La reducción de la inflación general no significa que las familias mexicanas estén gastando menos. Aunque durante julio de 2026 el indicador anual se ubicó en 3.12 por ciento, varios productos y servicios indispensables registraron aumentos superiores, lo que mantiene bajo presión el presupuesto de los hogares.
El economista Jorge Alberto Moreno Sánchez explicó que existe una diferencia importante entre los indicadores nacionales y lo que enfrentan diariamente las familias, principalmente en las ciudades. Señaló que la Línea de Pobreza por Ingresos aumentó 3.5 por ciento anual, mientras que la canasta alimentaria tuvo un incremento de 3.8 por ciento.
De acuerdo con cifras del INEGI, una persona que vive en una zona urbana necesita aproximadamente 4 mil 884 pesos al mes para cubrir alimentos y otros gastos básicos. De ese monto, 2 mil 545.72 pesos corresponden únicamente a alimentación. Entre los productos que más se encarecieron destacan la papa, con un aumento de 62 por ciento, y la cebolla, con 33 por ciento. A esto se suma el incremento de 8 por ciento en el transporte público y de 6 por ciento en los alimentos consumidos fuera del hogar.
Moreno Sánchez consideró que el problema es mayor porque se trata de productos y servicios que las familias difícilmente pueden dejar de consumir. El especialista señaló que alrededor de 60 por ciento de la población no tenía, al cierre del primer trimestre de 2026, ingresos laborales suficientes para cubrir simultáneamente las canastas alimentaria y no alimentaria.
Para una familia urbana de cuatro integrantes, detalló, el ingreso requerido para evitar la pobreza ronda los 19 mil 600 pesos mensuales. A largo plazo, agregó, el comportamiento también refleja la pérdida del poder adquisitivo. El economista resaltó que entre octubre de 2024 y julio de 2026, la canasta alimentaria urbana aumentó 8.6 por ciento, frente a un crecimiento de 6.7 por ciento de la inflación general.
Añadió que este escenario se presenta mientras la economía mantiene un crecimiento cercano al uno por ciento, con menor generación de empleos formales y un consumo e inversión todavía débiles. Por ello, sostuvo que controlar la inflación no es suficiente si los ingresos de las familias no crecen por encima del costo de los productos y servicios indispensables.