A Jesús Rodríguez Hernández le bastan unos minutos para transformar un crucero de Coatzacoalcos en un pequeño escenario. Instala un cable de acero, revisa los anclajes y, mientras el semáforo mantiene detenidos a los automovilistas, sube para caminar sobre él y ganarse la atención de quienes esperan entre el tráfico.
Tiene 25 años, es originario de Puebla y desde hace seis practica el funambulismo, disciplina circense basada en mantener el equilibrio y realizar movimientos sobre un cable suspendido. Su habilidad le ha permitido viajar, conocer distintas ciudades y obtener ingresos con presentaciones callejeras.
Su acto no se limita a caminar de un extremo a otro. En algunas ocasiones incorpora hula-hula y malabares sencillos para aprovechar los pocos segundos que dura la luz roja. Antes de cada presentación analiza el espacio, determina la altura y tensión necesarias y coloca los anclajes que él mismo fabrica.
La presencia del joven en las avenidas porteñas ha despertado curiosidad, principalmente entre los niños, quienes desde los vehículos siguen sus movimientos sobre el cable. Para Jesús, esas reacciones forman parte importante de lo que busca transmitir con su trabajo.
“Los niños dicen ‘mira mamá, mira lo que está haciendo’. Entonces también a veces no es tanto el dinero, sino la emoción de poderle transmitir algo a la gente y para mí eso es el arte, transmitirles”, relató.
Al terminar cada intervención, Jesús baja del cable y aprovecha los segundos restantes para acercarse a los conductores. Algunas personas le entregan monedas, mientras otras reconocen su trabajo con aplausos, palabras de ánimo, agua o incluso alimentos.
El espectáculo también ha sorprendido a quienes pasan diariamente por las calles de Coatzacoalcos. Arturo Mingo, taxista de la ciudad, aseguró que pese a sus años detrás del volante nunca había encontrado una presentación similar en un crucero. “Es diferente y se está ganando la vida honestamente”, expresó.
Entre el ruido de los motores, el calor y los cambios del semáforo, Jesús encontró en Coatzacoalcos un escenario distinto para mostrar una disciplina poco común en las calles. Cada luz roja representa unos segundos para subir al cable, desafiar el equilibrio y llevar un fragmento del circo a quienes coinciden con él en el camino.