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Sección: Estado de Veracruz

Cremonese cumple 36 años formando futbolistas y hombres de bien en Xalapa

- La escuela fundada por Martín Bello Martínez nació en un pequeño espacio y hoy es un referente del futbol xalapeño

- Su mayor orgullo no son los trofeos, sino los jóvenes que ha formado dentro y fuera de la cancha

Julián Rodríguez Xalapa, Ver. 16/08/2026

alcalorpolitico.com


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El inicio de la escuela de futbol Cremonese no fue fácil. Su fundador ocupó en sus comienzos un pequeño espacio de apenas 10 metros de largo en el Centro Deportivo Ferrocarrilero, pero al mirar atrás reconoce que todo valió la pena porque hoy es una de las instituciones de mayor prestigio en la ciudad.

El tiempo pasó volando y, a 36 años de distancia, Martín Bello Martínez, quien estructuró y le dio vida a este proyecto, ve con orgullo lo que ha construido, sobre todo porque proviene de un barrio donde los malos hábitos eran comunes.

"Jugaba descalzo entre piedras y porterías de carrizo, por eso cuando crecí nació la idea de formar a muchos niños", recordó el director técnico.



El reconocido formador no mide su historia en copas ni trofeos; prefiere los abrazos y las risas de los niños. Muchos llegaron a entrenar con zapatos en mal estado y a veces sin ellos, chicos que probablemente se habrían perdido en la calle, pero que el futbol rescató.

Cremonese se ha consolidado como semillero de futbolistas que han llegado al máximo circuito del futbol mexicano, pero su mayor satisfacción es formar buenas personas. "Lo demás es ganancia, es parte de mi misión", dijo.

El camino no ha sido sencillo y ha tenido que buscar espacios donde entrenar. "Después del Ferro vino el campo de El Túnel, la Casa de Campo, el Seminario Menor, en la colonia 3 de Mayo, la Casa Hogar y el Quirasco", mencionó.



"Hoy vuelvo a donde fui feliz. Ahí estamos jugando en la Liga Escolar Xalapeña, en esos espacios con historia, donde muchos como nosotros fuimos felices", comentó.

Su filosofía se ha mantenido intacta: "Quiero que el deporte y el estudio vayan de la mano, que por medio del deporte estudien, que nunca prueben el alcohol ni las drogas. Esa es mi idea, que tengan salud, que estén en paz y sean felices".

Cuando se le pregunta qué significa un niño para él, su voz se quiebra. "Es el futuro, es todo lo que puedes transformar con amor, con confianza y seguridad. Yo no tuve quien me acompañara de niño, quien me fuera a ver a mis partidos, pero entendí que mis padres trabajaban y se sacrificaban para que comiéramos, y eso también te va formando".



Reconoce que su carácter es fuerte, de disciplina estricta y exigencia, pero es la fórmula que le ha dado resultados. En tiempos de marketing y promesas falsas, su escuela mantiene una dirección transparente. "Mi escuela siempre ha caminado con humildad. Yo no vendo ilusiones ni sueños que no puedo cumplir, porque sería engañar a los niños. Yo les hablo con la verdad".

Su receta es clara: "Disciplina, talento, carácter, fortaleza mental, actitud, disposición y creer en uno mismo. Y predicar con el ejemplo, aprender a festejar la derrota y la victoria con humildad, porque hoy hay mucho ego y soberbia".

Por sus manos han pasado muchos jóvenes que han llegado a equipos de Primera División. Sus últimos orgullos son Yonathan del Valle e Isabela Berti, ambos en las Águilas del América. "Es uno de los últimos logros que hemos hecho todos los xalapeños. A Isabela la crie como a mi hija desde los tres años y medio. Yo no veo el color ni la sangre, Dios nos enseñó a ser hermanos. Y a Yonathan, desde los cuatro o cinco años. A veces me reflejo en él. Nosotros no tuvimos quien nos guiara para llegar a donde soñábamos. Yo hice lo mejor que pude con ellos, ya Dios dirá".



Hoy, Cremonese tiene 60 niños entrenando a diario en la cancha conocida como el "Quiosco" de la colonia Tres de Mayo, con las puertas abiertas para quien desee aprender, aunque no tenga talento natural. "Hoy muchos sólo ponen a jugar a los que ya tienen cualidades y dejan a un lado al niño que hay que formar, pero para mí es mayor la satisfacción tener a esos chicos, a los que hay que hacer, y gracias a Dios tengo bastantes".

Y cierra como buen guerrero de barrio, con la frase que lo define: "A mí no me importa dónde me pongan a entrenar. Cuando tienes ganas de crecer y aprender, donde te pongan la haces".

Después de 36 años, el reconocido entrenador sigue en la misma trinchera, con el mismo silbato y el mismo corazón de barrio, porque Cremonese ya no es sólo una escuela, es una gran familia que el destino ha unido a través del tiempo.