La glicina de mi jardín trepa por la alta barda de tepetate que divide la mía de la casa vecina y se desparrama por su “cama” –como le dicen las caseras al emparrado que techa los andadores del jardín. En invierno se queda sin una sola hoja y parecería que sus ramas podrían alimentar la chimenea, pero, apenas entra la primavera, la glicina florece antes de que le hayan brotado las hojas, como las jacarandas y sus flores lilas, a manera de racimos de uvas, penden protuberantes para embriagar con su fragancia a quien transita por su sombra. [...] fragmento tomado de
El viaje Sedentariode Gonzalo Celorio.
Así nos inspira la vegetación cuya floración no pocas veces se convierte en referente de temporadas estacionales o fechas significativas, como las flores de muerto –cempasúchil, moco de pavo- que ya pueblan los campos de cultivo y algunos jardines públicos en estos días previos a los Días de Todos Santos o Días de Muertos. Lo mismo ocurre con las pascuas o flores de nochebuena en diciembre, las varas de San José en marzo o como escribe el mismo Celorio, agradezco la persistencia de los alcatraces que desafían el invierno con la erección primaveral de su pistilo...
El Jardín de Tere es muy atractivo, desde el paso en vehículo es advertido y ya no decir caminando. Su casa se distingue y hermosea la cuadra. Uno se alegra con el conjunto que va desde el frondoso verde que descansa sobre el frente de la terraza, a manera de penacho y la bordea por el lateral y una hermosa buganvilla de tallos sinuosos que se recarga sobre la saliente y deja caer desde lo alto sus flores color durazno.
Creo que ya hemos dicho que la buganvilla o bugambilia, como le decimos comúnmente, es un arbusto de origen americano de hojas ovales de color rojo- morado y que, gracias a injertos y a la mano del hombre, encontramos en fucsia, rosado, amarillo, naranja y otros. Sus flores son pequeñas y verdosas. Estos arbustos se encuentran por toda la ciudad, se asoman por las bardas y las azoteas, ya se inclinan, ya tuercen sus tallos, su propósito es dar pinceladas de belleza a la ciudad ¡Vamos! Como que ese es su cometido. Las buganvilias son tan xalapeñas y veracruzanas que su origen bien podría ser este.
En este breve jardín lateral, sobresalen las plantas trepadoras, la hiedra, las galateas, los helechos y las flores de belén en variados y alegres colores, las cuales Tere se trajo hasta la banqueta, al pie del árbol que da la bienvenida a los transeúntes.
Le recuerdo que sólo nos quedan dos lunas de Octubre, puede darse el permiso de sentirse romántico. Gracias por sus comentarios
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