El pueblo de Amatlán conserva su tradición, no sólo con hacer el mole, los tamales e instalar sus típicas ofrendas cargadas con dulce de calabaza, chilacayota, camote en dulce; sino también adornar sus sepulcros con la flor de muerto, o flor sempasuchitl; luego que en primera es la más económica.
En cuanto disminuyó el chipi, chipi, la gente se desbordó camino al panteón, tomando la calle Rayón para llegar a la puerta de este camposanto, -donde nadie pudo decir donde fue enterrado el General Pascual de Los Santos-, donde la mayor parte de la gente llevaba su rollo de flor de muerto.
El panteón lucía un color amarillo y guinda, que es la flor de muerto y moco de pavo; porque no en primera esta es la tradición que conservan y por otro, como dijo Doña Felipe Flores: “no alcanzó pa más”.
La crisis se reflejó este año más que nunca, porque solo en tres tumbas hubo música norteña; ya no se vieron esos hombres vestidos de charro, con sus tremendos instrumentos como el contrabajo, el violín y la guitarra, cantando la “La Barca”, “Luna de octubre”, “Hermoso Cariño”, “El Rey” y otras; ya no; porque comentó Crisoforo Xocua; mis hijos ya no mandan dólares, porque ya no tienen mucho trabajo en Atlanta. Y dice: “Ya hasta los quieren regresar”.
Caminar en este camposanto, también se encontraron tumbas abandonadas, tumbas que datan de 1874, 1910, 1938 y otras que ya no se ve la fecha ni el nombre de la persona que falleció; se observa que es una tumba añeja porque está hecha de piedra y sobre todo olvidada .
Estas tumbas no tienen una sola flor; lo que abunda en la hierba que le nació –El matlale-, que con su diminuta flor, se ve elegante.
Doña Hortensia de Los santos, dice que ya nada es igual, hace algunos años todavía se veía gente indígena que llevaba la ofrenda, como el mole, los tamales y el dulce de calabaza para comer y despedir a sus fieles difuntos; hoy solo flor de muerto; algunos llevan las ceras y “vámonos de regreso”.
Si a caso un arreglo floral; “pero de esos ya casi no hubo, porque la gente de este municipio tiene muy arraigado llevarle a sus difuntos la flor de muertos”.
Algunas costumbres se han ido perdiendo, pero otras todavía perduran y conservan en este pueblo de Amatlán de Los Reyes.