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Columnas y artículos de opinión

¿Es legal lo que está haciendo Andrés Manuel?

Por: Helí Herrera Hernández

30/07/2012

alcalorpolitico.com

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twitter: HELIHERRERA.es

Pasadas las elecciones del primero de julio, miles de mexicanos discuten cual debería ser el papel del candidato de las izquierdas, una vez conocido el resultado electoral donde Enrique Peña Nieto le sacó más de tres millones de votos de ventaja: ¿Aceptarlo como lo hizo Josefina Vázquez Mota aún no concluida la jornada electoral, o acudir a cada una de las instancias que la ley electoral marca como es LA IMPUGNACIÓN?

Desde luego que los más interesados en que el ex gobernador de la ciudad de México acepte esa ventaja, al parecer son, de manera justificada, todos los militantes del Partido Revolucionario Institucional que un día si y al otro también le exigen que haga lo mismo que la candidata del PAN, en aras de la concordia, la reconciliación nacional y la paz social que tanto necesita nuestro país en estos momentos, y de manera injustificada, desde mi punto de vista, un sinfín de periodistas que, alejados de su misión que es llegar siempre a la verdad de las cosas, se suman cual si fueran priístas a la exigencia, llegando inclusive algunos de ellos a la denostación y epítetos contra AMLO, cual si fueran émulos de Diego Fernández de Ceballos desde que el tabasqueño le ganó el debate en TELEVISA y lo ridiculizó a nivel nacional e internacional, conducido precisamente por Joaquín López Doriga que, increíblemente hoy es uno más de los sumados al linchamiento mediático.

No hay programa noticioso en las televisoras del país donde no se le endilgue el término de “terco, irresponsable, mesiánico, loco, provocador” a López Obrador y todo por haber impugnado la elección debido a las irregularidades que nos ha venido documentando con su equipo jurídico. ”Debería irse ya a su rancho” y reconocer el triunfo de Peña que es inobjetable, prístino, diáfano, puro e inmaculado” son los díceres de muchos de ellos. Los más educados por lo menos le piden que se vaya a vacacionar como lo está haciendo la candidata del PAN la teziuteca Vázquez Mota.

Todos ellos, los que aparecen en la televisión, en la radio y los columnistas de los principales periódicos del país que usted ya conoce, remachan y remachan el estribillo pero nada dicen del escándalo desatado a nivel mundial por las transferencias multimillonarias que el PRI realizó a las tarjetas MONEX, que antes ni el coordinador de la campaña peñanietista Videgaray reconocía (programa de Carmen Aristegui en MVS radio-canal 52 de televisión), mucho menos Jesús Murillo Karam, encargado de los aspectos jurídicos del PRI nacional, y claro, el candidato tricolor don Enrique quienes negaron una y otra vez, como judas a Jesús, la existencia de esas tarjetas, y que más tarde, ante las evidencias encontradas, han tenido que salir a decir que sí, que siempre sí las repartieron, pero que sólo eran cuando mucho por 72 millones de pesos, sin darnos una explicación de dónde provino el recurso financiero.

El escándalo sin embargo no paró allí. En la medida que se escarba salen más y más pruebas relacionadas con el nada limpio juego electoral del PRI y su candidato, que al parecer ya es una escuela la que en estos menesteres de las tarjetas tienen, pues hoy sabemos que con la empresa de conveniencia SORIANA han realizado millonarios negocios de compras de despensa, faltaba menos, pues dicha negociación también estuvo repartiendo tarjetas como “la efectiva”, sólo para aquellos priistas que se las ganaban por acciones heroicas como conseguirle votos al ex gobernador del estado de México.

Son tantas la pruebas que han surgido que el mismo presidente de México Felipe Calderón exigió a las autoridades electorales investigarlas a fondo, porque a juicio del mandatario evidencian la compra de votos y eso es prueba suficiente para no afirmar, como lo hizo el 1 de julio antes de las 11 de la noche, el “triunfo inobjetable de Peña. El recule del ejecutivo federal viene a dar al traste con el “inmaculamiento del proceso electoral” que los priístas y periodistas no se cansan de decir que fue limpio y que, en consecuencia, AMLO es terco, testarudo, necio y loco.

Otro más que también dio marcha atrás es el líder nacional del Partido (de) Acción Nacional Gustavo Madero, que como el presidente Calderón, exigen al IFE y al TRIFE ir al fondo en el monexgate y desenredar esta entramado financiero que otros periodistas en el mundo están catalogando como compra de votos, pero que acá en México, sus colegas y compañeros de profesión no ven, no escuchan y no dicen nada, salvo que sea para insultar a Andrés Manuel.

¿La pregunta aquí es saber si AMLO está haciendo algo ilegal? Si la ley electoral no lo faculta a impugnar la elección. Si tiene derecho hacerlo o, si contempla que al terminar de contarse los votos el que ganó ganó y el que perdió debe ir alzarle la mano sin importarle cómo haya sido el triunfo? Digo esto porque Porfirio Díaz ganaba elección tras elección y en aquella época también había mucha gente que le exigieron a los que se las cuestionaban que respetaran a esos triunfos, y tildaron a Francisco Madero de revoltoso, mesiánico y demás calificativos que usted ya conoce.

La historia en cambio hoy al de parral, Coahuila, lo tiene como el “apóstol de la democracia”, mientras que al que ganaba las elecciones con decenas de puntos porcentuales de ventaja como un dictador.

Hay que advertirle a los Ciro Gómez Leyva, Carlos Loret de Mola, Joaquín López Dóriga, Carlos Marín, Adela Micha, y demás periodistas del altiplano, así como a muchos de provincia, que el Código Electoral le otorga a los partidos políticos y candidatos que no estén de acuerdo con una elección a inconformarse impugnándola. Que es un derecho que la Constitución le brinda a través de esa ley reglamentaria, y que si tienen algo de raciocinio deberían, aunque odien a AMLO, de respetarle esa garantía, porque éste, además, no está convocando a una revolución armada.

La historia de los pueblos es la historia de sus grandes hombres; aquellos que ante los problemas que enfrentaron sus patrias en lugar de claudicar levantaron su voz y exigieron una DEMOCRACIA INTEGRAL, no aquella donde exclusivamente se respete el voto y ya. Una nación es realmente democrática cuando sus habitantes tienen asegurada la salud, el empleo, la vivienda, la educación, el acceso a la cultura, al deporte y a la recreación, y cuando estos derechos no los disfrutan es cuando surgen esos gigantes que conducen a los que padecen de bienestar social a mejores estadios de vida.

Exigir que una elección se analice para descubrir si fue realmente como la ley electoral lo dice no es delito, y quien o quienes lo hacen no son ni delincuentes, ni locos, ni bastardos, ni mesiánicos. La terquedad es un estado de ánimo que surge de los principios que abraces: si estás de acuerdo con el país que tenemos y deseas que todo siga igual (desempleo, educación elitista, salarios pésimos, alzas de gasolina, gas y luz, elevación de precios de alimentos y medicinas, instituciones de salud mediocres, violencia, corrupción y enriquecimiento de unos cuantos), pues síguele exigiendo a López Obrador que vaya a levantarle la mano a Peña y se quede calladito, para que así se gane el apapacho, el cariño y el amor de los periodistas que hoy lo fusilan desde sus trincheras. Si piensas que México debe cambiar para evitar a futuro una revolución que ni siquiera AMLO la vaya a convocar, reconócele por lo menos que está con la ley en la mano haciendo uso de sus derechos al impugnar esta elección, que en varias partes del mundo verdaderos periodistas la cuestionan también.

Los priístas, vaya como colofón el comentario, también impugnaron la elección del estado de TABASCO y el triunfo de la izquierda allí, y nadie de los que critican AMLO les ha dicho nada. Yo menos porque sé que están en su derecho y quizás hasta deber de hacerlo.

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