El problema que atrajo nuestra atención desde hace varios años fue transformar el proceso penal en proceso restaurativo. La cuestión que se planteó y que se plantea de nueva cuenta es ¿Cómo formar conciencia entre los mexicanos de que el proceso penal necesita avanzar en el sentido de los Derechos Humanos?
La idea principal se expresó en los siguientes términos: El estado actual de la incorporación de los juicios orales al sistema jurídico mexicano es el de una yuxtaposición del proceso penal moderno y una sociedad perversa. Dicha aseveración surgió en la conferencia dictada por el autor de este artículo dentro de la Casa de la Cultura Jurídica “Ministro Mario Guillermo Rebolledo Fernández” de la Suprema Corte de justicia de la Nación, Xalapa, Veracruz, México, el 3 de julio de 2015. La idea principal tiene la ventaja de impedir la instalación en la complacencia.
La contemplación que Francesco Carnelutti hizo de
Las Miserias del Proceso Penal le permitió la narración de algo sumamente malo, pues dicho proceso es un medio para causar daño intencionalmente [2007]. Esto es, el proceso penal de por sí es perverso. Pero, cuando el adjetivo se aplica a una sociedad completa, entonces el calificativo “perverso” tiene un sentido fuerte y diferente, ya que alude a una sociedad que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas.
Al contemplar
Las Miserias del Proceso Penal, Carnelutti se planteó un problema cognitivo y, a partir de su representación, él describe un proceso penal miserable. Pero, dada la cercanía entre conocimiento y acción, en el trasfondo de su contemplación es posible percibir un problema pragmático, es decir, la deficiencia de una situación real por relación con una situación posible y con un cierto nivel de subsistencia. De cara a las miserias del proceso penal, una posibilidad de acción es la conformación o ajuste a esa situación real. Pero, existe otra posibilidad, la transformación de esa situación real con la finalidad de que se aproxime a otra situación posible.
En México, el haber puesto el proceso penal moderno junto a una sociedad perversa ocasionó que todo el impulso esté encaminado al ajuste o conformidad con la situación real. Es sencillamente impresionante el esfuerzo que en este país se hizo y se hace porque todos se adapten al proceso penal acusatorio, en donde prevalece el principio
in dubio pro reo (en caso de duda todo a favor del reo), y en donde, a futuro, la única situación posible es el
proceso debido.
En la primera ocasión que se expuso el tema, se sondeó la segunda posibilidad: la transformación del proceso penal moderno y no la conformación con el mismo, a partir de la concientización de los Derechos Humanos.
El asunto es complicado. Por esto, se expresaron solamente tres objetivos específicos: Uno. - Señalar la evolución de la Dogmática Penal hacia la Victimología, según una profecía de Antonio Beristaín Ipiña S.J. Dos. - Explicar que el despertar de la conciencia de los Derechos Humanos acaece en México, según una tesis de Mauricio Beuchot O.P. Tres. - Descubrir una hipótesis de trabajo sobre el modo de formar conciencia entre los mexicanos de que el proceso penal moderno necesita avanzar en el sentido de los Derechos Humanos.
En los dos últimos libros de su vida, Antonio Beristain Ipiña S.J. observa las cosas como un hombre que vivió en el centro de su actualidad. Él sabía lo que pasaba, mejor aún, él sabía que
todo pasaba (
Panta rei = todo cambia). Beristain fue un centinela bien enraizado en la historia de su pueblo y solidario en las experiencias realizadas por el pueblo español y, particularmente, por el país vasco. Por esto, en su libro
Protagonismo de las víctimas de hoy y mañana (evolución en el campo jurídico penal, prisional y ético) [2004] se sujeta a los hechos y su obra lleva la impronta de una investigación científica, victimológica.
Que Beristain sienta, piense y escriba en un plano fenomenológico hace que, por una parte, sea fiel a los lineamientos de su orden religiosa, y, por otra, que sus palabras deban interpretarse como una predicción científica:
“Aparentemente comentaré esto: la evolución que mejora la Dogmática penal; pero, realmente no pretendo
mejorar la Dogmática penal, pretendo
transformarla (en clave metaracional). Espero lograr algo
distinto que la Dogmática penal. Procuro que entre todos, legisladores, juristas, sociólogos, filósofos, Universidad, teólogos de religión exotérica (no esotérica)... pensemos, sintamos y creemos una Dogmática
nueva, centrada en las víctimas, macrovíctimas, protagonistas axiológicas. Una Dogmática
victimal que dista de la actual como el oriente dista del occidente”. [2010].
Las palabras clave del párrafo trascrito son pensar, sentir, crear. De cara a la realidad, en el caso (frente a las víctimas de una política criminal), sentir es lo primero, ya que el sentir nos ubica en el tiempo presente. Lo segundo es pensar porque hace posible ver con anticipación las cosas (pre-ver), proyectarlas; y, si se quiere profundizar en el asunto, pre-decirlas, pues también está buscando el sentido, la dirección de la
transformación penal. Si solamente se consigue la conformidad, entonces se avanza, pero
en sentido contrario.
Beristain en su último libro, publicado después de su muerte,
La dignidad de la macrovíctimas transforma la justicia y la convivencia (in tenebris lux), habla no en virtud de su propia autoridad, sino en nombre de las víctimas ─en nombre de todos aquellos que sufren por cualquier causa─ pero no se trata de un acelerado que se exprese por adelantado cuanto de alguien que habla delante de una comunidad, que en el caso se trata de la comunidad del país Vasco y no actúa llevado por su propia iniciativa sino como respuesta a las víctimas del terrorismo de ETA:
El jesuita explica que: “Este axioma tradicional
in dubio pro reo figura entre las grandes conquistas pretéritas de los juristas en general y de los penalistas en particular: Propugna una cosmovisión de calidad humana superior a la de culturas anteriores. De él ha brotado y derivado, por ejemplo, el axioma de la opción preferencial en favor de los débiles, que tanto proclaman los autores de la Carta de la Tierra, reconocidos juristas y teólogos de la liberación.”
Después de tantos siglos de vigencia (como todo evoluciona, todo fluye, en formulación de Heráclito), este principio
progresa, de manera que se presiente algo nuevo... “el despliegue de lo otro”. Este futuro “lo otro” es, según los victimólogos, el axioma
in dubio pro víctima (ante la duda, a favor de la víctima). Lo pide, con serios argumentos, la moderna Victimología [2011].
En efecto, Antonio Beristain pensó y habló del porvenir. Supo ver más allá del horizonte estrecho del territorio del país vasco y de la época que le tocó vivir (por ejemplo, en alguna entrevista confiesa su amistad con México y Argentina). Él, puede decirse, fue un profeta de un
mundo-otro. Pero, a pesar de vivir en un presente sombrío, agradecido con todo lo pasado, jamás renunció a anunciar un futuro mejor.
Más aún, el jesuita español no habla de las cosas futuras como algo que vaya a suceder necesariamente, no predice el futuro, lo observa como algo por hacer, por crear: una tarea que es de factura humana.
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