Mercedes Ruiseñor Acosta, estudiante de la Maestría en Estudios de Género de la Universidad Veracruzana (UV), afirmó que existen vacíos teóricos y sociales en el derecho que tienen las mujeres al aborto. Sin embargo, desde el activismo y la academia se pueden transformar las realidades de las mujeres en Veracruz.
La alumna de posgrado y activista defensora de los derechos humanos de la mujer destacó que el acompañamiento durante el proceso del aborto posee un trasfondo que permite visibilizar las barreras que las mujeres gestantes todavía deben atravesar para acceder de forma efectiva a este derecho fundamental.
Psicóloga de profesión, Ruiseñor Acosta desarrolla su trabajo de investigación recepcional titulado “Cuidados y la experiencia de ser acompañanta de aborto en el estado de Veracruz”, en el que analiza este proceso desde una perspectiva integral que trasciende los discursos normativos.
La investigación plantea que el acompañamiento del aborto no debe entenderse únicamente como una acción política o un procedimiento médico aislado; por el contrario, lo define como un trabajo de cuidados colectivos y afectivos que cobra una relevancia crítica en un contexto estatal caracterizado por una despenalización legal (en 2021), donde aún persiste un fuerte estigma social.
Con un enfoque metodológico riguroso, la propuesta de posgrado vincula directamente la ética del cuidado con el activismo por los derechos reproductivos dentro del escenario veracruzano. A través de este marco conceptual, la autora explora las vivencias de las mujeres que integran las redes de apoyo locales, examinando cómo su labor subvierte la solemnidad y el aislamiento clínico e institucional tradicional.
Bajo la tutoría de la académica Luz del Carmen Jiménez Portilla, este proyecto de investigación logra visibilizar la interrupción del embarazo más allá del quirófano; la tesis lo posiciona como una práctica colectiva de cuidados feministas, que se vuelve indispensable para resarcir las persistentes deficiencias y omisiones de las instituciones públicas de salud.
Desde la perspectiva de la estudiante, aún con la despenalización del aborto se advierte que la legalidad no ha borrado los obstáculos cotidianos, ya que las mujeres —particularmente las jóvenes y universitarias— continúan enfrentando desinformación, barreras burocráticas y una fuerte estigmatización social.
Mercedes Ruiseñor puntualizó que el “ser y hacer” de las acompañantas implica una dimensión que supera por mucho la labor técnica o estrictamente médica, como lo es la administración de medicamentos bajo directrices seguras.
La investigación define este rol como un proceso de aprendizaje colectivo continuo, el cual se sostiene firmemente en pilares como la empatía, la escucha activa y la autogestión comunitaria.
Próxima a concluir sus estudios de maestría, la joven universitaria dijo que este estudio busca consolidarse como un referente para entender las redes de apoyo en la región y el impacto psicosocial de su labor.
Al visibilizar estas experiencias, Ruiseñor Acosta aporta elementos clave para el debate contemporáneo sobre los derechos reproductivos, demostrando que el activismo y la academia pueden unirse para transformar las realidades de las mujeres en Veracruz.