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Universidad Anahuac

Sección: Estado de Veracruz

Libertas

Deshielo del Permafrost

Jos Manuel Velasco Toro 11/08/2022

alcalorpolitico.com

En enero de 2022, Eriel Lugt, activista Inuit de la región ártica de Canadá, declaró en una entrevista realizada por Noticias ONU, lo siguiente: “Veo en mi futuro y en de nuestros jóvenes, a nuestra comunidad completamente reubicada”. ¿Por qué declaró esto? Con tono de tristeza que no oculta el enojo, refiere que el calentamiento global está derritiendo los “eternos hielos” alterando profundamente el entorno en el que viven desde hace miles de años.

Y ese proceso de licuación está, también, provocando el derretimiento del permafrost. Pero ¿qué es él permafrost? Es el terreno formado por dos capas, el suelo cuya superficie es tierra que se descongela durante el verano y permite su cultivo; la otra interior o subsuelo formado por tierra, rocas y materia orgánica que permanece congelada durante todo el año formando una base compacta.

Este subsuelo congelado va desde unos centímetros hasta varios metros de profundidad alcanzando, en algunos sitios de Siberia, 1.5 kilómetros, y ha estado congelado desde hace millones de años. Para quienes habitamos en la latitud norte de la línea del Ecuador y en la latitud sur del paralelo de Cáncer en el hemisferio Norte, nos cuesta trabajo imaginar la existencia de un subsuelo congelado, toda vez que nuestra experiencia directa es la de suelos blandos y profundos que podemos excavar y cultivar a lo largo del año.



Esto no ocurre con el permafrost que cubre parte del extremo norte del Trópico de Cáncer y el Círculo Polar Ártico, superficie que comprende, buena parte del norte de Canadá, Groenlandia, países Nórdicos, Tíbet, la extensa región de Siberia en Rusia y buena parte del territorio norte de China, el cual se formó durante la Edad de Hielo en el periodo geológico conocido como pleistoceno cuya antigüedad abarca una línea temporal que inició hace 2.5 millones de años hasta hace 12 mil años.

Durante todo ese tiempo, hasta el día de hoy, se había mantenido congelado bajo los antes “eternos” hielos del Ártico. Situación que está llegando a su fin como consecuencia de la acción antropogénica cuya secuela es el aumento de la temperatura global que afecta a toda la Tierra.

François de la Rochefoucauld (1613-1680), escritor y político francés, afirmó: “La pequeñez de la mente es la causa de la terquedad, y no damos crédito fácilmente a lo que está más allá de nuestra vista”. ¿Por qué traigo a colación la necedad? Simplemente porque esa es la actitud que priva en la sociedad planetaria con respecto a las causas del calentamiento global.



No queremos reconocer la verdad de lo que está sucediendo como resultado de la actividad antropogénica, es decir, humana. Mucho menos queremos extender la mirada más allá de lo local para tomar consciencia de que existe una interconexión entre cada suceso climático. La tercera ley de Newton establece que a cada acción corresponde una reacción, para decirlo con palabras llanas, y si bien él se refirió a las leyes de la Física, esta máxima no se sustrae a la sociedad humana.

Hace trescientos años dimos un gran salto tecnológico con la primera Revolución Industrial al aplicar el conocimiento al desarrollo del motor de vapor, cuyo funcionamiento requería de agua y fuego. Para producir fuego que transforma el agua en vapor y, por tanto, en la energía para mover la máquina, se empezó a quemar carbón mineral.

Luego, en el siglo XIX, llegó la segunda Revolución Industrial que radicó su potencial en la energía eléctrica. Y de nuevo, para producirla se requería de combustible y éste continuó siendo carbón mineral al que se le sumó petróleo. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XX y en la primera década del XXI, se dieron la tercera Revolución y cuarta Revolución Industrial que refieren a las tecnologías de la información y la comunicación, seguida de la gran transformación digital, respectivamente.



Pues bien, cada momento histórico que se corresponde con cada una de las revoluciones tecnológicas que han impulsado el progreso de la sociedad humana, han requerido de energía para poder desarrollarse. Y, claro está, el progreso también trajo aumento de la población mundial que reclama energía para realizar toda actividad cotidiana la que se produce a partir de la quema de carbón y petróleo.

Dos elementos que se formaron hace millones de años a partir de materia orgánica cuya molécula base es el carbono, necesario para el ciclo biogeoquímico. Al oxidarse, libera Dióxido de Carbono (una molécula de carbono y dos de oxígeno, CO2), gas que los seres vivos producimos al respirar y que las plantas, mediante el proceso de fotosíntesis descomponen en carbono para su alimentación y liberan oxígeno a la atmósfera, fundamental para respirar y dar continuidad a la vida, de ahí la importancia de bosques, selvas y algas marinas.

Por otra parte, el CO2 acumulado en la atmósfera terrestre funciona para atrapar parte del calor solar que ingresa a la Tierra permitiendo mantener un equilibrio entre frío y calor apto para poder vivir. Pero ¿qué ocurre cuando con la actividad industrial, aumento de la población y todo el estilo consumista que nos caracteriza incrementa la liberación de CO2 a la atmósfera? Sencillamente se rompe el equilibrio existente, como ya aconteció.



Al acumularse cada vez más calor en la atmósfera aumenta la temperatura global con reacciones, ya no de causa efecto lineal, al estilo de la ley de Newton, sino que ahora las reacciones son causas de otras reacciones que se manifiestan en red, es decir, en un tejido complejo cuyos nodos interactúan unos con otros afectando con rapidez a todo el sistema terrestre con manifestaciones comunes y diferenciales, a la vez.

En el paralelo de Cáncer, para hablar sólo del hemisferio norte, la sequía está siendo muy manifiesta, prolongada y fatal para la agricultura productora de alimentos y el abasto de agua para consumo humano, ya no digamos industrial. Mientras que, en el Círculo Polar Ártico y su entorno, el aumento de la temperatura global está acelerando el deshielo de glaciares y del subsuelo, del permafrost explicado líneas arriba, lo que provoca otras reacciones, nada alentadoras.

La materia orgánica antes congelada, al entrar en contacto con el oxígeno se descompone y libera más CO2 a la atmósfera, junto con gas Metano, que también tiene efecto invernadero, lo que aparte daña la capa de ozono de la atmósfera que nos protege de los rayos ultravioleta provenientes del sol. Esa es una reacción. Otra es de efecto posible ya observado: la liberación de microorganismos, bacterias y virus al estar congelados habían permanecido en estado latente, pero al volverse a dar condiciones adecuadas para su activación, pues simplemente lo están haciendo, con consecuencias aún no conocidas para la salud.



Desde luego la alteración ecológica afecta, con irremisible tendencia, a la desaparición de especies animales como el oso polar y las condiciones de habitabilidad milenaria de la población Inuit. Otra derivación es el daño a la infraestructura por el hundimiento del suelo al perder su base congelada, lo que provoca fractura y destrucción de carreteras, pistas de aterrizaje y vías férreas, colapso en edificios y casas, fisuras en oleoductos y gasoductos, movimientos sísmicos, caída de árboles y otras consecuencias que, obviamente, ya tienen impacto económico grave.

La Universidad de Helsinki, Finlandia, calculó que, de continuar el mismo ritmo de descongelamiento del permafrost, en dos décadas alrededor de 500 pueblos y ciudades serán seriamente afectadas con probable desplazamiento de buena parte de su población. De ahí el reclamo de Eriel Lugt. ¿Por qué la necedad humana de no querer asumir su responsabilidad del desastre climático? ¿Por qué la actitud negativa para actuar y frenar las causales del aumento de la temperatura global? ¿Por qué el terco y criminal empeño en seguir generando energía mediante la quema de combustibles fósiles cuando se tiene la tecnología para impulsar fuentes renovables y más limpias? Seguiremos reflexionando sobre este grave problema que tiene bajo la picota la continuidad del progreso civilizatorio y la permanencia de la especie humana en la Tierra.