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Sección: Va Correo Electrnico

El diálogo con el Zapatismo y los Acuerdos de San Andrés

Jorge Salazar Garca 23/07/2018

alcalorpolitico.com

En las últimas semanas, con el objetivo de establecer el diálogo con los rebeldes zapatistas, el sacerdote Alejandro Solalinde, por instrucciones de AMLO, hizo algunos contactos en las zonas autónomas de Chiapas. El modo informal y el destiempo empleados en esta tarea, produjeron una serie de descalificaciones mutuas, que a mi modo de ver, Alejaron la posibilidad de encuentros inmediatos con el EZLN. En respuesta a las afirmaciones de Solalinde los mandos zapatistas rechazaron haber aceptado ningún diálogo. Después de esto último, el Vocero de AMLO matizó sus declaraciones, afirmando que los contactos habían ocurrido con una parte de los insurrectos y que próximamente se haría llegar una carta de López Obrador a la comandancia del grupo rebelde.

Tales desencuentros entre insurgencias y gobiernos son comunes debido a las mutuas desconfianzas. Ejemplo reciente de ello lo es el largo proceso de paz realizado en Colombia. Aunque hay similitudes con lo hecho en el país sureño, el caso de México, guarda características muy especiales: existe una dictadura policiaco-militar que no ha dejado de hostigar a los rebeldes; estos tienen bajo su control una región del territorio nacional y cuentan con estatus legal emanado de los Acuerdos de San Andrés firmados el 16 de febrero de 1996. Y por lo ocurrido, pareciera que estas características únicas no fueron tomadas en cuenta (¿involuntariamente?) a la hora de buscar los contactos. Sin embargo, queda claro que la respuesta de los zapatistas no es una negativa a restablecer el diálogo y sí, un rechazo a las formas empleadas.



Seguramente las intenciones de AMLO son buenas y quiere se atiendan las demandas de paz, libertad y justicia de esos mexicanos siempre olvidados, pero no debe ganarle la premura. Los tiempos también son importantes para generar las condiciones necesarias. Por ello, una vez asumida la presidencia podrá utilizar los mecanismos legales y políticos con el propósito de recomponer la confianza rota. Por su parte la comandancia general del EZLN, no debiera anticipar (por mucha historia que le respalde) que López Obrador “será una nueva desilusión para el país”, porque implica la existencia de un solo mundo y eso no es posible. México, ellos mismos lo reconocieron desde el inicio del alzamiento en 1994, se conforma de varios mundos.

Tal vez pudiera ser válida esa sentencia refiriéndose a los dos mundos de siempre, explotados y explotadores. Pero AMLO no prometió a los 30 millones que votaron por él acabar con el capitalismo. “El Peje”, como presidente, se ha propuesto humanizar al sistema dando preferencia a los más agraviados, sin derramar sangre. En donde sin duda sí les asiste la razón a los zapatistas es en extremar precauciones y actuar con cautela frente al poder (esté en manos de quien este). Cada acercamiento en el pasado les ha costado sangre, despojo y sufrimiento.



Pocos ignoran que el origen de la suspensión de las pláticas sostenidas desde el momento que las armas dejaron de sonar fue el incumplimiento, por parte del Estado, de los “Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena”. Desde este punto, entonces, se tendría que retomar la problemática reactivando la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) como garante de las nuevas pláticas.

Ninguno de los protagonistas, puede hacer a un lado los 60 millones de ojos, cuyos dueños anhelan una Paz con Justicia y Dignidad para todos. Se entiende que AMLO, para lograr el respaldo masivo, tuvo que aceptar la incorporación a su gabinete de personajes pertenecientes al régimen mafioso momentáneamente replegado. Pero una vez asumido el poder podría enviar otra señal positiva removiendo aquellos elementos involucrados o señalados

como responsables en la matanza de Acteal y otras atrocidades cometidas en contra de los indígenas de México. La Paz plena y duradera no puede reestablecerse por decreto ni mucho menos estando ausente la Justicia.

Por el momento, nada se puede hacer formalmente pero la nueva realidad política rebela la existencia de una voluntad sincera (del próximo presidente de México) para reconstruir un proceso incluyente de pacificación donde no haya vencidos. No será fácil, la reacción acecha y amenaza.