Con un ligero pantalón, falda, una blusa sencilla y una sudadera muy ligera, guaraches o zapatos viejos y sin calcetas, así es como visten niños de Chilapilla, comunidad de La Perla, aún cuando estén en brazos de sus madres.
En ésta, como en muchas otras comunidades de la zona serrana del Pico de Orizaba, los niños tienen que lidiar con los intensos fríos que se dejan sentir.
Al menos en este sitio ubicado a los 2 mil 700 metros sobre el nivel del mar, los menores sufren las bajas temperaturas, que no sólo provocan un malestar, sino que también merma su salud.
Los niños se observan sonrojados de la cara, debido a los fríos que de alguna manera queman su piel; sin embargo, no pierden su sentido del humor y en su pobreza, marginación y rezago en diversos aspectos, disfrutan de la vida.
Por los caminos de esta zona serrana que conduce a las diversas comunidades se les observa corriendo, jugando, riendo, pero su alegría sin duda es interrumpida por la tos y gripe que evidencia una infección respiratoria; a veces tienen que hacer un alto en su camino porque no dejan de toser por un lapso de tiempo considerable.
Esta situación es similar en los pequeños de menos de un año, quienes son cargados en los brazos de sus madres, pero llegan en algún momento hasta presentar abscesos de tos que termina en la expulsión de flemas y la gripe fluye.
Los menores, quienes por cierto son integrantes de familias muy numerosas, no tienen otra opción más que vivir como lo han hecho sus padres desde generaciones pasadas, es decir, en pobreza, marginación y carencias en todos los sentidos.
Las madres, muy jóvenes, salen de sus casas para ir a trabajar al campo o por leña y son seguidas con sus vástagos, uno a uno en hilera, sumando a veces hasta 8 menores de edad, quienes a pesar del frío dejan sus viviendas de madera para ir junto a su mamá, no importando el destino lejano que ésta tenga.