¡Señor, pequé, pecamos señor y nos pesa, ten misericordia de nosotros!, expresaron los reos del cereso de Pacho Viejo al conmemorar por tercera ocasión la pasión y muerte de Cristo.
Ahí la población oró por su libertad, por mejores condiciones, por tener la fortaleza para aprender de sus errores, fuerzas para vencer el orgullo de los poderosos y el egoísmo y confort de esta sociedad que no hace más que mirarse y autocomplacerse en sí misma, sin inquietarse por la muerte de quienes entregan su vida.
Al conmemorar el Vía Crucis al interior de este penal, los internos oraron -a lo largo de las 14 estaciones- por lograr mejores beneficios, pero también porque ellos tengan la fuerza para renovarse internamente.
“Para llegar con nuestra familia y con nuestra sociedad a ser mejores hijos suyos. Concédenos señor, que sólo cuando la cruz se comparte es llevadera; que por tu gracia o ejemplo tuyo que cargaste con la cruz. Que encontremos alivio y en ti la razón del sufrimiento, pero a la vez una esperanza”, pidieron.
Esta es la tercera ocasión que los internos conmemoran la muerte de Cristo y la primera en que se permite el acceso a los medios de comunicación.
Ahí, los participantes vestían atuendos de la época, memorizaron los diálogos y representaron las últimas horas de vida de Jesús, quien murió por nuestros pecados clavado en una cruz.
Ante la presencia de esposas e hijos, algunos internos acompañaron a José Luis Gutiérrez Florentino, quien representó el papel de Jesús.
“El que ama tiene la certeza de que nada es más fuerte que el amor y contra esta fuerza ni la misma muerte puede salir vencedora, pues la muerte por quien se ama es la mayor garantía de su poder y su triunfo”, continuaron a lo largo de las estaciones.
También aquí pidieron la gracia de buscar incesantemente el rostro de Jesús, que resplandece en los despreciados y marginados de este mundo, “a fin de que reconociéndote en ellos, tengamos la audacia de la Verónica para amarlos y servirlos, amén”.
Al caer Jesús por tercera ocasión, los reos repetían: “la fe es la fuerza de los débiles, porque ella les hace confiar y esperar, no en ellos mismos, sino en aquel que con su debilidad venció a los fuertes y poderosos de este mundo”.
Aún más, pidieron: que no nos espanten nuestras debilidades, que no nos desespere nuestra miseria, el camino del cristiano no es otro que el de la cruz y, en este siempre hay obstáculos y caídas, pero éstos no son impedimentos, al contrario, es por ellos que descubrimos nuestras limitaciones, nuestra vulnerabilidad e impotencia.
“Y esta conciencia es la que nos hace volvernos humildes y suplicantes al crucificado para gritarle: ¡Sálvame! Señor, danos la fuerza para levantarnos cada vez que caigamos bajo el peso de la cruz. Enséñanos a sacar de nuestra debilidad fuerza y concédenos entender que te necesitamos y que dependemos todo de ti, ya que sin ti no podemos hacer nada”.
Asimismo, pidieron tener fuerzas para vencer el orgullo de los poderosos y el egoísmo de nuestra sociedad.
Elevaron sus plegarias para llevar a todas partes la pasión de Cristo, aún en sus cuerpos, “el único camino que conduce a la gloria es el de la cruz”.
Al escenificar la crucifixión de Jesús, elevaron la voz para expresar que en la cruz el hijo de Dios se hace víctima y desde el madero levantado abraza todo sufrimiento, todo absurdo, todo rechazo y todo aquello sin sentido, toda miseria, desamor y odio.
“Él asumió todo sufrimiento, toda injusticia, la humillación, el abandono, la traición y la muerte, no desde arriba como héroe sino desde abajo, desde el fondo más profundo para que así nadie que sufra se sienta solo, saque todo dolor, injusticia, miseria y muerte”.
Luego de la muerte de Jesús, los internos de Pacho Viejo pidieron por quienes se entregan por buscar una sociedad más justa y fraterna.
“Su fracaso es un cuestionamiento a la búsqueda de éxito, a nuestro anhelo de consideraciones y reconocimientos. La entrega de Jesús es un juicio a nuestro egoísmo, a nuestra resistencia a voltear y reconocer al otro como hermano. No hay más camino en la vida que morir continuamente a nosotros mismos”.
Pues sólo en la medida de nuestra muerte será posible en nosotros la vida de Jesús y por ello pidieron a Dios comprender que para vivir es preciso morir, ¡danos la gracia y la generosidad a fin de que muriendo nosotros mismos nos dispongamos a vivir en ti y sirviendo a los demás!