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Sección: Estado de Veracruz

As del Espacio, legendario luchador xalapeño, rey de las acrobacias

Era un fuera de serie, especial, diferente, adelantado a su época y espectacular

Julián Rodríguez Xalapa, Ver. 07/06/2026

alcalorpolitico.com


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Volaba por los aires, era el rey de las acrobacias, el amo del viento, hacía honor a un estilo casi suicida a su nombre: As del Espacio.

Era un luchador fuera de serie, especial, diferente, adelantado a su época y espectacular. Fue cuando el llamado “Arte del Pancracio” veía crecer a auténticos ídolos como Súper Astro, Rey Misterio Jr y Místico. Y es que pocas veces nace una figura como él, de esos a los que llaman “garbanzo de a libra”, que brota como aguja en un pajar o uno en un millón.

El inicio no le resultó fácil, pues pese a proceder de una dinastía de afamados gladiadores como Gorila Infernal, Caballero Negro, Dr. Boris y Caballero Ninja, debió entrenar duro por 12 meses para hacer su debut, aunque a sus 14 años era entregárselo a las fieras del ring, a viejos leones que no se tentaban el corazón para acabar con los sueños de todo prospecto.

Sin embargo, el entonces chamaco Paulino no se acobardaba, pues es de esos que caía 100 ocasiones, pero que se levantaba igual número de veces para seguir recibiendo o dar castigo. Poco a poco fue creciendo dentro de los encordados. Su fama iba en aumento gracias a su calidad, lo que provocaba los aplausos de una afición que se le brindaba y que le daba la fortaleza para medirse a cualquier rival, sin importar tamaño, peso o estilo.

Tenía un espíritu indomable, de auténtico guerrero. “Así me lo inculcaron en mi familia, por eso me sentía seguro cuando enfrenté a varios de los mejores luchadores de México o del extranjero, porque siempre me ha gustado ganarme el respeto de todos”, dijo durante una visita que le hicimos en el lugar que en los últimos seis años ha sido su segunda casa, la Exfábrica de San Bruno.

Se adentró en su mente para viajar al pasado, de aquel día cuando llegó al coloso de la calle Sayago y tras un año de intensos entrenamientos y duros sacrificios hizo su debut contra el Látigo Negro. “Inicié mis entrenamientos en la Arena Xalapa; no fue sencillo, pero nunca falté a uno de ellos y menos cuando era la época de oro de la lucha libre, en un lugar que era conducido por don Hiraclys Fenerly y había grandes figuras de la lucha libre como un Yango, un Yuke, un Forastero o un Intocable”, mencionó.

Afirma que no ha tenido un acérrimo rival, pues en realidad todos lo son en una disciplina en donde no hay enemigo pequeño. “Al tocarme parte de la época dorada de la lucha libre en esta ciudad, enfrenté a lo mejor; incluso alterné con Mano Negra, Bestia Salvaje y El Terrible. De hecho, en un mano a mano expuse mi máscara ante Loco Max, que venía representando al Consejo Mundial de Lucha Libre, pero, por fortuna, le gané la cabellera”, comentó orgulloso.

Pero llegó un día en que se dejó llevar por la fama y, por consiguiente, perdió el piso, pues como todo ser humano, imperfecto por naturaleza, empezó a jugar con la vida. “Creo que los aplausos y la fama me marearon un poco y comencé a probar el alcohol; era algo ‘normal’ porque en ese mundo de la lucha libre es así. De hecho, algunos compañeros se han perdido en eso o las drogas”, expuso.

Su caída era inminente, pero su espíritu lo sacó a flote. “Agarré otro camino, no tengo por qué negarlo; fue parte de un negro pasado, pero me supe levantar y seguir en el deporte que siempre me ha apasionado”, expresó. Y así, en la noche de un día, el héroe de mil combates perdió su tesoro más valioso, esa máscara que la afición ya veía como algo intocable y sagrado, dando a conocer su identidad: Paulino Martínez Conchi, nacido el 9 de julio de 1976 en un barrio bravo como lo es la colonia Progreso.

Paulino, quien es hoy un auténtico formador de luchadores olímpicos, ya está apartado de ese ring que lo vio nacer, ya no escucha más esos aplausos que lo alentaban a una caída más, a seguir en la batalla y a no rendirse jamás, pero más importante fue que aquel hombre lleno de sueños, de objetivos, de planes, logros y también tropiezos, ganó la lucha más difícil e importante, la de la vida, sí, la de su propia vida.