Los hippies nos presentaron una familia espiritual particularmente típica de nuestra época juvenil. La peculiaridad esencial de esta familia era un
rechazo: rechazo de todo el sistema establecido, rechazo del mundo de los padres, rechazo en bloque de las mentiras de la civilización. En aquellos años mozos el motivo de asombro fue que se juzgó que ese rechazo no era malo en sí.
Quizás por aquel antecedente, nos atrevemos a observar el
futbol como una cosmovisión; como una actitud psicológica conceptualizada en forma deportiva. Lo que tienen en común los hippies y los hinchas de un equipo de futbol es la huida colectiva.
Ciertamente, en los hippies su rechazo era pura y simplemente una huida. También los partidarios entusiastas de un equipo deportivo huyen, es decir, buscan alejarse deprisa, por diversos motivos, de la rutina diaria para quitarse por noventa minutos el fardo de la vida cotidiana con la esperanza de retornar con renovados bríos a la rutina laboral; e igualmente se podría juzgar que esto en sí no es malo.
Así, el comentario de hoy habla de futbol, el discurso sorprenderá a algunos, pues no se hace referencia al grito del público, ya no solamente mexicano, que se está silenciando porque se percibe en el mismo el ánimo de ofender a otros. En efecto, hablamos de futbol y el ambiente dentro del cual éste se desenvuelve en la actualidad. Si el lector quiere verlo de manera un poco misteriosa, hablamos del futbol hodierno y abordamos el asunto del
videoarbitraje.
Por lo pronto, todos sabemos que el Videoárbitro salvó de perder el juego al equipo mexicano de futbol frente al equipo de Portugal, al inaugurar tecnología en Rusia 2017. Sí, todos lo sabemos, y lo supimos al momento de tomarse la decisión. Esto ocurrió así, porque el futbol hodierno se desarrolla más en el espacio cibernético que en las canchas de futbol. Si en el estadio hay 100,000 espectadores, esto es una insignificancia, comparado con los millones que pueden presenciar el juego a través de los medios tecnológicos de la diversión.
Según los cronistas deportivos (especialmente cronistas que antes fueron árbitros) resulta imposible, aun con el auxilio de sus árbitros/abanderados, que el ojo del árbitro principal perciba todo lo que sucede en la cancha de futbol durante un juego. Por lo tanto, los peritos deportivos insistieron en que se aprovecharan los avances tecnológicos para superar esa limitación.
Estamos ciertos de que dentro de un país marginal como el nuestro, se van a presentar muchas dificultades con el videoarbitraje. Pero, en todo está la política, el poder central en el mundo ya nos “familiarizó” con e-mail, e-libro, e-gobierno, etc. Todo hace suponer que le resulta más sencillo ajustarnos a
e-futbol. Literalmente podría afirmarse que en la actualidad los aficionados, cuando presencian un juego de futbol, andan en
la nube.
La consecuencia es que, hoy, en los campeonatos de futbol, existen árbitros externos a la cancha de juego que, analizan en videos ciertas jugadas, con la finalidad de mirarlas con sosiego y, se dice, que es para
apoyar al árbitro principal. Amén de que ya sabe que tales análisis interrumpen e interrumpirán la dinámica del juego, la utilidad del recurso la dará la experiencia, pero la norma es lesiva de la independencia que debe caracterizar al árbitro principal de la contienda.
En cierta ocasión, un conferencista pretendía que su exposición hiciera caer en la cuenta de que la mayor parte de los elementos de una ley son ideológicos, queriendo señalar con ello la incongruencia entre la norma y el tiempo presente. El meollo del asunto está dentro de la curiosa cosmovisión
e-futbol. Se hace referencia a un elemento ideológico nuevo incorporado recientemente en el reglamento del futbol internacional [FIFA]. Pero, en este instante, el comentario pertenece a la tópica y, por tanto, no ascenderá al cielo de los sistemas jurídicos.
Nuestro artículo, a riesgo de pasar por aguafiestas, todavía carga las tintas sobre el aspecto negativo (patológico) de la ideología futbolera en los reglamentos deportivos. Pero, en derecho, el arbitraje se caracteriza, entre otras cosas, porque las partes de común acuerdo eligen al árbitro, cosa que no sucede en los juegos de futbol, entonces, ¿Quién dirige el juego, al ser un sujeto designado por una autoridad, es un juez?
Si esto es así, desprendamos una lección positiva. Intentemos extender la observación sobre
e-futbol a
e-justicia: Todo ser humano tiene derecho —en demanda como en defensa— en la más perfecta de las igualdades, a que su causa sea oída por un tribunal independiente (cuyos jueces no están sometidos más que a la ley) y completamente imparcial, que decidirá ya sus derechos y obligaciones en todos los campos que no son de materia penal, ya del fundamento de toda acusación penal dirigida contra él.
De esto trata la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, artículo 10; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, artículo 14; la Convención Americana de Derechos Humanos, artículo 8.1; y, por supuesto, la Constitución Política de México, artículo 20.
Reflexión política.- En México habría que suprimir todas las disposiciones que establecen la obligatoriedad de la jurisprudencia, ya que, aseveran quienes saben de estos temas, que la mayor garantía de independencia judicial está dada por la autonomía del juez en la interpretación de las leyes.
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