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Sección: Estado de Veracruz

Libertas

Golpe de Estado

José Manuel Velasco Toro 18/09/2025

alcalorpolitico.com

Cuando no se cumple el procedimiento establecido por la ley constitucional para acceder al poder político de un gobierno, y en cambio se recurre a violentar las normas establecidas, así como utilizar el recurso de la fuerza, ya sea de orden militar, de coerción política, colonizando voluntades mediante la complicidad de la corrupción y la manipulación ideológica que enajena mentes, se está frente a lo que históricamente se llama Golpe de Estado. Los actores involucrados suelen ser fuerzas armadas en alianza con civiles o, incluso, solo políticos civiles vinculados al gobierno en turno que buscan un autogolpe para continuar en el poder e imponer, generalmente, un gobierno autoritario que debilite todo intento de fortalecimiento democrático. A lo largo de la historia han ocurrido estos hechos en diversos países, pero, sobre todo, hemos sido testigos de golpes de Estado en América Latina que han conducido a períodos de control militar, persecución política, desmantelamiento de la democracia, eliminación de libertades civiles, censura a la libertad de expresión y mordaza a la prensa, desapariciones de personas opositoras o consideradas ideológicamente contrarias, emigración en busca de asilo político que afecta, principalmente, a los grupos pensantes, retrocesos en la educación y problemas de orden económico que perturba a toda la población.

Recordemos algunos casos: Brasil 1964, los militares derrocaron al presidente Joao Goulart imponiendo una dictadura que duró hasta 1985, durante esta etapa intelectuales y pensadores emigraron hacia Chile o Argentina, como fue el caso del educador Paulo Freire. Entre 1930 y 1976, Argentina sufrió seis golpes de estado, siendo el más brutal el de 1976 encabezado por la junta militar integrada por Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti quienes derrocaron a la presidenta Isabel Martínez de Perón. En 1973 sucedió uno de los golpes de Estado militar más traumáticos y nefastos de la historia latinoamericana, el derrocamiento y asesinato del presidente Salvador Allende que dio paso a la dictadura militar que estuvo bajo el férreo control de Augusto Pinochet durante 17 años, hasta el retorno de la democracia el 11 de marzo de 1990 con el presidente electo Patricio Aylwin. Ecuador, como Argentina, ha sufrido varios golpes de Estado, cinco entre 1925 y 2005, con otro intento fallido en 2010, estos fueron protagonizados por militares y civiles caudillos regionales en descarada alianza con el fin de suprimir las libertades democráticas e imponer gobiernos autoritarios. Perú tiene una larga lista de golpes de Estado desde el siglo XIX, pero solo en el pasado siglo se dieron tres entre 1914 y 1930, así como un autogolpe de Estado en 1992 cuando Alberto Fujimori disolvió el Congreso y el Poder Judicial, y un intento fallido en 2022. En nuestro vecino y hermano país de Guatemala ocurrieron cuatro golpes de Estado: 1954, 1963, 1982 y 1983, y un autogolpe fallido en 1993.

Y así la historia latinoamericana, Panamá, Colombia, Venezuela, Uruguay, Salvador, Nicaragua, no se quedan atrás como víctimas de estos hechos que han originado retroceso en la vida democrática total. México también vivió esa amarga experiencia con el golpe de Estado de Victoriano Huerta y el asesinato de Francisco I. Madero en 1913, reacción en contra que dio origen a la Revolución Mexicana que construyó, no sin altibajos, contradicciones y tensiones, una vida democrática que hoy está en peligro de desaparecer. Pero, así como existe el Golpe de Estado militar-político para derrocar a un gobierno e imponer una dictadura, también existe, aunque en forma más soterrada, los golpes técnicos o institucionales que buscan el control, ad infinitum, de la institución o dependencia de gobierno. Golpes que se dan aprovechando coyunturas que facilitan tejer redes internas de interés a partir de la corrupción solapada, el engaño de promesas, la permisibilidad del nepotismo y la amenaza abierta o velada de sanciones si no se acata y aplaude. Un golpe técnico institucional de reciente suceso lo tenemos en la Universidad Veracruzana, entidad educativa autónoma cuya sucesión rectoral fue obstruida de acuerdo a lo establecido en la Ley Orgánica, Ley de Autonomía y normas que regulan las funciones y atribuciones de la Junta de Gobierno, con el fin de dar continuidad a un rectorado que ya no cumplía con uno de los requisitos establecido por la norma: tener entre 30 y 65 años, cumplidos estos últimos en el año de la convocatoria para elección de Rector, así como no dirigir agrupaciones políticas.



Bueno, al no cumplirse con este principio normativo, la Junta de Gobierno en complicidad retorcida, procedió y justificó un golpe técnico institucional bajo el engañoso argumento de una supuesta figura jurídica llamada “prórroga” y la aventurera explicación de que era para dar seguimiento a proyectos en curso, por lo que, argumentaron, no se trataba de una reelección formal. La refutación a ese argumento legaloide ha sido ampliamente expuesta por juristas y no juristas, académicos y estudiantes, exrectores y exmiembros de la Junta de Gobierno, pero, pese a ello, el golpe técnico institucional se consumó el 1 de septiembre de 2025, todo bajo el cómplice silencio de las autoridades gubernamentales que, bajo el argumento de respeto a la autonomía, consintieron tal atropello a la vida académica, democrática y de tradición libertaria de la Universidad Veracruzana. No sé cómo se tejió la trama golpista, pero la hipótesis que se deduce de lo observado en la conducta de los diversos actores que directa o indirectamente están involucrados, me recordó a Nicolás Maquiavelo cuando, en su obra El Príncipe (por cierto estudiada en sociología política), habla del principado civil cuyo ascenso al poder es, más que por virtud, por astucia afortunada en colusión con el favor de los grandes (Junta de Gobierno), más no del pueblo (académicos y estudiantes). Si bien El Príncipe lo escribió Maquiavelo en 1513, sus reflexiones sobre la conducta política humana y observaciones críticas sobre el ascenso al poder curiosamente siguen siendo leídas, aunque no siempre comprendidas, por quienes aspiran al control político. Retomo algunas de esas reflexiones que remiten a jugadas prácticas para asegurar ascenso o conservación del poder político y que están en relación con la conducta observada en escenarios públicos del ambiente interno y externo universitario.

Él señala que para llegar y retener el poder hay condiciones que deben ser creadas, como son la colonización del territorio que considera muy efectiva, pues mediante esta acción se inserta en el espacio a súbditos leales (en analogía, direcciones generales, de dependencias académicas y posiciones de confianza). En paralelo, establecer acuerdos de beneficio con quienes tienen antigüedad de linaje territorial (en este caso sindicatos y asociaciones), garantizándoles conservación de privilegios y promesa de nuevos como súbditos leales (aunque estos mismos pueden, en su momento, irse contra él por lo que la lealtad será cada vez más costosa). Claro está, es menester introducir nuevas disposiciones (prórroga, reforma a la normatividad, plan y programas) que favorezcan la situación de control, pese al descontento que se provoca en el pueblo (comunidad universitaria). Lo anterior, aderezado con tácticas de ofensa y defensa haciendo uso de mercenarios (porros en el lenguaje universitario) y auxiliares incrustados en el poder con el fin de provocar temor mediante amenazas, sanciones y represión, acallando las voces de oposición (más, sin embargo, estos mercenarios pronto se convierten en la más profunda contradicción y ruina del poder). Recomienda la integración de grupos que opinen a favor del estado para definirse y acallar la opinión de quienes no están de su lado (leguleyos de la academia, comentaristas comprados) y coludir tribunales a los que se pueda recurrir para inclinar la balanza a su favor (improcedencia del amparo). Bueno, estos son hechos de acciones observadas desde mi subjetividad en la relectura del Príncipe, ustedes dirán si estoy en un error, sí mi imaginación intelectual vagabundea o sí la hipótesis tiene algún sentido lógico, lo dejo a su criterio. Para cerrar esta delirante reflexión que se inició con el Golpe de Estado para llegar al Golpe Técnico Institucional, recurro a las palabras de Maquiavelo: “(...) quien da alza a otro para ser poderoso, se labra su ruina, porque aquel poder es causado por aquel o con industria o con fuerza, y tanto una como otra se hacen sospechosas a quien llega a ser poderoso”. El agua llegará al cuello de quienes, con industria (expresión de ingenio) y fuerza, permitieron la “continuidad de un desorden”. Observar la conducta del Príncipe y sus allegados para señalar los males acarreados, es estrategia adecuada para juzgar “más a través de los ojos, porque todos ven”.