“El Rey” y “Amor Eterno” son las melodías que Don Pedro le llevó a sus padres al panteón, quienes fallecieron apenas hace dos años.
“No habían pasado ni seis meses de haber muerto mi madre, cuando mi padre la siguió al cielo; murió de depresión”, comentó Pedro Suárez Muñoz, quien acudió con su familia al Panteón Xalapeño a visitar a sus padres.
Ella falleció víctima de cáncer y él se deprimió tanto que se enfermó. Ya ni la visita de sus hijos y nietos que lo iban a ver todos los días le llenaba el vacío que dejó su esposa, hasta que un día murió mientras dormía.
“La muerte de mi mamá fue muy rápida, pues en cuestión de semanas se nos fue y la de él fue seis meses después; yo sabía que estaba triste, pero no pensé que fuera a morir de tristeza, un día lo dejamos bien y al siguiente que regresamos a comer con él, ya no estaba; había muerto en su cama mientras dormía. Nos dejó para irse con mi mamá, nunca la dejó de extrañar”.
Alrededor de la capilla donde se encontraban ambas tumbas, estaban los familiares limpiándola, llenándola de flores y las ofrendas que habían llevado para colocarlas en la sepultura, donde se sentarían a comer con ellos, tal y como lo marca la tradición familiar.
“Yo les traje todo lo que les gustaba en vida: a mi papá su cervecita y sus cigarros; a mi mamá sus tamalitos, que los hacía riquísimos, a nadie le quedaban mejor que a ella. Trajimos pollo para hacer taquitos y obvio, su pan y dulces que les traen sus nietos a los dos y las flores que no pueden faltar”.
A decir de Don Pedro han pasado dos años y aún extraña a “los viejos” como les decía de cariño, por ello es que contrató un mariachi, para recordarlos con la música que en vida les gustaba.