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Las palabras de la ley

“El hombre delincuente”

Salvador Martnez y Martnez Xalapa, Ver. 14/10/2020

alcalorpolitico.com

Al plantear el tema de hoy, no podemos menos que destacar y resaltar el derecho penal de acto: a la persona únicamente se le puede juzgar y condenar por lo que hizo, nunca por lo que ella es. Este mandamiento se lee, por ejemplo, en el siguiente texto constitucional:
 
“No podrá librarse orden de aprehensión sino por la autoridad judicial y sin que preceda denuncia o querella de un hecho que la ley señale como delito, sancionado con pena privativa de libertad y obren datos que establezcan que se ha cometido ese hecho y que exista la probabilidad de que el indiciado lo cometió o participó en su comisión.” (Constitución de los Estados Unidos Mexicanos, artículo 16, párrafo tercero).
 
Iniciamos el comentario con la expresión de nuestra gratitud al Cuerpo Académico “Transformaciones Jurídicas” adscrito al Centro de Estudios sobre Derecho, Globalización y Seguridad de la Universidad Veracruzana, por su invitación para participar en una de sus reuniones de trabajo en la plataforma zoom. En particular, muchas gracias a Josefa Montalvo Romero y a Alan Jair Flores García por esta invitación.
 
Ante ellos y ahora en este escrito, manifestamos nuestra alegría por poder dialogar con los ya mencionados y, además, con Rebeca Elizabeth Contreras López, Jaqueline Jonguitud Zamora, Martha Cristina Daniels Rodríguez, Teresa Montalvo Romero y Luis Fernando Villafuerte Valdés. Ellas y ellos aumentaron nuestra convicción de que el campus universitario es el lugar idóneo para el diálogo disciplinario (inter, multi, pluri o transdisciplinario), esa comunicación entre dos o más personas de la cual todos salen enriquecidos.
 
La conversación siguió diversos derroteros, pero por la índole del tema, “El diseño metodológico en investigaciones con enfoque inter, múltiple y transdisciplinario”, hubo un punto que podría ser de interés general: el hombre delincuente. En la reunión observamos este aspecto como un asunto del pasado de la criminología y solamente como un ejemplo del tema principal.
 
Catalina Abidin reporta otra cosa: “...En sus inicios, la criminología fue el campo de estudio de todas aquellas cuestiones relativas al delincuente y al delito, con su correlato la pena ...el motivo de la elección del tema referente al análisis del delincuente, está dado por la importancia que el mismo ha tenido dentro del saber criminológico a lo largo de su desarrollo y por la importancia que sigue teniendo en la actualidad...” (Las cursivas son nuestras).
 
Esta autora asevera que “Aún en nuestros días se sigue debatiendo acerca de si el delincuente es o no un sujeto diferente de aquel que no comete actos delictivos, …" En la reunión a la que asistimos sostuvimos la afirmación de que el saber sobre el hombre delincuente es una simplificación, cuyas consecuencias son la disyunción, el reduccionismo y la abstracción. Nefastas consecuencias, decimos hoy.
 
En la disyunción (X o Y) el pensamiento separa realidades que están intrínsecamente unidas. En el caso, la escisión salta a la vista: hombres delincuente u hombres no delincuentes. El reduccionismo consiste en la explicación de lo más complejo a partir de lo menos complejo: normalmente se reduce lo biológico a lo físico-químico y lo antropológico a lo biológico: el hombre delincuente se pretendió “explicar” como un ser determinado por causas bio-psico-sociales.
 
Abstracción. En su significado usual, la voz “abstraer” significa separar por medio de una operación intelectual un rasgo o una cualidad de algo para analizarlos aisladamente o considerarlos en su pura esencia o noción. Bajo la influencia de Cesar Lombroso y su libro “El hombre delincuente” se llegó a considera que había una clase de hombres nacidos con la determinación para delinquir. Pero, la abstracción que perdura es la mirada del hombre delincuente como un ser diferente del resto de los demás.
 
Para iniciar la superación de la simplificación, las palabras de Francesco Carnelutti: “...para mí, el más pobre de todos los pobres es el preso, el encarcelado. Digo el encarcelado, obsérvese bien, no el delincuente. El delincuente mientras no está preso, es otra cosa. Confieso que el delincuente me repugna; en ciertos casos me produce horror...bastó que yo viese...[que] le ponían las esposas, para que del horror naciese la compasión: la verdad es que, apenas esposado, la fiera se ha convertido en un hombre.
 
El mexicano Agustín Basabe Fernández-Del Valle avanza cuando sustenta: “Con perdón de la palabra, el hombre es un centauro metafísico, mitad bruto y mitad ángel”. Solamente que el hombre es inescindible, no es “mitad y mitad”, aunque se puedan distinguir ambos aspectos, pero se trata de distinguir para unir, sin confundir. El hombre es un ser humano capaz de lo mejor y de lo peor.
 
Como efecto del empoderamiento de la mujer, se muestra hoy la dimensión social, es decir, no se puede hablar más del “hombre” individualmente considerado, sino del ser humano: mujer y hombre. Los cronistas informan que los antiguos mexicanos creían en un Dios-dual: mujer y hombre, imagen que responde bien a la visión contemporánea de la complejidad humana.
 
“El hombre, verdadero microcosmos, es una realidad compleja que anuda y contiene en sí todas las dimensiones de la realidad (física, química, biológica, psíquica, espiritual, cultural). La palabra complejidad deriva de complexus, lo que está tejido junto, es decir, es un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados.” (Jorge Peña Vial).
 
La criminología crítica puso en evidencia que el adjetivo “delincuente” no es otra cosa que una poderosa etiqueta. La teoría del etiquetamiento sostiene que la desviación, y por tanto el delito, no es inherente a un acto, sino que se centra en la tendencia de las mayorías a etiquetar negativamente a las minorías o a las que se consideran desviadas de las normas culturales.
 
Eugenio Raúl Zaffaroni considera a la criminología como la respuesta a la necesidad de un saber necesario: “Todo esto nos demuestra que en nuestro margen es necesario un saber que nos permita explicar qué son nuestros sistemas penales...”. Todo ese conjunto de preguntas resulta indispensable para nuestra realidad marginal, aunque sus respuestas provengan de especialistas en disciplinas que aparentemente nada tengan que ver entre sí.
 
El Profesor argentino sostiene que la criminología es el saber (conjunto de conocimientos) que nos permite explicar cómo operan los controles sociales punitivos de nuestro margen periférico, qué conductas y actitudes promueven, que efectos provocan y cómo se les encubre en cuanto ello sea necesario o útil para proyectar alternativas a las soluciones punitivas alternativas menos violentas que las existentes y más adecuadas al progreso social.
 
¡Impresionante! Basta un cambio de posición para modificar radicalmente el horizonte de proyección de la criminología como estudio multidisciplinario. El “hombre delincuente” no existe. Aquello que existe son sistemas penales. En donde hacer sufrir es la consigna…
 
Terminemos el comentario con las palabras de un sabio de estos tiempos: “La unidad del saber no depende ni de la cantidad ni del tipo de conocimiento que poseo, sino del modo con que lo pongo en relación con las razones de mi vivir, del modo con que sé utilizarlas para iluminar mi realidad”.
 
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