Hoy quiero levantar la voz por todas aquellas personas que tienen un tratamiento médico y que, cuando acuden a la Clínica 66 del IMSS en Xalapa por sus medicamentos, reciben una respuesta que no debería ser normal: “No hay”.
Me parece indignante que a los trabajadores se les descuente de su salario la parte que corresponde de las cuotas de seguridad social y que los patrones tengan que cumplir puntualmente con sus obligaciones ante el IMSS, pero cuando el derechohabiente necesita un medicamento, tenga que regresar una y otra vez porque simplemente no existe en la farmacia.
¿Qué estamos pagando entonces?
No estamos hablando de un favor. Estamos hablando de un derecho.
El artículo 4º constitucional reconoce el derecho a la protección de la salud. Y, sin embargo, hay personas que tienen que recorrer farmacias, pedir dinero prestado o endeudarse para poder comprar un medicamento que necesitan para continuar con su tratamiento.
Lo que más me preocupa es pensar en quienes no tienen recursos para comprarlo.
¿Qué hacen ellos?
¿Dejan de tomar su medicamento?
¿Esperan a que llegue?
¿Se endeudan?
¿Ponen en riesgo su salud?
También quiero hacer públicos los señalamientos que he recibido respecto al funcionamiento administrativo de la Clínica 66.
Se ha cuestionado el desempeño de la directora, Magdalena Franco Landa, y de la administradora, Mariela Rodríguez Corona, particularmente por la gestión de los medicamentos faltantes y la presunta falta de oportunidad en las requisiciones.
No estoy afirmando que ellas sean las responsables de todo el desabasto. Estoy exigiendo que se investigue.
Quiero que las autoridades del IMSS expliquen públicamente:
¿Qué medicamentos están faltando?
¿Desde cuándo?
¿Cuándo fueron solicitados?
¿Quién realizó las requisiciones?
¿Qué seguimiento se les ha dado?
Y algo todavía más importante:
¿Qué solución se está dando a los pacientes mientras esos medicamentos no llegan?
Porque decirle a un paciente “no hay” no resuelve su enfermedad.
También me preocupa que, según testimonios que he conocido, algunos derechohabientes tengan dificultades para obtener constancia de que su medicamento está faltante.
Si un medicamento no está disponible, debe existir una constancia clara que permita al paciente acreditar que la institución no se lo entregó y buscar una solución.
No podemos normalizar esto.
Por eso hago un llamado a los trabajadores, patrones, pensionados, derechohabientes y ciudadanos.
No estoy convocando a dejar de pagar cuotas ni a incumplir la ley.
Estoy convocando a organizarnos y exigir que el sistema cumpla con su responsabilidad.
Propongo una marcha pacífica por el derecho a la salud y por el abasto de medicamentos.
Una marcha sin partidos políticos.
Una marcha de ciudadanos.
Porque cuando una persona está enferma, no importa de qué partido sea, cuánto gane o dónde viva.
Necesita su medicamento.
Y quiero dejar algo muy claro:
La salud no se mendiga.
La salud es un derecho.
Y si nosotros cumplimos con nuestras obligaciones, también tenemos derecho a exigir que las instituciones cumplan con las suyas.
Porque una receta no debería convertirse en una deuda y una enfermedad no debería convertirse en una sentencia por falta de dinero.
Atentamente
Citlalic Daza