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Universidad Anahuac

Sección: Nacional

El dilema de los “morenos”

Jorge Salazar Garca 21/11/2022

alcalorpolitico.com

Seguramente usted ha experimentado situaciones problemáticas donde cualquier solución posible conlleva una pérdida. Alguno de esos problemas pudo haber configurado un dilema que, de acuerdo con el diccionario es una “situación comprometida donde hay varias posibilidades de actuación y no se sabe cuál de ellas escoger por ser igualmente dañinas”. Son situaciones en la cuales el sujeto, abrumado por la urgencia y la inevitable pérdida padece tanta angustia y desesperación que la razón es sustituida por la pulsión al instante de decidir. A continuación le expongo 4 ejemplos.

El dilema de Sophie

Tal vez sea el dilema más conocido mundialmente debido a la película basada en el libro “La decisión de Sophie” (1976) escrito por el norteamericano William Stayron. En este film (1982), la actriz Meryl Streep, caracteriza a una mujer judía madre de un niño y una niña, con edades aproximadas de 6 y 3 años respectivamente. En la escena, ambientada durante la segunda guerra mundial, Sophie (S) es conducida prisionera junto con sus niños en un campo de concentración. Ahí, el médico nazi (MD) encargado de seleccionar a quienes irían a la cámara de gases, viendo la belleza de la mujer decide otorgarle un “privilegio”.



MD: Puedes conservar a uno de tus hijos. El otro debe irse– , le dice.

S: ¿Quiere decir que tengo que elegir?– Responde azorada la madre y, abrazando fuertemente a sus hijos agrega desesperada. –¡No, no puedo elegir!, ¡no puedo elegir!

MD: Elige o envío a los dos ahí– insiste insensible el oficial al mismo tiempo que ordena a los soldados se lleven a los dos niños a la cámara de gases.



S:¡Llévense a mi niña!– Grita angustiada y casi suplicando, aquella madre.

Puede usted imaginarse, sobre todo si es mujer, el indescriptible y desgarrador dolor que invade a esa madre. Cualquier decisión le dejará el corazón roto.

Dilema de Epicuro



Este filósofo griego (341-270 a. C.), planteó el siguiente dilema sobre el mal. Siendo Dios omnipotente y omnibenevolente el mal no debiera existir. Porque si desea evitarlo y no puede, no es omnipotente; o si puede evitarlo y no quiere, no es omnibenevolente. Claro el dilema es para Dios. Las dos alternativas le hacen perder su divinidad.

Dilema del operador

Un trabajador opera un puente levadizo por donde pasan trenes de pasajeros. Como siempre lo hacía al ver aproximarse uno, se apresta a activar el descenso.



Cuando pone en acción el mecanismo y el puente comienza a descender lentamente, desde la caseta de controles ve a su hijo atorado en la base donde la estructura se asentará. Como el tiempo disponible no le alcanza para rescatar al niño y bajar el puente, su angustia se convierte en pavor. Podría salvar a su hijo pero eso ocasionaría la muerte de decenas de personas. Es un terrible dilema de apremiante solución. El sacrificio es inevitable. Con el terror reflejado en el rostro, llorando, el operador continúa accionando el mecanismo de descenso mientras ve pasar el tren por ese puente que ha destrozado al niño.

Momentáneamente impávido, observa pasar frente a él, los vagones con pasajeros indiferentes. Incluso, logra ver que algunos van drogándose. Los rasgos de su cara se contraen de rabia y arrepentimiento hasta que ve a una joven mujer embarazada que le saluda sonriente desde un vagón. Su rictus de desesperación y dolor aminora entonces. La vida continuó su curso y él, con el alma estrujada, en su trabajo.

Tiempo después vio nuevamente aquella joven, pero esta vez cargando al fruto de sus entrañas. La chica vuelve a sonreírle y pide al niño salude también a ese trabajador que hizo posible su nacimiento.



Dilema médico

Un galeno atiende a 6 pacientes graves. Uno de ellos agoniza, los otros 5 requieren de un trasplante para sobrevivir y el doctor sabe que los órganos del agónico podrían salvar al resto. Repentinamente, al llegarle un medicamento que puede curar al agonizante, debe decidir si salva a cinco dejando morir a uno, o salva a este, permitiendo la muerte de los otros cinco. Con cualquier decisión sacrifica el juramento de Hipócrates.

Dilema de los morenistas



Nos referiremos aquí a los militantes de base del partido MORENA, no a las dirigencias cuyo extravío ético los excluye de experimentar, al menos conscientemente, un dilema. Concretamente hablamos de los marginados por las pandillas y caciques.

En 2014, la propuesta de convertir a MORENA en partido, generó dos posturas: por un lado estaban quienes querían el registro y, por el otro los que se oponían. “Si queremos ser competitivos aspirando al poder necesitamos dinero”, era esencialmente el argumento de los primeros. Los opositores adujeron que la corrupción los invadiría y, además, dejaría de ser movimiento. El tiempo les dio la razón a ambos, pero sólo a éstos últimos, como al Hamlet shakespeariano, les atribula el dilema de “Ser o no ser”. Pues quedarse o irse es un dilema para quienes asumieron los principios éticos de no robar, no mentir, no traicionar. Cualquier elección implica sacrificios.

Quedarse significa acallar la consciencia sabiendo que en el fondo se apoya lo mismo contra lo que supuestamente se lucha. E irse del partido, les haría parecer desleales y también traidores a un “movimiento” hoy institucionalizado.



Visto lo anterior, pareciera no haber salida; sin embargo, para la Filosofía del Absurdo (Alberto Camus), aún en las peores condiciones el individuo conserva su libertad de rebelarse ante situaciones absurdas, siempre y cuando acepte activamente lo inevitable. Sophie pudo, por ejemplo, desobedecer la orden, luchar por la vida de sus dos hijos y dejar que el destino fluyera. El dilema médico, podría calificarse como falso, pues el doctor, al asumirse como Dios, lo crea. Su deber es suministrar la medicina al moribundo, la suerte de los demás no la decide el destazamiento de uno. Es el operador del tren quién mejor encarna la rebeldía de Camus. Evita la parálisis, rompe la incertidumbre y aceptan lo inevitable. Su decisión consciente lo trasciende: acepta su destino sin victimizarse, culparse o sumiéndose en el resentimiento. Es precisamente esa “rebeldía la que otorga a la vida su precio y grandeza, porque exalta la inteligencia y el orgullo de quien es capaz de luchar contra una realidad (absurda) que lo supera, dice el autor del Hombre Rebelde.

Usted lo sabe, la vida es un desafío permanente, por tal razón la decisión diaria más importante es vivir el presente con la mayor pasión posible, sin la ansiedad de un futuro incierto ni la angustia y culpa de un pasado que se fue.