Los gobiernos no pueden evitar la ocurrencia y magnitud de fenómenos meteorológicos, pero sí pueden tomar medidas para mitigar sus impactos en la población y la infraestructura. La prevención es clave para reducir los daños y pérdidas causadas por estos eventos. Y no se trata de ver si los de un color se mojan los pies o si los otros no se ensucian los zapatos. Se trata de aprovechar los avances científicos y tecnológicos con los que se cuente y hacer caso a la gente que tiene el conocimiento para así reducir.
Las acciones de apoyo a poblaciones afectadas son muy buenas y necesarias pero las acciones preventivas son vida o muerte. La ubicación geográfica y topografía del estado de Veracruz hacen que sea uno de los estados más propensos a sufrir catástrofes naturales, en específico las de origen hidrometeorológico.
La presencia de sierras a corta distancia de la costa, cuencas hidrográficas que reciben agua de varios estados del País (Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo, Puebla, Oaxaca o Chiapas), toda una red de presas que descargan sus demasías al territorio o su forma alargada con una gran extensión de línea de costa, lo hacen muy vulnerable ante fenómenos que ocurran tanto en el Golfo de México como en el Océano Pacífico.
La catástrofe que se ha visto en estos días en el norte del estado es una réplica casi exacta de lo ocurrido en octubre del 1999, con la única diferencia de que han pasado 26 años de ello y en este tiempo la tecnología, la ciencia y el acceso a esos conocimientos era completamente distinta.
En estos días, se sabe casi con precisión exacta la trayectoria de esos fenómenos, la cantidad de agua que pueden descargar, los volúmenes de escorrentías potenciales en cada sitio. Además se cuenta con mapas del territorio sobre las vulnerabilidades ante estos fenómenos y las zonas de riesgo (inundación, deslaves, etcétera) y medios de comunicación poblacional instantáneos.
Implementar acciones cuando ya está presente el fenómeno, además de estar a destiempo, son sumamente complicadas de llevar a cabo pero en cambio, cuando éstas son preventivas, el grado de éxito puede ser muy alto.
Ahora bien, si se cuenta con toda esa información y medios de comunicación, ¿entonces qué fue lo que falló si desde el lunes 6 de octubre los pronósticos indicaban que ante el temporal de lluvias que se avecinaba en el Estado habría que “extremar precauciones”?
Definitivamente algo salió mal si en los medios y redes sociales se lee: “A mucha gente de Álamo y Poza Rica, la creciente los agarró dormidos, fue en la madrugada y tenían menos de 5 minutos para ponerse a salvo”, “No hubo avisos de evacuación”, “Los avisos de suspensión de clases no fueron obligatorios y se emitieron a destiempo”, “No hubo movilización preventiva por parte de autoridades”.
Es así que para que lo ahora ocurrido no vuelva a suceder en la entidad los gobiernos en turno en Veracruz mínimo debieran aplicar un manual básico de conocimientos para prevenir el daño civil que ocasionan este tipo de fenómenos. Algunas de las consideraciones que debiera incluir ese manual serían:
- Las vaguadas, como la que ha ocasionado este desastre, son fenómenos meteorológicos que pueden descargar la misma cantidad de agua que un huracán, pero a diferencia de éstos su mayor descarga es en las sierras.
- Los fenómenos meteorológicos que ocurren en octubre siempre serán más desastrosos. En octubre, los suelos ya se encuentran saturados por toda el agua recibida durante el verano y por tanto en estas fechas prácticamente toda el agua de lluvia escurre de manera superficial por lo que baja más rápido y además esa saturación provoca derrumbes en todas las sierras.
- Siempre que coincidan fenómenos meteorológicos en el Gofo de México y en el Pacífico centro-sur del País, las condiciones se complicarán para Veracruz ya que le entrará agua por las 2 vertientes.
- Siempre que un fenómeno meteorológico cruce la Península de Yucatán por la parte sur, habrá consecuencias de consideración en Veracruz.
Algunas de las acciones que contempla cualquier aviso de “Extremar precauciones”, son las de evacuar zonas de riesgo o alejarse de esas zonas (laderas pronunciadas, áreas inestables, ríos, etcétera).
De nada o de muy poco sirve el contar con pronósticos meteorológicos o tener todo un acervo de mapas de riesgo y vulnerabilidades si no son considerados en la toma de decisiones.
Siempre y ante todo, la prevención salva vidas.