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Universidad Anahuac

Sección: Estado de Veracruz

Las palabras de la Ley

El príncipe de la Paz

Salvador Martnez y Martnez Xalapa, Ver. 13/04/2022

alcalorpolitico.com

Al estilo en que lo propone Luis Recasens Siches en su Tratado General de Filosofía del Derecho (1965): de la observación de los hechos, nos trasladamos al contenido del texto legal. En esta ocasión se considera la Ley suprema, especialmente en el siguiente artículo: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.” (Artículo 39).

Del texto legal trascrito desprendemos tres piezas: a) el plano de fondo; b) el aprendizaje en línea; y, c) aquello que une a un pueblo. Hoy aprovechamos nuestra experiencia docente para formular este escrito.

El plano de fondo. El desafío actual es planteado por Elías Neuman, abogado argentino, conocido en la época de su esplendor como el criminólogo del dolor, quien cuestiona a Adán (hombre y mujer) con un poema que titula Interrogantes: / El niño está dormido, / pronto despertará / ¿qué le diremos del mundo? / ¿qué color tendrán tus ojos / cuando pregunte por el mar? / ¿qué le dirán mis manos / cuando pregunte por el horror / o el hambre de otros niños? / ¿y qué dirán sus ojos / cuándo después de soñarlo vean el mar? / ¿qué dirán sus manos / cuando absortas descubran / la tristeza de otros niños?



De cara a un paisaje social dentro del cual se pretenden encontrar figuras destacadas. Advertimos que, aquí es un imperativo detenerse contemplar el plano de fondo. En los cursos a distancia -tan necesarios ahora- éste es el aula virtual y, en este caso, el tema es la vida buena del pueblo, uno de cuyos elementos está constituido por un conjunto de correlatos de Justicia y que son aquello que llamamos “derechos humanos”.

A propósito de cursos en línea, en alguna sesión sabatina de clase, volvimos a leer el poema trascrito mientras se esperaba que el reloj del ordenador marcara las ocho de la mañana e iniciara la primera sesión a distancia en el posgrado. En el acto mismo de iniciar la sesión se dio un clic para comenzar la grabación de la clase. Nos habíamos hecho el hábito de principiar con una lectura, cuyo contenido tuviera el leitmotiv de toda la jornada.

Por un instante pasó por nuestro rostro y nuestro corazón la tentación de darle lectura al poema que habíamos leído recién apenas. Pero, los asistentes habían cursado una licenciatura, la mayoría en Derecho. Como es obvio, ellas y ellos habían sido niñas y niños, pero hoy eran jóvenes y, si bien, iban a escuchar una plática de viejos, no me atrevería jamás a herir sus sentimientos.



Puesto que alguna vez, junto con un grupo de latinoamericanos, habíamos protestado que les heredaríamos un mundo con una vida buena. Hoy, solamente se les quiere legar a los jóvenes el compromiso de hacerla realidad. A ellas y ellos que cursan el posgrado con el propósito de lograr una buena vida a la que, sin duda, tienen derecho.

No obstante, es imposible que se desentiendan de la vida buena de la generación a la que pertenecen ni de las generaciones futuras. Abrigamos la convicción de que más estudios enredan más responsabilidades respecto de los derechos de los otros...

El aprendizaje en línea. Aun cuando nos acostumbramos rápidamente a trabajar en línea, debemos reconocer que la experiencia educativa adquiere características singulares, sobre todo, por lo que respecta a la hermenéutica pedagógica. Dentro de las sesiones presenciales de clase interpretamos a las personas físicas de manera directa, los aprendientes están ante y con nosotros. Entendemos su asistencia o su no-asistencia; sus gestos y sus ademanes, etc. Por su parte, ellas y ellos también interpretan al mediador (el docente responsable de la sesión de clase).



Dentro de la clase en línea, en cambio, interpretamos a la persona física de manera mediática. Observamos la pantalla de algún dispositivo (Del ordenador, de alguna tableta o del teléfono celular). Algunos participantes se asoman para responder al docente cuando pasa lista. Pero, después se vuelven -si se admite la expresión poética- “etéreos” (Su imagen es vaga, sutil, vaporosa), es difícil saber si realmente están en clase. La interpretación del docente también es mediática.

La fe que une a un pueblo. Arrancamos la clase con el siguiente planteamiento. El problema que, una vez más, se aborda es la tensión que suscita el binomio sociedad/comunidad. Con el término pueblo, que emplea la Constitución Política de México, se considera una porción de la sociedad. Se sostiene que aquí que el término pueblo es una abstracción. En cambio, el término pueblo unido es una concreción: común unidad (comunidad). En la sociedad se habla de socios. En la comunidad hablamos de amigos.

La víspera del último domingo de enero de cada año, y durante años, pasó ante nuestros ojos una expresión del sincretismo religioso en nuestro pueblo (Teocelo, Veracruz, México). Cada año, quien escribe estas líneas pudo observar una marcha de “mi pueblo unido”. Confesamos que se contempló con respeto y con el único afán de sentir la cercanía de la gente con la cual crecimos.



La acción consiste en la entrega en el templo parroquial de un arco de flores al santo entierro de Jesús, el Cristo. Una acción que para algunos simboliza el último acto del proceso de Cristo: el Hombre/Dios ha muerto y fue sepultado. Mas, para el pueblo de Teocelo, este suceso solamente es el preámbulo de la resurrección del Príncipe de la Paz. Cualquier habitante de este pueblo nos dirá que el santo entierro es milagroso.

La devoción de la gente de mi pueblo no es a un muerto, sino que se aproxima al Jesús/sanador. Es verdad que la gente espera ser curada de sus enfermedades, de sus problemas físicos y hasta de sus achaques. Sin embargo, espera y anhela ser salvada de catástrofes y de calamidades. Dentro de éstas, quienes saben, mencionan las intervenciones humanitarias armadas, el terrorismo de Estado, el terrorismo no institucional, la corrupción y siempre la guerra. La fe religiosa es uno de los elementos que une a un pueblo.

Terminamos la sesión con Elías Neuman y otro de sus poemas, La dura verdad: /El valor de la verdad / pone en mis ojos reflejos de dolor. / Quisiera entonces, serenamente / hablar de los que sufren / el mudo dolor de una casa de lata / la desesperación de no tener agua / para lavar la herida del hijo más pequeño, / la incomprensión del puñal y la sangre que llaga / para marcar la cara de ofensas indelebles. / La anciana sucia que trabajó sesenta años / y que aun pide a Dios por su juventud, / el vendedor de papeles y huesos / que todos los días trajina de caballo / en su carrito de varas. / El dolor. El mudo dolor de los que viven / con el cuerpo gastado de frío / y el corazón gastado de ansiedades, / aferrados como el césped, sin fin ni principio, / al hambre o a la resignación. / Es tan dura la verdad / que sólo por no morir / quiero ser el poeta que la dice / para un tiempo mejor.



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