En medio de una crisis minimizada por unos y magnificada por muchos otros es muy difícil encontrar en el camino a una persona que sea capaz de arriesgar su vida y perderla en defensa de los demás, hay quienes la arriesgan en la búsqueda de emociones fuertes, en la práctica de una vida promiscua o en la ambición desmedida de tener fortuna en poco tiempo, pero muy pocos, muy pocos en un acto imprevisto de salvaguardar la vida de los demás, a quienes ni conoce ni tiene una vinculación consanguínea o siquiera de amistad, si no por el simple hecho de intentar impedir un acto flagrante de homicidio colectivo e irracional.
En medio del teatro político, la pasarela protagónica de “grandes” eruditos de la materia, que promueven, cuestionan, descalifican y aprovechan el tema de moda de la propuesta económica del Presidente Calderón, como Manlio Fabio Beltrones, Porfirio Muñoz Ledo y Jesús Navarrete, en medio de fantoches políticos, angustiados por querer llamar la atención de los medios de comunicación, que piden renuncias de funcionarios Federales y desapariciones de Delegaciones Federales, como el caso del líder Priísta Estatal Carvallo; surge Esteban Cervantes, un personaje de la clase social popular, en un acto de auténtica nobleza y generosidad, pero además de valentía y arrojo ante el eminente peligro de la vida de muchos transeúntes del metro Balderas, ofrendando su vida por expresar ese sentimiento puro de amor al prójimo, un acto por demás muy providencial para mover la conciencia y la reflexión de todos los Mexicanos que nos quejamos de nuestra desventura porque estamos sin empleo, porque van mal los negocios, porque tienen problemas familiares o porque simplemente nos quejamos para ver que se logra en este intento.
Un hombre que ayer tenía el amor de sus hijos y nietos, estimado y querido por propios y extraños, que no le pedía nada a la vida porque era feliz con lo que Dios le había dado, hoy no existe en este mundo, porque decidió que no podía dejar pasar por alto un acto de flagrante asesinato hacia la humanidad de quienes se encontraban en la zona del suceso.
Una reflexión muy grande para entender que si alguien es capaz de sacrificar su vida de esta forma, porque no intentamos sacrificar un segundo de nuestras vidas en el análisis y la reflexión de solidarizarnos por el bien de nuestro País, de evitar querer sacar raja de todo lo que se nos atraviesa en el camino y ceder algo de nosotros, sin demagogias o intereses mezquinos, a favor de los demás y sobre todo de los que menos tienen.
El asesino que cegó la vida de dos hombres en esta estación del metro Balderas, que creyó ser un enviado de Dios, en su fanatismo religioso o ideológico, sólo fue un triste instrumento para identificar a un verdadero emisario de la providencia que hiciera ver a México y al mundo que en medio de la maldad, el consumismo y el capitalismo salvaje globalizado, en este mundo quedan ejemplos de seres humanos capaces de reaccionar con esa sensibilidad y solidaridad al grado del sacrificio de lo más valioso que es su propia Vida.