La riqueza no es mala; el mal viene cuando se alcanza a través de la injusticia, el abuso o el desprecio hacia otra persona, indicó el obispo de Orizaba, Francisco Eduardo Cervantes Merino.
"Dios no se pelea con aquellos que han ganado el dinero honestamente. Aquellos que quieran seguirlo, todos los que aprendamos que los bienes materiales están puestos al servicio del bienestar y el compartir con los hermanos, compartiendo en la medida de las necesidades, no solo para mantener a los pobres, sino también para que puedan encontrar su verdadero desarrollo."
La idea, apuntó, es construir juntos un mundo más humano y fraterno. Quien ha tenido mejores posibilidades y oportunidades, lejos de abusar del que menos tiene, debe compartir para construir el reino de Dios, que se hace en la fraternidad, la justicia y la paz. "Y eso, hermanos, no lo pensamos solamente en los grandes millonarios o en los grandes países ricos, sino que la propuesta del reino de Dios está entre nosotros. Puede ser que tengamos poquito, pero nos comportamos como ricos, es decir, con envidia, con enojo. Nos da coraje que otros tengan, que se superen, que a otros les vaya bien."
Apuntó que hay gente que tiene su dinerito, su ahorro, y no precisamente por eso vive aislada de los demás, sino que aprende a compartir, sabe hacerlo en las necesidades. "Y eso sucede en la vida de la familia, en la vida de los vecinos, en la vida comunitaria, en la que, nosotros, poniendo en el centro de nuestra vida a Dios, vamos haciendo esos ejercicios."