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Dar, recibir y corresponder: ciclo virtuoso que conservar

Jorge Salazar Garca 19/10/2020

alcalorpolitico.com

Nicholas Carr[1], analiza en su obra la hipótesis de que el Internet está convirtiendo a los usuarios en personas “SUPERFICIALES”. Y no le falta razón. Sin duda la influencia de las redes y los medios de comunicación han modificado la forma de relacionarnos, interpretar y sentir en el mundo. Pues como nunca antes las emociones se separan cada día más del conocimiento.Pareciera que la mediocridad y el ser narcisista son los nuevo méritos de la modernidad.
 
La abrumadora tecnología mediática se orienta mayoritariamente más a producir seres insensibles y perezosos para pensar que actúan irreflexivamente sin utilizar su don de crítica. Su realidad se limita a “copiar y pegar” mecánicamente el saber almacenado en 0 (ceros) y 1 (unos) dentro de una máquina.
 
La persona ya no “agradece” por ese conocimiento ni lo pide por favor” porque sabe que eso no interesa a quien se lo proporciona; lo único que importa es QUE PAGUE. No se necesitan títulos académicos para entender que la soberbia o prepotencia mostradas al NO dar las GRACIAS ni pedir algo “POR FAVOR, detonarán desajustes de personalidad además de iniciar un ciclo perverso donde mientras más se exige lo que no se ha ganado, más crece la insatisfacción y el odio.
 
Tal tragedia es distintiva en los atrapados por las redes, que creen merecerlo todo sin trabajar o dar nada cambio. Si el pedir “por favor” y dar “gracias” les parece humillante e indigno, la consecuencia lógica grave será romper el ancestral ciclo humano de  DAR-RECIBIR-CORRESPONDER presente en todas las culturas.
 
De este ciclo trata el libro El enigma del Don que describe la “DACIÓN”, como la trasferencia voluntaria de una cosa que nos pertenece a alguien que creemos no puede negarse a aceptarla[2]. Por otro lado, Marcel Maus (1925; Sociología y Antropología) la conceptúa como un proceso de intercambio de obligaciones mutuas que viene desde tiempos remotos cumpliendo una función de orden y equilibro esencialmente comunitaria.
 
De lo anterior se intuye la existencia de un orden donde esencialmente el principio se funde con el fin y viceversa regidos por leyes cuya transgresión corrompe la evolución natural de los procesos. Precisamente la corrupción es responsable, siendo inherente al modelo de mercado, fundamentado en la propiedad privada de los medios de producción, el consumismo y compraventa de la mano de obra, de convertir en natural permanentes las crisis sociales. Siendo su esencia el desequilibro y la inequidad, generalmente combatirán a cualquier individuo que luche por restituir el justo orden en el ciclo de este sistema, si se desea conservar el ciclo DAR-RECIBIR-CORRESPONDER.
 
El ciclo se origina con la acción de regalar, motivada por al deseo de complacer a alguien digno de estimación sin esperar nada a cambio.
 
De mutuo propio obsequiamos a quienes apreciamos o queremos ver felices sin importar otra cosa. Incluso si la persona nos es indiferente o no le tenemos afecto especial la consecuencia lógica de regalar es el establecimiento de una relación empática. La única condición es que la “dación” (cortesía, comida, hospedaje u objeto), se realice "de corazón" o para corresponder a un favor antes recibido. Si las intenciones son obtener ventajas o comprometer al obsequiado, entonces la posibilidad de establecer una relación armoniosa se pierde. Lo mismo sucede si el obsequiado simula afecto o esconde interesadas pretensiones materiales. Un abrazo, un beso, una caricia, un saludo son regalos que deben corresponderse con otro igual o manifestando gratitud franca.
 
La ciencia demostró que para mantener el equilibrio en un proceso dinámico, a toda acción corresponde otra de igual magnitud pero en sentido opuesto. En el ámbito espiritual no es así del todo; a la acción de DAR, le corresponde una reacción recíproca, pudiendo ser de mayor magnitud. Es decir; se puede DAR más de lo recibido sin romper ciclos. Es decir, el DAR no vacía, sino llena y hasta puede colmar porque la tendencia o espíritu de lo dado es retornar a su poseedor original. El ejemplo clásico es dar “amor”; amando, las personas se sienten felices y en paz, nunca VACÍAS.
 
Siendo seres con libre albedrío se tiene la capacidad de iniciar, terminar o interrumpir el proceso. Hacerlo sin respetar al otro, no lo dude, las consecuencias llegarán tarde o temprano. Si quien inicia el ciclo (DAR, RECIBIR O CORRESPONDER) comparte lo que tiene con la intención de agradecer su posesión y sin la intención de obtener más de lo que DA, sucederá que el orden justo se conserva y no habrá efectos negativos. En cambio, si el donatario es quien no CORRESPONDE debidamente a lo recibido entonces las consecuencias negativas repercutirán en él. Tal vez se pregunte cómo saber cuándo se Da o DEVUELVE lo justo. Aunque puede usarse la aritmética, lo más seguro es recurrir al sentido común. La tranquilidad interna será un buen indicador (entre otros) de haber obrado correctamente.
 
¿Qué sucede cuando se regala algo a quién no apreciamos o nos parece indigno? Simplemente, la cosa pierde su espíritu de REGALO y la relación queda encadenada a convencionalismos sociales y se COSIFICA. Desde este punto, lo humano (amistad, amor, solidaridad) se ausenta o SIMULA debilitando la estabilidad emocional. Un caso típico de lo anterior se presenta en los “intercambios de regalos” organizados en centros de trabajo, clubes y escuelas, cuando por sorteo se impone regalar a quien no escogimos o somos asignados para que nos obsequie quien no nos eligió. Por supuesto, no es bueno, no obstante, esta situación puede corregirse  rechazando regalar o aceptar el obsequio expresando sinceramente las “gracias”.
 
Para concluir analicemos brevemente el acto de DAR en las áreas comercial, política y social.
 
En la primera es común encontrase con ofertas de “llévese uno de regalo en la compra de…,  descuentos y obsequios varios. Está claro que el objetivo de los comerciantes no es equilibrar la injusta repartición de la riqueza sino lograr vender su producto. Si en dicho acto entrega realmente lo que ofrece, el comerciante puede estar en paz consigo mismo. En caso contrario, la ganancia no llegará o se esfumará y tendrá que recurrir al engaño o al robo para conservar su negocio. La acción de Dar la prostituyen también quienes OFERTAN empleos como si estuvieran regalando algo a los trabajadores. Lo cual es falso. El empresario que recibe más por el salario que ofrece fractura el ciclo virtuoso de DAR-RECIBIR Y CORRESPONDER.
 
En la POLÍTICA, mercantilizada como está, la situación es peor.
 
El político hace campaña ofreciendo “REGALOS” como un comerciante. Casi no hay diferencia  entre la dadivosidad comercial y la política, en ambas áreas los sentimientos de bondad o justicia hacia el votante o cliente generalmente no existen. Ya que el objetivo final de esa conexión unidireccional es el DINERO. Naturalmente, al no establecerse una relación de DACIÓN digna, su futuro terminará en una patológica insatisfacción. Pero ¿qué pasa con el ciudadano que acepta regalos comprometiendo su voto? Las consecuencias tampoco serán buenas, sólo que dependerán del modo de recibir y corresponder el “obsequio”.
 
Probablemente el trueque sea la fuente de ese ciclo, ya que es la manera más justa de intercambiar “dones” en una comunidad. Pues  en tales circunstancias la gratitud se expresaba directa  y sinceramente quedando las partes satisfechas. Evidentemente, era así porque la relación equitativa y el orden natural se mantenían.
 
En la política y en el mundo de los negocios, como en los individuos siempre habrá notables excepciones; el viacrucis de la humanidad es atribuible a esos codiciosos que acusan sin razón de lo mismo que son responsables (injusticia) demandando que otros obren bien incitándolos al mal (parafraseando a Sor Juana Inés de la Cruz). Muchos de sus ejemplares, de continuar odiando, terminarán siendo más infelices de lo que son actualmente. Eso dicen algunos estudios médicos que han descubierto que el 90 por ciento de las enfermedades se deben al desequilibrio de las EMOCIONES.
 
[1] Autor del libro “Superficiales” ¿Qué está haciendo Internet con nuestra mentes? Ed. Random House. 2018.
[2] Godelier Mauricio. “El enigma del don”. Ed. PAIDOS. Barcelona; España. 1998, pag. 24
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