A casi un año de las devastadoras inundaciones de octubre de 2025, familias de diversas colonias de Poza Rica continúan conviviendo con toneladas de escombros, muebles y enseres dañados que permanecen acumulados en la vía pública.
Habitantes de Las Granjas, Ignacio de la Llave, Morelos, Lázaro Cárdenas y Palma Sola denunciaron que los desechos que dejó la contingencia aún no han sido retirados en su totalidad, situación que, aseguran, representa un riesgo sanitario y afecta la calidad de vida de las familias.
Ana María Anaya Méndez, vecina afectada, señaló que la acumulación de residuos y agua estancada favorece la presencia de mosquitos transmisores de enfermedades como dengue y chikungunya.
“Es una negligencia, la verdad, porque deben tener personal para limpiar. Ya va a ser un año y mire... nos puede dar dengue o chikungunya. Claro que a todos nos preocupa”, expresó.
Silvia San Juan Hernández, también damnificada, afirmó que en su sector se han registrado casos de dengue y atribuyó parte del problema a la presencia de agua estancada y los desechos que permanecen desde la inundación.
“Hay mucho dengue por el mosco que se acumula en el agua estancada. Mi esposo estuvo malo de dengue y muchos vecinos también. Ahí siguen las cosas que quedaron de la inundación; traen mucha contaminación y no se las llevan”, manifestó.
A las condiciones de insalubridad se suman las secuelas emocionales entre quienes vivieron la emergencia. Venustiano Flores explicó que las lluvias actualmente generan temor entre algunas familias que aún no han logrado recuperar plenamente sus espacios.
“Nos deja dañados mentalmente, emocionalmente y físicamente. Cualquier ruidito de lluvia o agua y uno ya piensa que puede pasar lo mismo; quedamos afectados, no es fácil”, relató.
Ante esta situación, los damnificados solicitaron a las autoridades correspondientes atender de manera inmediata el retiro de los desechos y la rehabilitación de los espacios afectados, con el objetivo de reducir riesgos sanitarios y permitir que las familias recuperen la tranquilidad después de las pérdidas ocasionadas por la inundación.