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Sección: Estado de Veracruz

El INE, el fraude y los establos del rey Augías

Jorge Salazar García 31/05/2021

alcalorpolitico.com

Si quiere saber cómo se relaciona el Instituto Electoral Nacional con un establo, ¡éntrele a lo escrito! Le aseguro que su lectura no lo dejará impávido, algo obtendrá: ¿un dato mitológico?, ¿una crítica?, ¿una agitación emocional? Lo que suceda será bueno para la reflexión.

Los establos

Érase que se era un rey llamado Augías que reinaba en la Élide, se dice que era hijo de Helios (Sol) por lo que su nombre significa “radiante. Era inmensamente rico ya que poseía enormes rebaños y claro, mucho oro (riquezas del dios Sol) también.



A pesar de que sus tierras, consideradas parte del inframundo por situarse al occidente de Grecia, no eran muy productivas. Pues bien, el rey, no obstante su enorme fortuna, tenía un problemón, precisamente relacionado con la ACUMULACIÓN: el volumen de estiércol producido durante muchos años por sus rebaños crecía al mismo ritmo que su riqueza. Ambas ya rebosante en los establos y en las arcas le complicaban la existencia.

Las toneladas de mierda, que esparcían por toda la región su insoportable hedor, le generaron inestabilidad política y su incalculable fortuna un desquiciamiento de su CODICIA; así que ideó un plan para resolverlo.

En una de las versiones del mito, se afirma que Augías contrató los servicios de Hércules: éste limpiaría los establos en ¡un día! a cambio de una parte del reino y la mano (bueno toda ella completita) de la princesa Epicasta.



En la letra chica del contrato se especificaba que si el contratado (Hércules) no realizaba el trabajo encomendado en el tiempo establecido por el contratante, el héroe se quedaría por siempre a su servicio; que era lo que esperaba aquel mañoso soberano. Ganaba de todas, todas: se ahorraba los gastos de la obra pública, el erario no disminuía y adquiría un esclavo poderosamente productivo. ¡Excelente político emprendedor! dirán ahora.

Hércules cumplió en tiempo y forma el contrato: derribó las paredes de los establos, escavó canales y desvió de sus causes naturales a los ríos Alfeo y Peneo, logrando con sus aguas, dejarlos rechinando de limpios.

Como se acostumbra en esas esferas, el rey traicionó su palabra, argumentando la inexistencia del acuerdo. Además, para justificarse ante sus súbditos, inició un juicio dizque para “demostrar” que Hércules mentía. Pero eso es otra historia.



De algún modo, estas metáforas mitológicas que se refieren al brillo y la oscuridad, también es aplicable al oro y la mierda; o a la honestidad y la corrupción, respectivamente.

El INE

Esta institución y su presidente guardan similitudes con el mito narrado. Las instalaciones físicas centrales (y algunas estatales) desde 1988 han estando acumulando tanta corrupción que se parecen ya a los establos de la Elide y su actual titular, a Augías.



El hedor inocultable de su descomposición se esparce por toda la nación. El estiércol incontenible rebasa sus muros saliéndose de madre y contaminando todo a su paso. Sólo que, su titular a diferencia del rey griego, NO tiene ninguna intención de limpiarlo, pues eso implicaría la propia extinción.

Al contrario, debido a su torcida codicia, sólo superada por su servilismo ante la élite del dinero, vive de y para la podredumbre.

Por supuesto, esto es extensivo a los partidos políticos aliados. La impunidad y la corrupción en esto entes públicos son de tal magnitud, que ni las aguas de los ríos Misisipi y Amazonas juntos, podrían limpiarlas. El único héroe capaz de hacerlo aún no se da cuenta de que puede (el pueblo trabajador).



El fraude

Son miles las acciones irregulares que se cometen antes, durante y después de cada proceso electoral. Candidatos, autoridades electorales y dirigentes de partidos, aprovechando la pobreza, la ambición y la ignorancia de la gente, afectada por la superficialidad en boga, hacen del delito electoral su modus vivendi para enriquecerse SIN TRABAJAR.

Algunos pensarán que las antiguas acciones para vulnerar la soberanía del voto, como “embarazar” urnas, duplicar credenciales y boletas, acarrear y coaccionar votantes, sustituir o alterar actas, proporcionar tinta deleble, comprar funcionarios y representantes de casillas, comprar el voto, etcétera, ya no suceden; pero se equivocan. Continúan siendo funcionales herramientas a las cuales se agregarán otras mas sofisticadas; tales como: manipulación del conteo rápido y encuestas de salida, observadores electorales a modo, extracción de boletas de los paquetes, “maicear” a consejeros y utilizar programas computacionales hackeados para el conteo y muchísimas mañas más.



Podría pensarse que este escrito promueve la abstención, pero no es así. Ese es un dilema que cada quién debe resolver sin más intervención que su razón. La intención es evitar la inacción del ciudadano. Como bien se sabe, eso dejaría el camino libre a los delincuentes profesionales y quienes aspiran a serlo. La pasividad perpetuaría la degradación política de aquellos que no quieren verdaderamente interesarse en los problemas del barrio, la colonia, los pueblos; de los trabajadores.

El Presidente

La sola voluntad política de AMLO no basta para democratizar y dignificar la vida política del país. Ni su partido secuestrado ni la gente envenenada con la basura doctrinaria empresarial le secundarán. Esa titánica tarea, como la limpieza de los establos del rey Augías, es deber del poder hercúleo y superior depositado en los ciudadanos dignos que no se dejan corromper. Ellos, con más fuerza que los ríos mencionados, también podrían limpiar el establo del INE. Sólo falta que despierte, y quiera.