En Puebla, la rendición de cuentas ya no necesita auditorios llenos ni escenarios convencionales. El diputado local de MORENA, Roberto Zataráin Leal, encontró una alternativa más ambiciosa para presentar su segundo informe de actividades: llevarlo hasta el “Honorable Parlamento Galáctico”, con extraterrestres e inteligencia artificial incluidos.
En la producción audiovisual que él lanzó en sus redes, el Legislador expone los resultados de su trabajo ante una audiencia que difícilmente podrá pedirle una aclaración en la rueda de prensa siguiente. Una ventaja nada despreciable para cualquier político: ampliar el público potencial hasta el universo conocido y, de paso, evitar que la presentación parezca otro informe legislativo de los de siempre.
Entre los resultados que presumió están el 100 por ciento de asistencia a las sesiones, cinco iniciativas aprobadas y siete obras comunitarias. Cifras que ahora tienen presentación cósmica, aunque su relevancia no depende de cuántas estrellas aparezcan en pantalla, sino de qué cambiaron en la vida de los poblanos.
El Diputado también anunció una gira de Bienestar Digital para hablar con estudiantes sobre el uso de la tecnología, las redes sociales y la salud mental. La propuesta tiene cierta ironía involuntaria: una producción que recurre a herramientas digitales para comunicar resultados políticos ahora busca enseñar a las nuevas generaciones a relacionarse mejor con la tecnología. Al menos, el tema ya tiene práctica audiovisual.
La pregunta no es si un diputado puede presentar su informe con humor, creatividad o efectos especiales. Puede hacerlo. El asunto es si, detrás de la escenografía galáctica, hay información suficiente para evaluar su trabajo: qué iniciativas impulsó, cuáles se aprobaron, qué problemas atendieron las obras reportadas y qué resultados concretos dejaron.
También está el costo de la rendición de cuentas. Medios poblanos reportaron que los legisladores locales recibieron alrededor de 206 mil pesos para sus informes. Esa cifra corresponde al presupuesto referido en esas publicaciones; para saber cuánto costó la producción de Zataráin y cuánto se destinó a los efectos digitales, habría que revisar la comprobación específica del gasto.
Porque si el informe necesitó presupuesto terrestre para despegar, sería razonable conocer la factura del viaje. La inteligencia artificial puede fabricar escenarios, personajes y planetas, pero no sustituye contratos, comprobantes ni indicadores verificables.
No es la primera vez que Zataráin apuesta por una temática digital para comunicar su trabajo: en su informe anterior recurrió a referencias al “Universo de la Salud Mental”. En esta ocasión, la puesta en escena fue más lejos y convirtió la rendición de cuentas en una sesión parlamentaria de ciencia ficción.
El espectáculo puede conseguir atención; las cifras, en cambio, necesitan algo más que efectos especiales. La asistencia se puede cotejar en los registros del Congreso, las iniciativas en el trabajo legislativo y las obras en las comunidades donde supuestamente se realizaron.
Así que el Diputado ya cumplió con llevar su informe al espacio. Falta que los resultados resistan una revisión aquí abajo, donde los ciudadanos todavía esperan respuestas sin necesidad de telescopio.