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Columnas y artículos de opinión

Argentina: recesión y elecciones

Por: Helí Herrera Hernández

22/04/2019

alcalorpolitico.com

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twitter: HELÍHERRERA.es
 
Lo que está pasando en Argentina y que los medios de comunicación internacionales callan, es escalofriante. Para éstos, solo es Venezuela, Nicaragua o Cuba, pero guardan un silencio sepulcral de lo que sucede en aquel país sudamericano que se halla en una severa crisis económica-social, que ubicó a su economía en los albores de la recesión
 
La tasa de desempleo se ubica en 9.6 por ciento (la peor tasa de desocupación de los últimos doce años), mientras que su tasa de actividad no llega ni siquiera al 50%, 46.4 por ciento, para ser más exactos, que implica manifestar a los economistas de aquella nación, que su economía se encuentra prácticamente en recesión.
 
Su moneda, el peso, que el año pasado se cotizaba a 19 pesos por un dólar, en este 2019 ya se cotiza a 43.17, en una devaluación que ha superado el 100%, pero que mientras no estaban cercanas las elecciones presidenciales, al gobierno de Mauricio Macri no le importaba la desvaloración de su moneda, pero ahora que se avizoran en el mes de octubre, donde su reelección corre serio peligro, acaba de anunciar “anclar el dólar”, que no es otra cosa que abandonar la medida neoliberal por excelencia, de hacer que floten las monedas en todos los países frente al dólar, y de esa forma estimular la especulación y favorecer a los especuladores, que terminan haciéndose millonarios a costa de la pobreza de las empresas domésticas, principalmente.
 
La semana pasada, en un video presentado como espontaneo, aparentemente grabado con un celular, el Presidente conversa con una familia, en el que una mujer, con una niña en brazos, junto a su pareja, le hablan de las dificultades económicas que enfrentan. Allí hace un adelanto de las medidas económicas que intentan paliar los efectos de la inflación y la desaceleración de la economía bonaerense.
 
Da cuenta de las medidas que consisten fundamentalmente en acuerdos de precios y mecanismos para que los incrementos tarifarios no lleguen al consumidor, sobre tres ejes esenciales: alimentos, servicios públicos y telefonía, que no es otra cosa que congelar los precios de los útiles escolares, los alimentos y la ropa, pero que, dicho de esta forma, suena y se lee a estatismo o comunismo, en un lenguaje conservador.
 
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (indec), la inflación de marzo pasado fue de 4.7%, mucho más alta de la que habían estimado consultores privados. A nivel interanual llegó ya a 54.7%, con especial impacto en alimentos, bebidas, transporte, y que si siguen así las cosas, en abril y mayo serán aun mayores.
 
De esa forma, Macri, que busca su reelección, anunció el miércoles 17 de abril un acuerdo con 16 empresas de “primera línea” para congelar los precios de 60 productos que incluyen aceites, arroz, harinas, fideos, leche, yerba mate (bebida que se utiliza para elaborar el té más consumido en Argentina), entre muchos otros.
 
En ese país, donde su Presidente se llena la boca criticando a Venezuela un día sí, y al otro también, la pobreza está por encima del 30 por ciento y los precios de los alimentos impactan especialmente en ese sector de la población, y también, aunque no en la misma proporción, a otro 61% de las masas sociales que se ubican en estándares de sobrevivencia.
 
Hay más de 18 millones de personas que prácticamente ya viven de la asistencia social, y otro porcentaje similar de pensionados, jubilados y obreros que reciben un salario mínimo que les permite solamente realizar una comida al día.
 
Y ahora sí, la cantaleta de los presidentes que defienden el modelo económico neoliberal, afirmando y exigiendo que El Estado no debe subsidiar a nadie, pues aquí, el presidente Mauricio Macri, que observa cómo se acerca octubre y crece su repudio nacional, ha optado por ordenar el subsidio a las tarifas de electricidad, al transporte y del gas, y ordenó que se congele también el precio al subte (metro), algo que le criticaba severamente a los gobiernos de Bolivia, Venezuela, Nicaragua, y antes a Brasil, cuando era gobernado por Luis Inacio Lula Da Silva.
 
Decretó también que de aquí y hasta que ocurran las elecciones presidenciales en octubre de este año, no aumentarán los precios de los buses, trenes, ni tampoco de todos los peajes (casetas de pago por utilizar autopistas o cruce de ríos), como también acordó con las industrias telefónicas para que se comprometieran a no subir los precios de las líneas pre-pagadas.
 
Para reactivar el consumo que cayó 8 por ciento, y está generando que miles de trabajadores estén siendo despedidos, Macri anunció a todos los comercios, pequeños y medianas empresas (Pymes) que constituyen uno de los principales motores de la economía nacional, planes de pago de deudas impositivas, exigencias a los bancos para reducir los costos operativos de las pymes y a las tarjetas de crédito, para aclarar los pagos de las compras, además de la exención de impuestos a la exportación, para que así vendan al exterior y lleven dólares a la Argentina.
 
Las decisiones de política pública anunciadas el pasado miércoles (controles de precios, subsidios a los consumidores, congelación del precio del dólar etc.), son idénticas a las que el gobierno revirtió cuando llegó al poder en 2015, tras años de gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, que aplicaban esas mismas políticas, a las que Macri llamaba “estatistas” y “comunistas”.
 
Las sustituyó y las que impuso, han generado una caída de 2.5% del Producto Interno Bruto cada año de su mandato, que en términos de nivel de vida se traducen en miseria y marginación.

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