En el último día del Festival del Pambazo "Orizaba, Cuna del Pambazo", la gastronomía compartió protagonismo con el trabajo de artesanos provenientes de distintos estados del país, entre ellos Gabriel Guzmán García, originario de Oaxaca, quien presentó la tradicional filigrana del Istmo de Tehuantepec, una técnica que forma parte de la identidad de la mujer tehuana.
Explicó que estas piezas surgieron como una forma de resguardar el patrimonio familiar cuando no existían instituciones bancarias, pues las mujeres administraban la economía del hogar y convertían el oro en joyería que, además de embellecer, representaba un respaldo económico.
Guzmán García comentó que actualmente la realidad es distinta. El incremento constante en el precio del oro y las condiciones de inseguridad hacen cada vez más complicado exhibir o comercializar piezas elaboradas con oro sólido. "Ya no es tan fácil portar oro en la calle; la inseguridad ha sido uno de los factores y el otro es la economía. El oro cada vez cuesta más", expresó.
Por ello, explicó que la mayor parte de las piezas que actualmente ofrecen están elaboradas con chapa de oro u oro laminado sobre bases metálicas, materiales que permiten mantener diseños tradicionales a un costo más accesible para el público.
Detalló que el proceso artesanal continúa siendo prácticamente el mismo, pues cada pieza se forma a partir de hilos muy delgados de metal que se van soldando manualmente hasta crear complejos diseños, un trabajo que requiere paciencia y precisión. El entrevistado indicó que aunque su función es promover y comercializar las piezas elaboradas por su familia, reconoce que cada vez son menos las personas que dominan esta técnica artesanal.
Señaló que la filigrana únicamente se trabaja de manera tradicional en dos zonas de Oaxaca, entre ellas el Istmo de Tehuantepec, por lo que preservar este oficio representa también conservar parte del patrimonio cultural del estado. Añadió que en Oaxaca, integrado por 570 municipios distribuidos en ocho regiones, muchas familias continúan impulsando la difusión de sus tradiciones, textiles y artesanías.
Como ejemplo mencionó los trajes de la mujer tehuana, confeccionados completamente a mano mediante un proceso que puede tomar entre ocho y diez meses de trabajo, conocimiento que continúa transmitiéndose de generación en generación. Con la participación de artesanos como Gabriel Guzmán García, el Festival del Pambazo no sólo ofreció una muestra gastronómica durante este fin de semana, sino también un espacio para acercar al público a expresiones culturales que buscan mantenerse vivas frente a los cambios económicos y sociales.