Guillermo Landa Velázquez, nacido en Huatusco, Veracruz, fue un prolífico poeta bilingüe con obra que ha sido traducida al francés, servio–croata y al polaco. De acuerdo con su semblanza expuesta en la Enciclopedia de la Literatura en México, se trata de un autor cuya “expresión poética combina lo clásico con búsquedas formales de corte vanguardista”.
Por sus aportes literarios y su aguda visión crítica, la figura de Landa Velázquez trascendió el ámbito estatal para incrustarse en el imaginario intelectual del país y extenderse fuera de éste, junto a otros grandes que además de enorgullecer a México engrandecen a Huatusco.
Para conservar el acervo artístico y cultural que fue coleccionado a lo largo de su vida, en el 2019 el mismo poeta heredó al pueblo veracruzano su inmueble “Chalet” adquirido en 1953 en el centro de Huatusco, ahora bautizado como la Casa-Museo “Guillermo Landa”, sitio que guarda un sinnúmero de recuerdos familiares y varios rincones de su proceso creativo como escritor.
En un recorrido guiado por Severo López, encargado de este recinto perteneciente a la red de espacios culturales del IVEC, se pudo conocer que la casa conserva en un 95 por ciento el acomodo original que tuvo durante la estancia de la familia Landa.
A través de los distintos salones, unos usados como dormitorios y otros como salas de estar, este museo deja ver que todo rincón fue importante en los procesos de creación literaria.
Vestida con elementos muy característicos de los siglos 19 y 20, donde lucen obras artísticas de élite como como un cuadro que David Alfaro Siqueiros le dedicó a este intelectual, entre muchos otros tipos de piezas, ya desde que uno entra se respira un ambiente que despierta a la inspiración poética.
De fachada azul solemne, la Casa-Museo recibe a sus visitantes con una sala de sillones que inevitablemente evocan a tiempos de la revolución, herencia de algún abuelo, relató Severo López.
Después, conectándose entre sí, el camino presenta al comedor central, gran mesa para 6 personas que además de albergar comidas fue superficie de trabajo de don Guillermo, donde se iban gestando las ideas que más adelante verían la luz. Sirviéndose de un mecanismo especial, las patas de la mesa pueden extenderse para ampliarla, recibiendo hasta 12 asientos.
Luego se pasa a una sala iluminada por un ligero tono rosa, a través de la luz que traspasa al vitral del techo. El espacio se hace grande por su iluminación, luciendo la frontera con el comedor a través de un librero majestuoso.
El camino sigue y en cada esquina, cada paso, curiosidades artísticas de todo tipo saltan a la vista para reflejar costumbres de varias épocas. Se pueden visitar 2 dormitorios más y un baño con algunos utensilios hoy obsoletos, así como la terraza amplia que da la vista al jardín.
El recorrido concluye en lo que fue el estudio de Guillermo Landa. Este cuarto, señala el guía, es donde el proceso creativo alcanzaba al culmen.
Sobre un escritorio al centro del espacio, escoltado por el segundo librero más grande de la casa que se corona con un retrato en gran formato y las cenizas del huatusqueño, habita aún la máquina de escribir que terminaba la magia, compañera del autor en un sinfín de andanzas.
Así, el Instituto Veracruzano de la Cultura invita a visitar este recinto de Huatusco, uno de esos sitios poco conocidos que prometen sorprender a sus asistentes, donde las paredes guardan un buen pedazo de la historia que da identidad a la región.