El vocero diocesano, Helkyn Enríquez Báez, indicó que, aunque los discursos y las narrativas digan que se reconoce la igual dignidad del hombre y la mujer, mientras exista la violencia contra las mujeres y la impunidad frente a quienes ejercen esta violencia, todavía hay mucho por hacer.
Destacó que en su encíclica "Magnifica Humanitad" el Papa León XIV, apunta que para reivindicar la dignidad de todo ser humano, las acciones que se emprenden en la sociedad, en el gobierno y en la iglesia deben estar encaminadas al reconocimiento de la dignidad intrínseca de todo ser humano.
En este caso el de las mujeres, para proteger su dignidad, su integridad y sus derechos.
Añadió que en ese documento se acotó que junto a una mayor conciencia del valor de toda persona humana y de sus derechos, ha crecido también el reconocimiento de los derechos de las minorías.
Sin embargo, todavía hay mucho camino por recorrer para que los derechos de una gran parte, por ejemplo, los de las mujeres, estén realmente garantizados en todo el mundo.
Además que es una realidad que doblemente pobres son las féminas que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos.
Por lo tanto, no es suficiente afirmar con palabras que hombres y mujeres tienen la misma dignidad y los mismos derechos; es necesario que esto se traduzca en decisiones concretas, en las leyes, en el acceso al trabajo, a la instrucción, a las responsabilidades sociales y políticas, en el modo en el que la sociedad escuche y valore el aporte de las mujeres.
Además la encíclica enfatiza que mientras exista esta disparidad, no podremos decir que la sociedad reconoce realmente y en profundidad que las mujeres tienen la misma dignidad que los hombres.