Hay cosas que parecen inseparables de las fiestas patrias: la bandera, los fuegos artificiales, la música y, en muchas plazas mexicanas, un elote preparado con mayonesa, queso y chile.
Pero en Cuernavaca, Morelos, hay una excepción peculiar: durante la celebración del Grito de Independencia, el elote entero con su tradicional palo tiene que esperar.
La medida se aplica en el primer cuadro de la ciudad, particularmente en el entorno de la Plaza de Armas, durante las horas de mayor concentración de personas. Los comerciantes pueden continuar ofreciendo esquites, mientras que la venta de elotes enteros se retoma una vez concluida la ceremonia.
El origen está en un “elotazo”
La historia se remonta a 1994, cuando el entonces gobernador de Morelos, Jorge Carrillo Olea, salió al balcón del Palacio Municipal para encabezar el Grito.
De acuerdo con versiones periodísticas que han reconstruido aquel episodio, desde la multitud fue lanzado un elote que alcanzó al gobernador y terminó manchando su traje. El hecho no provocó lesiones y la persona que habría lanzado la mazorca no fue identificada.
A partir de aquel episodio nació una peculiar asociación entre el elote y las protestas durante el Grito. Sin embargo, una revisión publicada este año señala que no existe documentación que permita confirmar que hayan ocurrido otros ataques similares con elotes contra gobernadores. Con el paso de los años, la anécdota terminó convertida en una medida preventiva.
El argumento actual ya no tiene que ver solamente con aquella historia. El Ayuntamiento ha señalado que la restricción busca salvaguardar a las personas que acuden a la celebración, debido a que una mazorca completa, especialmente cuando lleva un palo, puede ser lanzada y convertirse en un objeto capaz de causar lesiones.
En 2024, el Gobierno Municipal documentó oficialmente la prohibición de vender elotes en el perímetro de la Plaza de Armas durante las fiestas patrias, junto con restricciones a la pirotecnia y juguetes bélicos.
La disposición no elimina completamente al elote de la noche mexicana. La solución encontrada por los comerciantes es sencilla: “Si el antojo es de maíz preparado, toca comerlo en vaso”.
Así, mientras en otras ciudades el elote puede acompañar la espera del Grito, en el centro de Cuernavaca la tradición tiene una pausa cada 15 de septiembre. Y todo por una curiosa lección de la historia local: “Hay noches en las que hasta un elote puede ser considerado demasiado peligroso para acercarlo a un balcón”.