La detención del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores, tras una operación ejecutada por fuerzas de Estados Unidos en Caracas, marcó un punto de inflexión en la política regional, coincidieron especialistas al advertir que el hecho colocó nuevamente el intervencionismo estadounidense en el centro del debate latinoamericano y abrió un escenario de presión diplomática, reacomodo geopolítico y posibles efectos colaterales para países como México y Colombia.
El tema fue analizado en la mesa de discusión “La Venezuela de Trump: Consecuencias para América Latina”, transmitida por
TeleClic.tv en el espacio de
alcalorpolitico.com, bajo la moderación del licenciado y maestro Juan Antonio Nemi Dib.
Durante el intercambio, especialistas en ciencia política, relaciones internacionales e historia coincidieron en que el episodio no pudo entenderse como un hecho aislado ni exclusivamente venezolano, sino como parte de una recomposición más amplia del orden internacional, en la que las principales potencias redefinieron áreas de influencia y márgenes de acción.
En su intervención, la académica Camila Contreras Vera calificó el acontecimiento como un “bombazo” con el que inició 2026 y subrayó que sus consecuencias resultaron inciertas en el corto, mediano y largo plazo. Señaló que Chile enfrentaría un cambio de gobierno el próximo 11 de marzo, lo que podría modificar su política exterior frente a Estados Unidos y Venezuela.
Recordó que el gobierno saliente de Gabriel Boric condenó la intervención, mientras que el presidente electo, identificado como de una línea política opuesta, habría manifestado respaldo a la acción. Asimismo, advirtió sobre amenazas explícitas del presidente estadounidense hacia México y Colombia, y habló de un reordenamiento geopolítico que involucró variables como Rusia y China, además de otros focos de tensión internacional.
Por su parte, el investigador Walter Martínez sostuvo que el episodio se inscribió en una lógica de negociación entre potencias y reparto de áreas de influencia.
Planteó una lectura en la que Estados Unidos buscó reforzar su hegemonía continental, mientras otras potencias consolidaron sus propias zonas de control y al mismo tiempo retomó la Doctrina Monroe como una referencia vigente frente al avance económico y político de China y Rusia, y afirmó que el conflicto no respondió principalmente a una confrontación ideológica, sino a intereses de hegemonía política y económica.
Desde esa óptica, habló de un retorno a un imperialismo de corte clásico, centrado en territorio y recursos, y advirtió que, tras Venezuela, otros países como Cuba podrían quedar bajo mayor presión.
En tanto, Martín Quitano centró su análisis en la ruptura de parámetros legales, institucionales y democráticos que, a su juicio, el gobierno de Donald Trump ya había impulsado en el ámbito interno y que ahora proyectó hacia el escenario internacional.
Señaló que esta estrategia buscó exhibir el músculo militar estadounidense y se insertó en acuerdos globales de reparto de poder. Advirtió sobre la expansión de lógicas autocráticas y populistas que debilitaron los contrapesos institucionales, y mencionó de manera explícita el riesgo que este contexto representó para México, particularmente por la presión vinculada al discurso estadounidense sobre narcotráfico y seguridad regional.
En ese escenario, durante la mesa se señaló que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum enfrentó un margen de maniobra limitado, al verse obligado a equilibrar compromisos internos, alianzas regionales y la relación con su principal socio comercial. Los participantes discutieron que la coyuntura abrió una etapa de negociación compleja, en la que las decisiones en materia de seguridad, política exterior y combate al crimen organizado adquirieron una dimensión estratégica.
El análisis también incorporó la dimensión social del conflicto, al advertir que cualquier escalamiento de la crisis venezolana tuvo repercusiones directas sobre la población civil. Se recordó que la migración venezolana ya generó impactos significativos en varios países de la región y que un nuevo periodo de inestabilidad podría agravar la presión humanitaria.
Al cierre del ejercicio, los panelistas coincidieron en que la detención de Maduro inauguró una etapa de mayor confrontación en el escenario internacional, caracterizada por el debilitamiento de los consensos multilaterales y el fortalecimiento de decisiones unilaterales. En ese contexto, subrayaron que América Latina enfrentó el reto de responder con cautela y cohesión ante un entorno geopolítico más tenso e impredecible.