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Libertas

El agua en el índice Nasdaq

Jos Manuel Velasco Toro 10/12/2020

alcalorpolitico.com

No salgo del azoro, pues el agua, elemento esencial para la vida, se ha convertido en un recurso natural que ahora cotiza en el mercado al igual que el cobre, plata, oro, petróleo, gas y otras materias primas. Dada la creciente escasez de agua para consumo humano y destino agrícola que ya empezamos a padecer en diversas regiones del planeta, gracias a nuestra estúpida conducta contaminante que ensucia ríos, mantos freáticos y complejos lagunares, desperdicio por fugas en las redes de distribución y uso suntuario e inconsciente, ahora ese elemento fundamental para la vida y libre en la naturaleza, está en el mercado de valores cotizándose en el índice Nasdaq bajo el teletipo de NAH2O. Su cotización ya inició en California, Estados Unidos, con el precio de 486.53 dólares por acre-pie que representa 1, 233 metros cúbicos, o sea, si mi lógica aritmética no me falla, un millón doscientos treinta tres mil litros que alcanza para satisfacer las necesidades de 12, 330 personas, esto si tomamos en cuenta los cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que determina un consumo diario promedio por persona de 100 litros para cubrir necesidades de hidratación, higiene y otros menesteres. No quiero imaginar lo que llegará a costar un metro cúbico de agua para consumo humano cuando la escasez sea más severa, como tampoco quiero pensar en los conflictos que se derivarán (que ya están presentes en algunos países de África) si las localidades que poseen acuíferos deciden cotizarse en la bolsa de valores y vender este bien, al precio del momento, a las poblaciones que se abastecen de dichas fuentes, cuando el acceso al agua es y debe continuar siendo un derecho universal para la vida total del planeta como de la humanidad. Es triste, o más que eso, angustiante saber que el agua se ha trasmutado de recurso natural libre al de mercancía, propiedad cotizable cuyo valor fluctuará con relación a su disponibilidad o escasez estacional. La consecuencia será un crimen universal de borrosa distinción entre el bien y el mal desde el momento en que el agua ingrese a la dinámica mercantil (aunque en cierta forma ya está bajo el control de empresas multinacionales que han adquirido concesiones para su usufructo), fetiche que detonará múltiples conflictos sociales, geopolíticos, humanitarios y de gobernabilidad. Recordemos, si bien el 70% del planeta está cubierto por agua, sólo el 2% es agua dulce apta para el consumo de todas las especies terrestres que incluye al ser humano. Se calcula que de ese 2%, el 70% se utiliza para la producción de alimentos mediante riego y el 15% es absorbido por la actividad industrial planetaria. De tal forma que alrededor del 15% restante se destina al consumo humano concentrado, principalmente, en conglomerados urbanos, porcentaje que, por otra parte, no se encuentra distribuido de manera equitativa, pues hay regiones del planeta con mucho menos recursos hídricos que otros, a lo que se suma la desigual distribución del vital líquido entre la población, donde los opulentos tienen acceso y alto consumo frente a los desposeídos que están seriamente limitados y, en muchas ocasiones, carecen de acceso a agua potable, regularmente. La escasez de agua y la distribución inequitativa de la existente, acentúa la desigualdad en todos los órdenes, situación que, de agravarse, traerá funestas consecuencias al reducirse a simple mercancía en el mercado financiero internacional. Mercado que avanza a su control ante la escasez que se deriva, entre otros factores, del entretejido conductual humano y la alteración climática. Ahí está el irreflexivo modelo de desarrollo económico sustentado en la quema de combustibles fósiles, el consumismo sin parangón, la propensión al desperdicio, el aumento maltusiano de la población, la idea de que la modernidad se da en las ciudades, lo que ha conducido a que casi el 60% de población del planeta viva actualmente en concentraciones urbanas, el incremento de riego para producir los alimentos que se consumen en los espacios encementados y la actividad industrial multiplicadora, son relaciones antropogénicas constitutivas del cambio climático, cuyos efectos visibles ya padecemos como los prolongados periodos de lluvia escasa o nula, deshielo del Ártico, Antártida y glaciares, desecación del manto freático y acidificación de fuentes de agua dulce. Todo ello y más, hace que el agua apta para consumo sustentable de la vida se agote. Muchos lagos han empezado a secarse, miles de ríos han visto disminuir sus caudales estacionales y la precaria lluvia no es suficiente para reabastecer los mantos acuíferos subterráneos que están siendo sobre explotados. Los casos están a la vista: el lago Poopó de Bolivia ya desapareció, al igual que el lago Chad en el centro de África casi está seco o el Urmía que se encuentra en Irán le resta algo así como el 30% de agua de su volumen de antaño. En muchos países la extracción de agua de los mantos acuíferos está a punto de ser insostenible, tanto por la profundidad a la que ya se tiene que perforar para extraerla, como por su agotamiento inminente. Los glaciares se están derritiendo a un ritmo acelerado por el aumento de la temperatura global, lo cual dejará sin agua a muchas, muchas poblaciones que dependen del deshielo, como ya está empezando a sentirse en Perú, Marruecos, California (Estados Unidos) y, no vayamos tan lejos, el corredor urbano de Orizaba que se abastece, principalmente, por los glaciares del Pico de Orizaba. Mientras unos pelean poseídos por la obsesiva corrosión del poder y canalizan su energía al encumbramiento personal, el fetiche del mercado aprovecha la coyuntura para apropiarse, paso a paso, del acceso al agua bajo el esquema de dominio bursátil. El valor del agua trasmuta no por su cualidad de vida y derecho universal de todos los seres de la Tierra, sino, desafortunadamente, por el valor asignado por el capital al convertirse en un bien natural de constreñido acceso. Dicho de otro modo, parafraseando a Albert Camus, estamos en el purgatorio y próximos al infierno.
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