La maestra Lucía Isabel Cerdán Huerta es una luchadora incansable, una auténtica guerrera de la vida. A sus 73 años de edad se entrega con dedicación a impartir clases de actividad rítmica en el Gimnasio Allende.
Su alegría es evidente, contagiosa e inspira a sus numerosas alumnas –en su mayoría pensionadas y jubiladas– quienes, cada lunes y viernes, asisten puntuales a practicar en el espacio que desde hace varios años se ha convertido en su segundo hogar, el lugar donde todas liberan sus emociones.
No cabe duda de que la maestra Lucy, como la llaman con cariño sus amigas, refleja la edad en su piel, pero no en su mente ni en su corazón, que cada día están más vivos.
Como ella misma aclara, no es profesora de educación física. Es normalista de primaria y de artísticas en secundaria, con especialidad en música y danza por San Andrés Tuxtla. Sin embargo, desde 2022, cuando el cubrebocas aún era obligatorio por la pandemia, decidió obsequiar salud a un grupo independiente de pensionadas y jubiladas.
Lo dice, lo proclama y lo sostiene: lo hace por amor al arte, por vocación y por bienestar. “Estaba muy emocionada por iniciar algo que representaba un compromiso personal y de mucha responsabilidad”, comentó al concluir su sesión.
Pero su clase no termina cuando se apaga la música, pues al salir invita a sus alumnas a su casa, ubicada junto al gimnasio. “Vienen aquí a la casa y armamos relajo: un cafecito, una enfrijolada, un pan, jugamos lotería, dominó, cantamos y contamos historias, especialmente de los maridos, pero no como chisme. Es liberarnos, es sacar lo que traemos dentro. Si creen que su problema es grande, no han escuchado mi historia. Es increíble lo que viví y sigo de pie. He estado 42 años sola. Ya me hubiera muerto desde hace tiempo, pero Dios me ha dado la oportunidad, con salud, de salir adelante”, confesó.
No obstante, existe una regla de oro: no hablar de política ni de religión. “Pueden hablar de todo, menos de eso, porque salimos divorciadas todas”, dice entre risas.
No busca reconocimiento ni una posición de honor, mucho menos convertirse en leyenda; lo hace para reír, sanar y compartir, pero sobre todo para brindar y conservar la salud. “Ese es el objetivo principal. Y la muestra y el ejemplo los doy yo. Hasta ahora no tomo un solo medicamento para nada. Mi vicio es el café y me siento perfectamente, sin ningún malestar”, asegura.
Convencida de que el movimiento es medicina, las pone a bailar, a jugar dominó y hasta a cantar; incluso ensayan el Himno a Veracruz por si en alguna ocasión se requiere.
“Entre más juguemos dominó, lotería, entre más cantemos y nos riamos, yo soy feliz y ellas se van contentas. Todo está en la mente: las enfermedades están en la mente, pero también la salud. Es cierto que la alimentación influye, pero la mente gana. Si no se mueve, uno se enferma físicamente, pero he aprendido que el sudor saca las enfermedades y lo he comprobado”.
También ejerce de doctora. De hecho, sus alumnas la llaman la doctora Lucía. Enemiga de los fármacos, comparte remedios naturistas que ha estudiado en libros. “¿Tiene gastritis? Jugo de col por una semana y se le quita. O papa cruda licuada, tómela con todo y bagazo, excelente en ayunas, comprobado. ¿Le duelen las rodillas? Ajonjolí remojado toda la noche, lo licúa y lo toma en las mañanas, le fortalece los huesos”, precisó.
Para integrarse a su grupo sólo se necesita voluntad. No hay límite de edad: pueden tener 30, 50, 60 o 90 años. “Nada más tienen que venir y anotarse conmigo. Si tienen celular y les gusta, de inmediato las agrego, porque tengo un grupo y ahí envío la información”.
Incluso el uniforme nació de la solidaridad. Una compañera de nombre Susy le dijo: “Lucía, venimos todas desiguales, hay que uniformarnos”. Como no todas cuentan con pensión –explicó– más allá de la del Bienestar, acordaron que cada quien llevara una blusa negra o blanca y sólo pagarían 70 pesos por el estampado. A quien no pudo costearlo, ella misma se la compró. Ahora los lunes visten de blanco y los viernes de negro.
“Defino mi labor de manera sencilla, como una actividad rítmica, precisamente porque busca favorecer la salud física y mental de cada una. Por eso convoco a chicas y grandes: esto es algo maravilloso, es magia, no es cualquier cosa. Con cariño, voluntad y entusiasmo notarán el cambio físico en su cuerpo y en su mente, el cambio de carácter que tendrán cada vez que vengan. Lo he comprobado, porque vienen a reírse y salen contentas”, finalizó la maestra Lucy, quien a sus más de 7 décadas se mantiene firme, de pie, pero sobre todo bailando, cantando y regalando salud.