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Aborto y eutanasia están en contra del honor debido al Creador

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 28/09/2020

alcalorpolitico.com

El 25 de marzo pasado se cumplieron 25 años de la publicación de la Carta Encíclica de Juan Pablo II, El Evangelio de la Vida, que generó una profunda reflexión sobre el valor de la vida humana y que forjó un frente de lucha que se ha mantenido a lo largo del tiempo.
 
Muchos fieles se han formado y comprometido en torno a la defensa y promoción de la vida y la familia, constatando que con el paso del tiempo cada vez es más agresiva y desafiante la cultura de la muerte que ha penetrado seriamente en las legislaciones e instituciones de muchos países, imponiendo el aborto, la eutanasia y una serie de políticas que afectan el matrimonio y la familia.
 
Esta lucha por la defensa y promoción de la vida, el matrimonio y la familia no comenzó con Juan Pablo II, pero recibió de él, a través de su magisterio -y especialmente del Evangelio de la Vida- una motivación especial que nos mantiene comprometidos, a pesar del colosal aparato mediático, gubernamental y social que tenemos que enfrentar.
 
Con el paso del tiempo no han faltado momentos de desánimo al constatar el tamaño de este bloque antivida y antifamilia que a escala internacional impone una directriz mediática y el pensamiento políticamente correcto que llega a silenciar a muchos líderes y autoridades que terminan por claudicar a sus convicciones y ceder, por conveniencia política, a los postulados de la ideología de género.
 
Se trata, por tanto, de una lucha ingente y desigual que a pesar de todo se ha mantenido por la gracia de Dios y ha venido poco a poco conquistando el corazón de muchas personas que terminan por descubrir fascinados la maravilla de la vida y la belleza del plan de Dios sobre el matrimonio y la familia.
 
Durante este tiempo se ha vivido con profundo dolor y consternación la avanzada de la cultura de la muerte cuando logra la promulgación de leyes abortivas, eutanásicas y de la agenda de la ideología de género y cuando implanta una visión ideológica contraria a la ciencia, la conciencia, los valores y el sentido común.
 
Se ha llegado al extremo de aplaudir, como si se tratara de conquistas de humanidad, la promulgación de leyes abortivas que cada vez más amplían los plazos en los que se puede realizar un aborto, desde las 12 semanas hasta justo antes de que nazca un niño, como el proyecto de ley en Francia.
 
Inconcebible este nivel de deshumanización al que se ha llegado utilizando las instituciones. Como inconcebible es que se justifique el derecho al aborto. No les basta con legalizar el asesinato de un bebé, sino de elevarlo al rango de derecho humano.
 
Junto a estos episodios dolorosos no han faltado momentos de esperanza durante este camino recorrido, en el que la gracia de Dios nos sorprende en la medida que aprendemos a confiar en la Providencia. Muchos hermanos se han comprometido consolidando proyectos e iniciativas de formación y participación política que fortalecen la lucha en la construcción de la cultura de la vida.
 
Resulta providencial que precisamente a los 25 años de la publicación del Evangelio de la Vida, seamos testigos de una serie de acontecimientos en el mundo que generan esperanza.
 
Podemos citar al respecto el caso del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, que aplicó el veto a la ley del Código Orgánico de Salud que despenalizaba el aborto y permitía los vientres de alquiler y la enseñanza de la ideología de género en la escuela.
 
Por su parte, en Estados Unidos, el presidente Donald Trump ha venido favoreciendo una política a favor de la vida y la familia, que contrasta radicalmente con el rumbo que toma la política en el mundo. Creemos en... la verdad eterna de que todo niño, nacido y no nacido, está hecho a la santa imagen de Dios... Siempre defenderé el derecho sagrado a la vida”.
 
El reciente nombramiento de la juez Amy Coney Barrett, como candidata a la Corte Suprema de Estados Unidos, confirma esta orientación de la administración Trump, ya que la juez Amy es católica, provida y profamilia.
 
A su vez, el papa Francisco, en su mensaje a la ONU, lamentó que en su respuesta a la pandemia, “los países y las instituciones internacionales también están promoviendo el aborto como uno de los denominados 'servicios esenciales' en la respuesta humanitaria. Es triste ver cuán simple y conveniente se ha vuelto, para algunos, negar la existencia de vida como solución a problemas que pueden y deben ser resueltos tanto para la madre como para el niño no nacido".
 
El papa se refirió a la desintegración de la familia y recordó que “los primeros educadores del niño son su mamá y su papá... Con demasiada frecuencia, la familia es víctima de colonialismos ideológicos que la hacen vulnerable y terminan por provocar en muchos de sus miembros, especialmente en los más indefensos -niños y ancianos- un sentido de desarraigo y orfandad".
 
Finalmente, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado la Carta El Buen Samaritano, sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida, desarrollando una mirada contemplativa que genere la acogida, la tutela y la promoción de la vida humana hasta la llegada natural de la muerte. Y reitera la postura de la Iglesia sobre estos temas:
 
“Aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador” (III).
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