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2012: año apocalíptico

Irineo Dom?nguez M?ndez Xalapa, Ver. 08/09/2011

alcalorpolitico.com

El próximo año presagia un “prejuicio final”; sus características son diametralmente opuestas, su causa: la elección federal. A la mayoría de los mexicanos puede sobrevenirles más calamidades de las ahora sufridas y terminar sumados a una revolución o, por el otro lado, iniciar una nueva vida basada en una decisión electoral acertada. Todo apunta a que si gana el PRI o el PAN nos va a llevar la chin…… ¿Entonces quien? El único camino es que triunfara un candidato surgido de la sociedad civil que garantice la alternancia y complete la transición a una vida más democrática. Existen sobrados indicios que apuntan a una descomposición social más grave. La opinión de Hilary Clinton sobre la violencia vivida en México al compararla con una revolución se acerca a la realidad. Para estos dos escenarios existen ya, y vienen galopando, los cuatro jinetes del apocalipsis: los partidos políticos y sus cabecillas; los poderes fácticos y sus monopolios; los religiosos con su manipuleo y, por último, la denominada delincuencia organizada. Estos cuatro jinetes del mal no parecen detenerse ante nada. Muchos de nosotros los hemos examinado una y otra vez; hoy, expongo brevemente lo que pienso de ellos y las consecuencias de sus conductas para el próximo año. Comienzo por calificarlos de acuerdo al daño que creo causan a la población tomando en consideración su nacimiento, crecimiento y su ámbito de injerencia.

En primer lugar tengo a los partidos políticos y a sus cabecillas; quienes, desde la revolución mexicana, iniciaron un cacicazgo de dominio y de explotación. Con el tiempo y la experiencia que adquirieron, aprendieron a enriquecerse encubiertos en sus actividades y puestos políticos. Todo ser viviente reciente sus daños. Su corrupción y goce de impunidad los convierte en los nuevos ricos, incluidos los funcionarios de mediano a muy alto rango. Cínicamente, aceptan que México vive una partidocracia porque son los partidos los que únicos que pueden alcanzar el poder. Todos ellos son conservadores y se oponen a cambios en el status quo que impera en materia electoral.

En segundo lugar tenemos a los poderes fácticos. Estos han logrado superar a los políticos y a sus partidos. Ambos actuaron como en la época del Mercantilismo; los políticos desempeñaron el papel de la nobleza y los poderes fácticos como lo que son: comerciantes voraces. Ahora, inclusive, impulsan sus propios candidatos a puestos de elección y a puestos de gabinete en el gobierno federal o en los estatales. Dueños de los principales monopolios que producen o dan servicios a la población, manipulan la información y contribuyen, principalmente, a la enajenación de casi toda la gente. Lo que es fácilmente comprensible al identificar que el fin primordial de estos poderes es obtener el máximo de rentabilidad. Objetivo no siempre alcanzado dentro de los límites legales. Aquí puede hablarse de “delincuencia organizada de cuello blanco”, con fines más funestos que otros tipos de delincuencia. La impunidad es también una variable aplicada a este sector debido a su poder oligárquico y al papel que juegan en las elecciones constitucionales.

El tercer lugar lo obtiene la Iglesia, sea de la religión que se trate. Es pertinente recordar el significado de la palabra iglesia; el diccionario nos indica que proviene de la palabra latina ecclesia, que significa “asamblea”. Las asambleas dominicales y de cualquier otro día, bien pueden recibir “mensajes” no meramente bíblicos, sino también políticos; pues, desde que Salinas los reincorpora con derechos de ésta índole, es más difícil supervisar y mantener –dentro de lo permitido- los “mensajes” de los curas, pastores, guías, etc. Quien lo dude, que le pregunte al PRD. Es del conocimiento de todos que, con tendencias conservadoras, apoyan las “asambleas” a un partido específico, los estimados lectores saben a cual y más si el candidato fuese el actual gobernador de estado de Jalisco.

El último lugar lo gana la denominada “delincuencia organizada”. Los estudiosos de este fenómeno social coinciden en que la delincuencia organizada no difiere mucho de las organizaciones admitidas como “legales” o comerciales; porque los delitos pueden cometerlos hasta las organizaciones civiles. Tanto delincuencia organizada como las legítimamente constituidas –nos ilustran los doctos del tema- ejecutan acciones abiertamente ilegales para incrementar sus ganancias. Ambos operan a gran escala, con una organización y estructuras envidiables puestas en manos de expertos, que utilizan la tecnología más moderna imaginable.

Como delincuencia organizada están clasificados los que actualmente –dicen los medios que nos venden miedos- vemos en la televisión y en los periódicos matándose entre sí y muchas veces afectando la esfera jurídica de inocentes. Sin el ánimo de defenderlos, me resulta necesario separar una porción de personas integradas a este grupo delincuencial; quienes han sido orillados a conducirse de manera ilegal. Estos merecen un análisis también profundo y serio. Entre ellos están los “ninis” y los “nonos”. Los “ninis” ni pudieron ni pueden estudiar; tampoco encuentran un trabajo digno que les permitiera vivir decentemente; ni tampoco se les ha brindado oportunidad de mejorar. Los “nonos” no encontraron espacios en las escuelas; muchos no encuentran trabajo, a pesar de haber estudiado y si les ofrecen empleos son con bajísimos salarios. En fin, la historia se repite para ambos y sólo les queda “agarrarse” de donde sea para salvarse, para logar una mejor vida. Entre “ninis” y “nonos” creados por el sistema se escuchan quejas de aquéllos contra la sociedad y de esta contra aquéllos. Por eso cabe la pregunta: ¿hasta cuándo se les brindará oportunidades de integración y desarrollo a las personas que hoy son reclutados para delinquir? Sabemos bien que no necesitamos más policías sino más escuelas y fuentes de trabajo que ofrezcan salarios dignos para poder aspirar a una vida más digna.

Estos cuatro jinetes del apocalíptico 2012, cabalgan para participar en la planeación del futuro de México por otros 6 años. En nuestras manos está emprender nuevos derroteros para mejorar el presente y el futuro. Esto da pausa a una reflexión e invita a un profundo análisis.

Otro si digo: Preocupante resulta leer que Rafael Loret de Mola manifieste que algo le pudiera suceder debido a sus artículos.

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