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Sursum Corda

Dios da la capacidad de resistir pero no la da por adelantado

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 10/08/2020

alcalorpolitico.com

El creyente se suele preguntar, en medio de la tragedia que estamos pasando, qué es lo que Dios quiere de nosotros. La pandemia ha generado mucho sufrimiento en diferentes aspectos de la vida. Pero no pensamos solamente en la economía, en la salud, en nuestras familias, en el desenlace de todos los que están contagiados, en los que ya han partido a la vida eterna, en el futuro de nuestro país, sino que también pensamos las cosas de manera espiritual.
 
El cristiano también hace una lectura espiritual de los acontecimientos que estamos viviendo para tener una mirada más completa y saber qué nos diría Dios en este momento, ante tanta confusión y oscuridad. Después de estar saturados de tanta información escuchando a las autoridades y a tantos especialistas que se explayan en análisis y pronósticos, tenemos necesidad de preguntarle a Dios y de escuchar su respuesta.
 
Nuestra espiritualidad como cristianos nos hace poner toda nuestra confianza en la Palabra de Dios que se proclama y que es la respuesta del Señor para los tiempos que corren. No estamos esperando signos extraordinarios ni revelaciones especiales, sino que ponemos nuestra atención y nuestro corazón en la Palabra que se proclama porque a través de ella nos va llegando la respuesta que tanto esperamos para estos tiempos críticos.
 
Por medio de su Palabra Dios está respondiendo a nuestras interrogantes. A partir de la experiencia de Pedro que se hunde en el mar después de que Jesús lo llama a caminar sobre las aguas, se va esclareciendo que la respuesta de Dios para estos tiempos es no dejar de ver a Jesús, aunque sean potentes y desafiantes las tormentas que enfrentamos en la vida.
 
Si lo dejamos de ver nos hundimos, como Pedro; si dejamos de ver a Dios nos cansamos, como el profeta Elías. Aunque estemos pasando tiempos turbulentos, el creyente tiene que poner su mirada en Jesús.
 
Ahí está el mar y la tempestad que en la Biblia simbolizan el misterio del mal. Eso es lo que en su momento atemorizó a Pedro y le quitó la paz, le provocó miedo y entonces se vio más a sí mismo, dejando de ver a Jesús que lo llamó.
 
También nosotros, a la hora de ir a Jesús, experimentamos las tempestades de la vida a través de las distintas manifestaciones del mal, lo cual nos lleva a vernos más a nosotros mismos. Ante las problemáticas que está desencadenando esta pandemia piensa uno más en lo que tiene: “tengo tanto dinero, tengo este empleo, tengo la incertidumbre del trabajo, tengo estos ahorros, tengo estas propiedades, tengo estos apoyos, tengo estos amigos”, etc.
 
Así crece la lista de seguridades, pero pocas veces decimos: “tengo a Dios conmigo”, “cuento con la gracia de Dios”. Por eso uno se viene para abajo, uno se hunde y se cansa porque todo gira en torno a nuestras pertenencias y seguridades, haciendo a un lado lo más necesario y esencial que nos sostiene en esta aflicción.
 
Esta es la respuesta de Dios para estos tiempos: “no dejen de ver a Jesús”; es un asunto de fe. Si miramos más el bolsillo, las propias capacidades y las seguridades que nos puede ofrecer este mundo terminamos hundiéndonos, como Pedro, ante tantas aflicciones.
 
Un cristiano reconoce que siempre va necesitar de la gracia de Dios y de esa mano salvadora de Jesús que no va permitir que nos hundamos. Miremos a Jesús y cada vez que nos caigamos y dudemos no dejemos de agarrarnos de la mano de Jesús que siempre nos ofrecerá su apoyo para levantarnos y seguir caminando.
 
Como recomienda el papa Francisco: “Cuando sentimos fuerte la duda y el miedo y nos parece que nos hundimos, en los momentos difíciles de la vida, donde todo se vuelve oscuro: no debemos avergonzarnos de gritar, como Pedro: "¡Señor, sálvame!" Llamar al corazón de Dios, al corazón de Jesús: "¡Señor, sálvame!"
 
Como los apóstoles que hicieron su profesión de fe, también nosotros podemos hacer nuestra esta profesión de fe de Dietrich Bonhoeffer para mantenernos en la fe y confiar en el Señor ante el momento tan delicado que estamos pasando.
 
Credo
 
CREO que Dios puede hacer que de todo
aun de lo negativo
pueda resultar algo bueno.
Para ello necesita de hombres y mujeres
que permitan y crean
que todo les servirá para bien.
 
CREO que Dios nos puede dar
en cada situación difícil
la capacidad de resistir.
Pero no la da por adelantado,
para que no confiemos
en nuestras propias fuerzas, sino en su poder.
Esta confianza nos libraría
del miedo respecto del futuro.
 
CREO que nuestros errores
y fracasos no son en vano
y que para Dios no es más difícil utilizarlos
como lo hace con nuestros logros.
 
CREO que Dios
no es un destino ciego e indiferente,
sino que espera nuestras oraciones
y nuestros actos responsables.
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