A casi 55 años de haber iniciado su carrera frente a grupo y cuando la primaria “Jesús Reyes Heroles” está por cumplir 4 décadas de existencia, la directora fundadora del plantel, Dolores Rita Flores Narváez, asegura que uno de los mayores problemas que enfrenta actualmente la educación es que los docentes han perdido libertad para trabajar ante los constantes cambios educativos y la presión social de algunos padres de familia.
En el marco del Día del Maestro, la profesora xalapeña habló de la vocación, el desgaste emocional del magisterio, la transformación de las familias y la manera en que ha cambiado la relación entre escuela, alumnos y padres durante más de 5 décadas dedicadas a la enseñanza.
“Los maestros en la actualidad hay muchos que tienen vocación, pero con la situación que estamos viviendo en estos momentos, con estas políticas, con estos cambios tan drásticos en los planes de trabajo y con la Nueva Escuela Mexicana, están perdiendo la vocación y ya van deseando que se terminen las clases”, expresó.
La maestra Rita, como la conocen generaciones enteras de alumnos, inició su carrera el 1° de octubre de 1971 tras egresar de la Benemérita Escuela Normal Veracruzana “Enrique C. Rébsamen”. Formó parte de la primera generación de maestros federales enviados fuera de Veracruz para cubrir necesidades educativas en otras regiones del País.
Con apenas 20 años de edad fue enviada a la comunidad rural de Uringuitiro, Michoacán, donde enfrentó caminos de sierra, largas jornadas y grupos multigrado. Ahí comenzó una historia que hoy suma 54 años de servicio educativo.
“Muchos renunciaron porque era muy difícil, pero yo tenía que ayudar a mi mamá y a mis hermanos, así que me tuve que aguantar”, recordó.
Después regresó a Veracruz, trabajó en comunidades de Perote y Las Vigas, donde uno de sus alumnos llegó a representar al estado en la Olimpiada del Conocimiento. Años más tarde, en 1986, llegaría a Xalapa para fundar la primaria “Jesús Reyes Heroles” en la periferia de la ciudad.
La escuela comenzó literalmente en una galera improvisada por colonos, con láminas de cartón, pilotes y mesabancos viejos. “Entramos con 100 niños de primero a sexto. Nadie quería sacar a sus hijos de escuelas ya consolidadas para traerlos a una galera sin garantías”, recordó.
Con el paso de los años, la institución logró consolidarse hasta contar actualmente con 13 grupos, áreas deportivas, biblioteca, jardines y espacios educativos que atienden a decenas de familias de la zona.
La educadora destacó que actualmente la escuela ya recibe a hijos, nietos y bisnietos de sus primeros alumnos. “Los padres de familia de ahorita fueron nuestros alumnos. Ya estamos recibiendo nietos y bisnietos de aquellas generaciones”, comentó. Sin embargo, considera que la relación entre docentes y padres cambió radicalmente.
“Algunos padres de familia no dejan trabajar con libertad al maestro. A veces no sabemos si alejarlos o permitirles entrar más a la escuela, porque también quieren imponer muchas cosas”, señaló.
Incluso relató que actualmente cuando hay suspensión oficial de 2 días en una misma semana, muchos padres deciden no enviar a sus hijos a clases toda la semana, pese a que los docentes preparan materiales, actividades y planeaciones completas. “El maestro trae preparados sus materiales, sus clases, sus planeaciones y simplemente los niños no llegan. Y el maestro no puede decir mucho porque los papás se molestan”, lamentó.
Pese al desgaste, Dolores Rita Flores Narváez continúa dando clases porque asegura que estar cerca de los niños sigue siendo lo que da sentido a su vida. “Lo que me hace feliz es convivir con ellos, ayudarlos y trabajar en su proyecto de vida. Los niños llenan mi espacio”, expresó.
A lo largo de más de 5 décadas ha visto pasar generaciones completas. Algunos de sus exalumnos hoy son profesionistas, ingenieros, trabajadores universitarios e incluso ya están jubilados. “Hay jóvenes que se acercan, me abrazan y me agradecen. Siempre fueron el alma de esta escuela”, dijo emocionada.
La Directora afirmó que, pese a los cambios educativos, las nuevas políticas y el desgaste acumulado, sigue creyendo que el objetivo principal de cualquier escuela debe ser uno sólo: que los niños sean felices. “Si el niño no es feliz, entonces no estamos logrando los objetivos correctos”, concluyó.