En la edición 1393 publicada el 13 julio de 2003, el semanario Proceso dedicó sus páginas centrales a un reportaje especial sobre las presuntas acciones de espionaje cubanas en territorio nacional descubiertas por el gobierno mexicano, ahí se menciona que de acuerdo a documentos de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) obtenidos del Archivo General de la Nación, una persona de nombre Mario Aguilera López realizaba durante la década de los años sesenta, actividades de espionaje y promoción filo comunista en Chiapas.
Casi cincuenta años después, Mario Aguilera López concede su primera y única entrevista a un medio de comunicación para contar su relación con el gobierno cubano, del abastecimiento de armas a Fidel Castro en México y su visita a La Habana.
A sus 88 años luce fuerte para su edad, vestido con un desgastado pantalón gris y una camisa en color naranja, llega puntual a la entrevista desarrollada en un restaurante de Agua Dulce, por razones de seguridad accede a hablar en un lugar público, poniendo como condición que no revelará donde vive, de donde viene y a donde se dirigirá.
Inicia la entrevista y Mario Aguilera López se apresura a desmentir un informe redactado por el espionaje militar mexicano en 1963 donde se señala que es un cubano que se dice ser tabasqueño; pero asegura haber nacido en un domicilio de la calle Libertad en Villahermosa Tabasco un 9 de septiembre de 1920, registrado legalmente por sus padres Delfina López Torruco, cardenense, y Nicolás Aguilera Colorado, huimanguillense.
En 1952 inició el sexenio del Presidente Adolfo Ruiz Cortines, ese mismo año Aguilera López fue nombrado Representante de la Colonización por el Secretario de Agricultura y Ganadería, Gilberto Flores Muñoz, siendo su primera encomienda formar las colonias agrarias en el sur del estado de Veracruz.
Así llegó a Las Choapas y fundó 13 colonias, una de las cuales hasta el momento ostenta el nombre del polémico ex gobernador de Nayarit y entonces Secretario de Agricultura.
Tras realizar con éxito su tarea en suelo veracruzano, en 1954 se le asignó la tarea de colonizar la región de Palenque en Chiapas, durante este proceso fue que conoció a quien se convertiría en uno de los personajes políticos más importantes del siglo XX, Fidel Castro Ruz.
ENCUENTRO CONFIDEL CASTRO RUZ
Con nostalgia, Mario Aguilera recuerda esa noche fría de mediados de 1955: “Eran las siete de la noche, estábamos comiendo culebras de agua en mi campamento a orillas del río Bascán, cuando se apareció un grupo de cuatro gentes vestidas de “verde olivo”, distinguimos el color cuando se acercaron a la fogata, porque venían entre la espesura de la noche”, asegura.
“Nunca lo habíamos visto por la zona, no sabíamos quien era él, se acercó y se presentó como Fidel Castro, venía acompañado de otros tres hombres, puros barbudos, más adelante cuando visité La Habana reconocí a dos de ellos, Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos”.
Aguilera López recuerda que Fidel Castro y sus acompañantes comieron culebras de agua y tomaron café negro de olla, en ese lapso contaron que regresaban de una reunión que sostuvieron en la finca de la familia Calcanio (dedicada a la comercialización de café), ubicada en la comunidad de Salto de Agua.
Acompañando a Mario Aguilera esa noche, se encontraba el profesor chihuahuense Manuel Villa Ataide (se decía hijo legítimo del revolucionario mexicano Francisco Villa), el profesor Idal Huerta –quien se identificaba como comunista- y Rodrigo Pimienta.
Relata Aguilera que Villa Ataide y Huerta al encontrarse con el grupo de “hombres de verde olivo” se identificaron con ellos, pues ya se conocían y desde tiempo atrás estaban colaborando con la causa cubana.
Fidel Castro contó entonces sus intenciones de libertar a Cuba lo antes posible de la dictadura de Fulgencio Batista, por lo cual necesitaría del abastecimiento de armas y municiones para iniciar el movimiento revolucionario que posteriormente se conocería como Movimiento 26 de Julio.
Fue entonces que Mario Aguilera, líder de la región, inició la ampliación de un campito de futbol para convertirlo en una pista de aterrizaje para aeronaves bimotor que se ubicaba en el ejido denominado Jerusalén, curiosamente, donde treinta años después este mismo lugar serviría para abastecer al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Entre 1955 y 1956 Mario Aguilera conoció y visitó en varias ocasiones a la familia de Fidel Castro, quienes ocupaban una casa a orilla del Golfo de México en la ciudad veracruzana de Tuxpan.
El dos de julio de 1956, Castro junto con otros 82 hombres se embarcaron en Tuxpan en el yate Granma, con intenciones de invadir la isla, pero el fallido desembarco provoca que el ejército de Batista matara a gran parte de los revolucionarios y los pocos sobrevivientes se retiraron a la Sierra Maestra, donde iniciaron una guerra de guerrillas contra el dictador.
Entre 1956 y 1958, Idal Huerta en Chiapas controló el abastecimiento de armas mediante un puente aéreo, las cuales compraba el profesor en la frontera sur con Guatemala; mientras que el dinero que la Secretaría de Agricultura enviaba a Mario Aguilera López (para el programa de colonización agraria) también fue usado para comprar municiones y víveres para la causa cubana.
El primero de enero de 1959 se proclamó el triunfo de la Revolución, Castro hizo su entrada triunfal en La Habana el ocho de enero; en ese mismo año regresa a la isla procedente de Venezuela el célebre escritor cubano José Antonio Portuondo, quien fue nombrado en 1960 embajador de Cuba en México.
Mediante un telegrama, Mario Aguilera López, Idal Huerta, Candelario Paz y Rodrigo Pimienta, fueron informados que se les fue solicitada su presencia en la embajada cubana en la ciudad de México, Rodrigo Pimienta no pudo asistir pues se encontraba enfermo y le habían amputado las dos piernas, mientras que el profesor Huerta había fallecido.
Portuondo les ofreció visas de cortesía para que visitaran la isla, pero Candelario Paz declinó la invitación, así también un sobrino de Aguilera López, quien en una borrachera perdió su pasaporte y la visa cubana.
VISITA A CUBA
Aguilera López hace una pausa en su relato para hacer memoria, tras unos breves instantes continúa: “Yo viaje inmediatamente a Cuba y desde que llegué a rancho boyeros (aeropuerto José Martí) me trataron como rey”.
Recuerda incluso que al ingresar al área de documentación del equipaje en el aeropuerto, uno de los guardias intenta tomar su maleta para revisarla y un miembro del Protocolo de Relaciones Exteriores rápidamente le da un manazo al guardia y le dice: “eso no se toca, chico, el señor es invitado distinguido del gobierno cubano”, cuenta entre risas Aguilera López.
Durante un mes recorrió todas las provincias de la isla, pues contaba con un vehículo con chofer proporcionado por el mismo gobierno, era atendido directamente por el Presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, además de que conoció a Raúl Castro y se reencontró con Ernesto “El Ché” Guevara y Camilo Cienfuegos, con quienes años atrás compartió aquellas víboras de agua como cena.
Su viaje se interrumpió intempestivamente, ya que su hermana Victoria Aguilera López (preocupada por su hermano, pues se decía que Fidel se comía a las personas) mediante un telegrama le notificó que su hija se encontraba muy grave de estado de salud, aunque al regresar a México se dio cuenta de que todo fue una mentira.
ACTIVISMO COMUNISTA,INVESTIGACIÓN DE LA DFS
De esta forma retornó a Palenque Chiapas, donde se dedico a editar la revista México, mediante la cual adulaba a funcionarios del gobierno del estado, además de que escribía artículos donde exaltaba las bondades del comunismo, además de redactar reportajes con propaganda a favor del gobierno cubano y su carismático líder.
En 1963 la inteligencia militar mexicana detecta cerca de Palenque un campo de entrenamiento dirigido por dos personas de origen estadounidense, donde reclutan campesinos a quienes convierten en guerrilleros, según un documento administrado por la Dirección Federal de Seguridad (DFS) que encabezaba en ese momento el capitán Fernando Gutiérrez Barrios.
En el mismo informe se acusa a Mario Aguilera López como el líder de un grupo de cubanos que se hacen pasar por tabasqueños, quienes dirigen estrategias de espionaje en la zona, apoyados por algunos mexicanos, principalmente profesores de primaria.
45 años después, Aguilera López asegura que nunca fue molestado por el gobierno mexicano, enterándose de la investigación que realizó la DFS sobre sus actividades hasta el año 2003, cuando la hija de su compañero Rodrigo Pimienta le envió la edición del semanario Proceso donde se hacen públicos los documentos que permanecieron por más de cuatro décadas en el Archivo General de la Nación.
LA VERSIÓN DEL “ESPIA”
Con voz serena, don Mario cuenta su versión de los hechos que señala el reporte de inteligencia militar: “El campamento del que se menciona en el informe si existió, pero no era administrado por nosotros, solo se que era un gringo y un mexicano-americano, ellos entrenaban a la gente pero ignoro con que fines”.
“Yo no era espía, no soy cubano y soy tabasqueño; Fidel Castro nunca nos pidió información de México, no la quería y no la necesitaba”, continúa don Mario, “Lo que si es cierto es que yo escribía propaganda cubanófila, relataba lo que había vivido en mi viaje y me echaba a la bolsa al gobernador y a los funcionarios con artículos aduladores”.
Recuerda que en 1962 durante la inauguración del puente levadizo Coatzacoalcos I, el Presidente de la República Adolfo López Mateos le jugó una broma al gobernador del estado de Chiapas, doctor Samuel León Brindis (a quien llamaban “mula de seises”, pues cuando jugaba dominó se quedaba dormido), a quien dejó abandonado en ese puerto pues no alcanzó a subir al tren.
Mario Aguilera cuenta que el contaba con un taxi en el municipio de Las Choapas, unidad que puso a disposición del gobernador para trasladarlo hasta Tuxtla Gutiérrez, iniciando así una amistad.
Posteriormente Aguilera López nombra la colonia agrícola que fundó en Chiapas con el nombre del gobernador (actualmente perteneciente al municipio de Socoltenango, Chiapas), ganándose el favor del mandatario estatal, quien lo apoyó en sus viajes a Europa y África -como lo comprueba su pasaporte- para estudiar los sistemas de producción agrícola que podrían ser implementados en México posteriormente.
Para 1964 termina el sexenio de León Brindis y Aguilera emprende la aventura de llevar su revista México a Sudamérica, llegando a circular hasta Panamá, para posteriormente regresar a México y dedicarse completamente al periodismo en distintos puntos de la república mexicana.
Han pasado cuatro horas desde que inició la entrevista, don Mario Aguilera López posa para algunas fotografías y por último se despide amablemente, como una sombra desaparece entre la gente con rumbo desconocido.