Enseñar a un niño a bailar un trompo implica mucho más que mostrarle cómo lanzar un juguete; requiere paciencia, concentración y coordinación, habilidades que de acuerdo con el promotor Luis Alfonso Heredia Garrido, conocido como El Topo, tienen cada vez menos espacio en la infancia debido al predominio de los dispositivos electrónicos.
Con casi tres décadas dedicadas a promover los juegos tradicionales, desde 1994, Heredia Garrido ha observado cómo actividades que antes reunían a los niños en patios, calles y espacios escolares han sido desplazadas por el entretenimiento digital.
Como referencia de este cambio, estimó que actualmente ocho de cada diez menores prefieren utilizar un celular, mientras que apenas dos mantienen el interés por jugar con un trompo.
Explicó que esta actividad representa un ejercicio de aprendizaje en el que los niños deben coordinar sus movimientos, calcular la dirección del lanzamiento y desarrollar distintas habilidades para conseguir que el juguete gire y realizar otras suertes.
Por ello, busca acercar nuevamente estas prácticas a las nuevas generaciones mediante demostraciones en escuelas de Orizaba, para lo cual invitó a los planteles educativos a abrir espacios donde los estudiantes puedan conocer y aprender estos juegos.
Sin embargo, consideró que el rescate de estas actividades no debe recaer únicamente en las instituciones educativas, sino comenzar también en los hogares, donde los padres pueden involucrarse y compartir tiempo con sus hijos.
Propuso recuperar dinámicas como las carreras de costales, el salto de cuerda y el vuelo de papalotes, pues además de representar una alternativa de entretenimiento, permiten que los menores desarrollen destrezas y fortalezcan los vínculos familiares.
Heredia Garrido aclaró que su propuesta no busca eliminar el uso de la tecnología, sino evitar que las pantallas ocupen todo el tiempo de los niños y terminen desplazando experiencias de aprendizaje, movimiento y convivencia que forman parte de su desarrollo.