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Cultura Viva
Universidad Anahuac

Sección: Estado de Veracruz

La “Borrega” Fernández, el crack xalapeño que prefirió a su familia que el futbol

- De joven, mostraba gran talento en el futbol llanero: driblador, caracolero, con zurda inigualable

- Hasta consideró irse a a jugar con los Pumas; hoy a sus 58 años no se arrepiente de sus elecciones

Julin Rodrguez Xalapa, Ver. 17/04/2022

alcalorpolitico.com


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“Pinche chamaco, ojalá que para la otra juegues mejor porque por tu culpa ya nos sacaron”, le dijo Luis Fernández a su hermano Julio César mientras le jalaba la patilla, luego de que fueran eliminados de una de sus acostumbradas retadoras celebras en el frente de la iglesia San Bruno.

Ese pasaje quedó grabado en la mente del entonces chiquillo, al que por su cabello rizado fue bautizado en su barrio como “L aBorrega”, apodo con el cual es conocido comúnmente en esta ciudad.

Su fama empezó a crecer desde muy chamaco. A sus 10 años daba muestras de un talento poco visto y conocido en la ciudad. Tenía una zurda bien educada y un quiebre mortal que daba miedo, ya que sus oponentes terminaban regularmente en el suelo.



“Sí, me era fácil quitarme de encima a los defensas y hasta el portero”, dijo en una breve charla.

Su gran nivel en el terreno amateur, el llamado llanero, era elocuente. Desde niño daba muestras de su calidad, cuando jugaba con el equipo Casa Blanca, escuadra que le abrió las puertas en su niñez.



Tenía un estilo vistoso, colorido, destellante, el que le llenaba el ojo a cualquiera, incluso muchos preguntaban cuándo jugaba su equipo porque querían verlo, deleitarse con las jugadas del chico que pintaba para algo grande, quizá hasta llegar a la Primera División.

Pero su destino no estaba en el máximo circuito, lo sabe y no se arrepiente. Prefirió obedecer a su papá don Luis Fernández, hombre fuerte, decidido y acostumbrado a que le obedecieran.

“Mi papá no me dejó seguir adelante, de hecho, estuve fichado en 1983 con el Xalapa FC en la Tercera División, pero nunca fui a jugar. (…) Se siente algo feo, pero prefería a mi familia y gracias a Dios siempre hemos sido muy allegados por lo que no me arrepiento”, dijo.



Los Pumas de la UNAM hubiera sido su destino.

“Mi hermano quería que me fuera a estudiar a México, precisamente a la UNAM para que jugara en Pumas, pero al final no se pudo”.

Su estancia en esta ciudad lo llevó a jugar con grandes escuadras del momento como Tupamaros, Rodher, Reforma, Loma Alta y Dukla San Bruno, siendo este último el de sus amores, al que ha defendido siempre con un cariño especial.



Era un crack en toda la extensión de la palabra. Driblador, caracolero y con un toque de zurda excepcional e inigualable, de hecho, los porteros rivales le temían porque cada ejecución que hacía era un gol seguro. “Metí muchos goles de tiro libre, digamos que el 50 por ciento de esos disparos terminaban en la red”, recordó.

Zurdo por naturaleza nunca se dio la oportunidad de probar fortuna con la diestra. “No, la verdad no la usaba, mis hermanos me ponían a chutar con la derecha, pero sinceramente sólo me servía para subirme al camión”, comentó mientras sonreía.

Reconoce que le faltó ser disciplinado a la hora de entrenar, de hecho, no lo hacía, aunque se pasaba horas y horas pateando el balón frente a su casa, en el hoy extinto campo San Bruno.



Admirador de Pelé y del “Cabo” Cabinho, el ya famoso “Borrega” Fernández continúa pateando la pelota, no con la misma intensidad ni habilidad conocidas de antaño, pero sí con las mismas ganas y el mismo corazón que tenia de niño. “Estoy contento que todavía ando pegándole a la pelota, no como antes por el sobrepeso y porque las piernas ya no dan para tanto esfuerzo, pero gracias a Dios aún lo hacemos, ya ves que muchos conocidos se han marchado”.

Agrega: “algunas personas dicen que andamos dando lástima, pero yo estoy contento de poder entra al campo, de realizar una jugada y oír que la gente dice sorprendida ´¡ah jijos! todavía a su edad anda haciendo una jugada vistosa´”.

Hoy a sus 58 años, la “Borrega” Julio César Fernández Morales se da el tiempo, el espacio y la vida para seguir jugando. Está claro que no con las mismas libertades de tiempo atrás por su peso, pero su corazón, su alma y su espíritu no conoce de límites y mientras Dios se lo permita seguirá atado a un deporte que lo dio a conocer como uno de los grandes en la capital veracruzana, un tipo con un talento que pocas veces se pudo ver.