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Veracruz se antoja
Universidad Anahuac

Seccin: Estado de Veracruz

Las palabras de la ley

Filias y fobias: el caso de la FGE

Salvador Martnez y Martnez Xalapa, Ver. 11/09/2019

alcalorpolitico.com

Estamos ante uno de esos hechos en los cuales se exige del comentarista impasibilidad para mantenerse a salvo de la marejada sentimental. El comentario de hoy nos coloca en el ojo del huracán formado por las filias y las fobias propias de la militancia o simpatía por algún partido político. Usualmente la voz filia significa “Afición o amor a algo” y la palabra fobia quiere decir “Aversión exagerada a alguien o a algo”.
 
La noticia la leímos en el Portal alcalorpolitico.com (03/09/2019) y fue dada en los siguientes términos: “¡Sorpresa! Congreso local remueve temporalmente al fiscal de Veracruz”, “Junta de Coordinación Política solicitó a Diputación Permanente dejar otros temas para discutir este punto”, “En lugar de Jorge Winckler fue designada Verónica Hernández Giadáns, quien era Directora Jurídica en SEGOB”, “Fue removido por no haber hecho exámenes de confianza y no estar ‘debidamente certificado’.”
 
Nos mueve a glosar la noticia aquello que escribía Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la locura (1509) al considerar a los abogados unos burros: “Después de los médicos, ocupan el segundo lugar los leguleyos, y quizás sean los primeros, de cuya profesión suelen burlarse los filósofos con rara unanimidad, por considerarla propia de asnos. Sin embargo, estos asnos tienen en sus manos tanto los más grandes como los más pequeños negocios.” Si no fuese una ironía declamada por la Locura, habría que salir en defensa del gremio, pero justo es decir que no faltan quienes con sus actos abonan la ironía del célebre humanista del siglo XVI.
 
Hoy se alimenta aquella idea cuando son los abogados quienes, fuera de todo proceso judicial, en entrevistas o en redes sociales, quieren calificar como legales o ilegales los hechos de los políticos de profesión. Cuanta tinta (o cuanta saliva) gastan los abogados/burros en su lambiscona pretensión de querer presentar como legales o ilegales las acciones de los políticos profesionales. Dejemos, estimados colegas, que sean ellos, los políticos, quienes justifiquen sus actos.
 
La secuela inmediata que acaeció después de la noticia de la remoción del Fiscal de Veracruz es el núcleo del tema, es decir, el prejuicio sobre la legalidad o ilegalidad de los hechos informados. Iniciemos por aquello que debe hacerse para evitar que acontezca algo que no debe suceder, esto es, no se debe deteriorar más la, ya de por sí deteriorada, confianza de la gente de nuestro pueblo en los procesos judiciales.
 
¿Qué debe hacerse? Se debe conocer o reconocer la razón de ser de los procesos judiciales. “El procedimiento judicial se va a convertir en el campo de operaciones de buena parte de las profesiones jurídicas. La auténtica razón de ser del procedimiento judicial y del papel de las profesiones jurídicas, está en constituir un mecanismo ético-jurídico para dirimir conflictos entre individuos. Por eso la actuación de los profesionales del Derecho tiene que aspirar a inspirar confianza ético-jurídica en su proceder y determinación como vehículo para la resolución de conflictos” (Miguel Grande Yañez).
 
Para establecer la completitud del informe noticioso, debemos resolver seis cuestiones:
 
  1. ¿Quién? Se refiere al sujeto de la información, que en el caso es Jorge Winckler.  
  2. ¿Qué? El hecho: el Congreso local remueve temporalmente al Fiscal de Veracruz.  
  3. ¿Cómo? De manera sorpresiva, la Junta de Coordinación Política solicitó a Diputación Permanente dejar otros temas para discutir este punto (la remoción del fiscal). 
  4. ¿Dónde? Puede inferirse que en el edificio en dónde se encuentra la sede del Congreso, en la ciudad de Xalapa, Veracruz (México)  
  5. ¿Cuándo? La tarde del martes tres de septiembre del año dos mil diecinueve.  
  6. ¿Por qué? Por una conducta omisiva: no haber hecho exámenes de confianza, debiendo haberlos hecho y, consecuentemente, no estar “debidamente certificado”.  
Al menos la noticia es completa. No obstante, el caso amerita otra cuestión, la más interesante: ¿Para qué? Aquí procede formular respuestas como meras conjeturas interpretativas:
 
  • 1) Para que Jorge Winckler acredite que sí presentó los exámenes de confianza y, por tanto, que sí está certificado. Consecuentemente, podrá retornar a ocupar el cargo.  
  • 2) Para dejar libre el cargo a Verónica Hernández Giadáns. Este supuesto se descarta de plano, pues ella llega como “Encargada del Despacho” y no como “Fiscala”, tal y como hoy se le ha dado en llamar.  
  • 3) Para nombrar un fiscal “a modo” del gobierno en turno. Esto es una posibilidad, algo que puede ser, pero que todavía no es.  
El desafío fue comentar la nota sin filias ni fobias. Desde una perspectiva apartidista, conviene advertir que en el proceso judicial no se trata sólo de aplicar la legalidad; es preciso, dada esa conflictividad entre las partes, reconstruir en justicia la realidad.
 
La primera función del proceso será historiar la realidad pasada, el conflicto habido entre partes, para luego reordenarla justamente mediante la legalidad. Por ello, en el procedimiento judicial se torna preciso conformar un relato de hechos en conflicto por parte del juez, relato que para que sea objeto de la aplicación en justicia, tiene que ser cierto, reproducir la realidad pasada. Para ello, el juez tiene que basarse en los relatos interesados y subjetivos de las partes y en su verificación mediante las pruebas. Todo ello tiene que condensarse en un convencimiento que le permita reconstruir el pasado para reordenarlo jurídicamente (Miguel Grande Yañez).
 
Tenemos bajo observación un tema obligado: la titularidad de la Fiscalía General del Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave. Por fortuna, la sabiduría de la gente de campo llega en nuestra ayuda para no rebuznar. El consejo de la sagacidad de los campesinos enseña: para que las cosas funcionen con corrección, debemos hacerlas respetando un debido orden: primero el proceso judicial. Solamente que ellos lo enuncian en el siguiente adagio: ¡Nunca pongas la carreta delante de los bueyes!
 
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