Vestiduras desgarradas y ojos ciegos
Durante las obras de la avenida Ruiz Cortines, en las últimas 2 semanas, se han puesto sobre la mesa las delicadas prioridades de una ciudadanía que mira como si tuviera ojos de caballo de carreras. Por un lado está la gente que pregona la inutilidad de la ciclovía al sacrificarles un carril para el amado automóvil y por otro lado está la élite ciclista que posiblemente nunca ha movido un dedo para exigir un desarrollo urbano inclusivo, pero que sí que se ofusca cuando la ciclovía se amplía para un uso compartido. Entre estos 2 grupos de gente, que afortunadamente parecen ser minoría, hay otro sector del que casi nadie habla. ¿Y como para qué? La gente que camina.
Mientras en las redes sociales se enzarzan batallas a puro comentario de sangre caliente entre especialistas de nada, en la vida real el desarrollo de la obra en Ruiz Cortines y la planeación municipal que la ha llevado a su ejecución han puesto en evidencia que no hay interés por proteger a los sectores vulnerables de la pirámide de movilidad.
Los pasos peatonales despintados o inaccesibles ahora son obstruidos por vehículos grandes y pequeños que, en su prisa por llegar al siguiente embotellamiento se olvidan de que el peatón siempre irá primero. No existe el alto total cuando una persona que camina quiere cruzar de forma segura. Quien conduce un vehículo posiblemente considera que disminuir la velocidad es suficiente para instigar a que la gente se apure a cruzar, que no estorbe. Y ahí los puedes ver, quedando en medio de los autos que van y los que vienen.
Los agentes de Tránsito del Estado de Veracruz, rebasados por la estrategia (si es que la tienen), sólo son facilitadores del paso vehicular, pero no del peatonal. Nadie se salva en el enmarañado vehicular de Ruiz Cortines e Ignacio de la Llave. Todos tienen prisa.
Rayos de esperanza
Las personas ciclistas que de forma voluntaria hemos ayudado para pacificar el tránsito compartido sobre la ciclovía y facilitar el cruce peatonal de la tienda X24 al Súper Che y visceversa, hemos notado que hay esperanza y oportunidad. Muchas personas sí detienen sus vehículos a tiempo y de forma responsable antes de los reductores y pasos peatonales. Hay motociclistas y automovilistas que conducen lento sobre la ciclovía y con intermitentes; incluso hay gente que saluda el apoyo que damos.
Esas demostraciones de civilidad deberían dar pauta para que Desarrollo Urbano y Obras Públicas de Xalapa coloquen, como mínimo, señalética que instruya al resto de los conductores a ceder el paso a los peatones, reducir la velocidad y compartir el espacio público.
La comunidad ciclista, esa que nos ha tocado escuchar haciendo berrinche por no dejarles venir en contraflujo, no pierde más que 100 metros antes de poder tomar su carril correcto hacia Ruiz Cortines. En serio, ¿tan difícil es desmontar de sus Specialized con aguacate?
En la ciclovía sigue habiendo prioridades, lo hemos visto y lo hemos defendido: la gente que la usa para caminar con mercancía y diablitos va y viene sin mayores complicaciones que las que enfrenta a la altura de “Los Lavaderos” con todos los baches y vidrios rotos. Pero, en este caso, los vehículos que vienen sobre la ciclovía se salen de ella o se van despacio si coinciden en el mismo sentido. La gente de a pie que también va en bici pasa de forma normal; esa es la gente que trabaja duro, la que mejor entiende que compartir y hacer comunidad es lo que nos sirve para lidiar con la mala planeación de las obras. Porque sí, esto que se describe también debió ser planeado.
Ojalá más gente se sumara para ayudar a pacificar la calle y ayudar en los cruces peatonales porque eso de quedarse esperando a que lo hagan las autoridades y quejarse en redes sociales está del nabo.