialmente de la profesión de ser investigador o investigadora.
[email protected]