Una de las tradiciones que se preserva en la zona de las Altas Montañas, es el Xochitlalis que es la ofrenda a la madre Tierra Tonantzin. Quienes se encargan de hacer la ceremonia son los ritualistas, que en muchas de las ocasiones son personas longevas acompañadas de jóvenes, es decir las nuevas generaciones que tienen la misión de conservar la tradición.
Este rito se hace cada primer viernes de marzo, con el propósito de decirle a la madre tierra que abra su corazón para el comienzo de un año más. Esta práctica, según lo han dado a conocer los ritualistas, desde los ancestros se hacía en las cuevas y se realizaban en la parte más profunda de éstas, para estar en contacto con la madre tierra en la ceremonia.
A Tonantzin se le pide que se tenga buena cosecha y fortaleza en los campos durante el nuevo ciclo que comienza. Ésta es una práctica ritual que expresa la concepción de los nahuas en su relación con la madre tierra en las riquezas del subsuelo, frío y húmedo.
El evento es acompañado por danzas y música prehispánica. Primero se da gracias por las cosechas del año y después se hace una petición para el nuevo.
Es importante que al iniciar se pida permiso a los cuatro elementos fundamentales de la Naturaleza, que son tierra, aire, fuego y agua.
Después de las danzas de origen prehispánico en honor a Tonantzin, se colocan las flores, los productos de la cosecha como frutas, verduras.
La Inteligencia Artificial define a Tonantzin como
"nuestra venerable madrecita" en náhuatl, es una figura divina prehispánica venerada por los mexicas como diosa madre de la fertilidad, la tierra y la vida. Asimilada a deidades como Coatlicue, Cihuacóatl o Toci, su culto se centraba en el cerro del Tepeyac, evolucionando tras la conquista hacia la veneración de la Virgen de Guadalupe